Revista Casa Mediterráneo

Dra. Clotilde Vázquez: «La dieta mediterránea es la que más beneficios ha demostrado sobre la salud y la prevención de enfermedades»

en febrero 17, 2020

El progresivo abandono de la dieta mediterránea unido a hábitos de vida poco saludables como el sedentarismo tienen sus consecuencias más visibles en el sobrepeso y, de forma sigilosa pero no menos grave, constituyen el origen de enfermedades que amenazan la salud. La doctora alicantina Clotilde Vázquez es una prestigiosa nutricionista y endocrinóloga que dirige la Unidad de Nutrición, Obesidad y Metabolismo de la Fundación Jiménez Díaz, cuyas principales líneas de trabajo se centran en la diabetes, el sobrepeso, la obesidad, los lípidos, la nutrición y la endocrinología en general. Todos ellos, aspectos fundamentales para vivir más y mejor.

Sus amplios conocimientos en la materia, además de ponerlos en práctica en su consulta, los transmite a los futuros médicos como profesora asociada en la Universidad Autónoma de Madrid, directora del Master ‘Obesidad y sus comorbilidades: prevención, diagnóstico y tratamiento integral’, directora de tesis doctorales, así como ponente en congresos nacionales e internacionales, cursos y ponencias. Esa voluntad divulgativa le lleva también a ser un rostro habitual en los medios de comunicación, donde asiduamente participa en radio, televisión y prensa escrita transmitiendo de forma rigurosa y atractiva sus conocimientos y experiencia.

Uno de los campos de actuación de la Dra. Vázquez es cómo los cambios hormonales y metabólicos de la menopausia afectan a la salud de la mujer, acarreándole problemas endocrinos, nutricionales, osteoarticulares, cardiovasculares y alteraciones psicológicas. Para arrojar luz sobre esta etapa de la vida, Clotilde Vázquez acaba de publicar el libro ‘Klimaterio. Historias de mujeres y hormonas’ (Letrame, 2019), un manual asequible y ameno con el que las mujeres que se enfrentan a la menopausia podrán sentirse identificadas, obtendrán información útil y dispondrán de herramientas para abordarla de la mejor manera posible.

La doctora pasó el pasado 5 de febrero por el ciclo ‘Mujeres y el Mediterráneo’ para hablar en un encuentro moderado por la periodista Sonia Marco de éste y otros temas en los que la nutrición desempeña un papel clave para gozar de una vida más longeva y de mayor calidad.

Actualmente en España se está produciendo un aumento del consumo de la comida basura y procesada en detrimento de la dieta mediterránea, siendo un país donde los productos frescos están al alcance de la mano y además a precios asequibles. ¿Qué se puede hacer para contrarrestar esta tendencia?

Hay que hacer muchas cosas a muchos niveles. Tiene que ser una acción transversal muy profunda, porque se da la paradoja de que todos hablamos de dieta mediterránea, está muy de moda, pero en la práctica no se sigue. Hay una falta de concienciación de la verdadera importancia de la dieta mediterránea, no porque sea nuestra seña de identidad, sino porque la ciencia de todo el mundo ha puesto la mirada en este patrón porque es el que más asegura la salud, el que más alarga la vida… Y son tan contundentes las pruebas científicas que si de verdad lo creyéramos no haríamos más que seguirla.

Pero es que encima hay una equivocación, yo creo, por parte de todos. Asociamos la dieta mediterránea a la olla burbujeante durante tres horas para hacer un buen cocido. Obviamente, ésas eran las prácticas antiguas, lo podemos recuperar en días especiales, en fines de semana, pero hay una dieta mediterránea muy práctica, que es el plato único, que se puede ir cocinando mientras cenamos en casa, sea cual se nuestra estructura de convivencia. El plato único es el que mejor puede sintetizar lo que es la dieta mediterránea, al tener proteínas, hidratos de carbono, hortalizas, en sus miles de modalidades, arroces, legumbres, fideuás, marmitacos…, que luego se complementa con una fruta.

La gastronomía española está plagada de ejemplos de platos nutricionalmente perfectos que se pueden cocinar por la noche, e incluso están más ricos al día siguiente o a los dos días, sin tener que comprarnos el plato preparado. Creo que hay esa idea de que dieta mediterránea equivale a tener que comprar al día, preparar las cosas con mucho tiempo… pero no, se puede hacer muy rápido. Existen ollas rápidas, utensilios de cocina, y sobre todo, la facilidad de preparar porciones y tan solo tener que calentarlas.

Tanto desde las instancias educativas, sanitarias, la hostelería… es preciso transmitir que hay una cocina simple mediterránea, que es muy fácil de seguir y muy cómoda. Le estaremos haciendo mucho bien a nuestra propia salud y también al mundo, porque estaremos evitando comprar alimentos procesados y contribuyendo a que la tienda de proximidad nos suministre esos ingredientes que utilizaremos y nos valdrán para dos o tres días.

De este modo, estaremos mejorando en muchos aspectos la salud propia, la sostenibilidad y la cultura, porque si nuestros hijos ven que nos alimentamos de forma saludable eso queda para siempre; mientras que si lo olvidamos, estaremos tirando por la basura un patrimonio que, insisto, todo el mundo científico está mirando como el paradigma de una dieta que más beneficios ha demostrado sobre la salud y la prevención de enfermedades.

¿Qué tipo de enfermedades puede prevenir una dieta saludable? 

Estamos hablando de enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión, alzheimer… De modo, que una correcta alimentación en conjunto alarga la vida, disminuye la mortalidad por todas esas causas.

Hay una tendencia en la sociedad a asociar nutrición a sobrepeso, pero más allá de una cuestión estética, se halla el cuidado de la salud.

Dra. Clotilde Vázquez

Cuando hablamos de nutrición, enseguida salta el chip de la obesidad, porque ésta es un problema importante en nuestra sociedad. Pero uno come bien no para estar delgado, ni para almacenar grasa, que también, sino para estar bien nutrido. Todos los días utilizamos parte de nuestras estructuras, que tienen que reponerse. Si no empleamos buenos elementos, nuestro cuerpo estará más envejecido, más proclive a tener mutaciones… Los alimentos de la dieta mediterránea son antioxidantes, aportan buenas proteínas, elementos fundamentales para que esa reposición de tejidos y ese funcionamiento metabólico sean los adecuados para prevenir enfermedades.

Uno de los elementos de la dieta mediterránea más simbólicos y emblemáticos es el aceite de oliva. Ese tipo de ácido graso tiene muchísima importancia porque pasa al organismo y va a formar parte de la membrana celular, que es lipoproteica y según sea la grasa de esa membrana, los receptores para montones de funciones celulares importantísimas funcionan mejor o peor. Todo tiene una traducción al final en la vida celular.

Y luego hay otro aspecto súper interesante que ha supuesto el gran boom científico de los últimos diez años, aunque aún nos queda mucho por conocer, que es la microbiota. Se trata de toda esa población inmensa de microbios que tenemos; de hecho, el 99% de nuestros genes son genes de microbios. La mejor alimentación para una microbiota sana es la dieta mediterránea, por la fibra, el tipo de grasa, hidratos de carbono de absorción lenta… Tener los mejores huéspedes en nuestro organismo para contribuir a nuestra salud empieza a ser un elemento de primer orden de interés. Se ha demostrado que una flora intestinal inadecuada, donde los organismos más beneficiosos han desaparecido por acción de antibióticos o alimentos procesados que llevan mucha química, al final es causante de enfermedades.

Por tanto, nos alimentamos nosotros y alimentamos a esa inmensa parte de nuestro organismo que actúa sinérgicamente con nosotros. Además, simbólicamente me parece muy bonito porque es como si tuviéramos nuestro ecosistema, el planeta, en nuestro interior. Al igual que tenemos que cuidar el Medio Ambiente, tenemos que cuidar esa selva que puebla todas nuestras cavidades, que nos beneficia o nos perjudica.

Y estos hábitos habría que adoptarlos cuanto antes, supongo. Me estoy refiriendo a la obesidad a edades tempranas, un grave problema en nuestro país donde, según los últimos estudios, afecta al 40% de la población infantil.

Sí, es una barbaridad. Es fundamental lo que se ve en casa y, por supuesto, la importancia que también se le dé en la escuela, y ahí tienen que colaborar todos. Con frecuencia me cuenta gente concienciada que tiene centros escolares lo difícil que resulta. Los niños no se comen la comida, entonces los padres protestan y al final tiran la toalla y acaban poniéndoles alimentos no muy saludables. Pero ahí es donde no se tiene que negociar, los padres, los cuidadores, los responsables de la gente que está en desarrollo tiene que darle lo mejor y sin negociaciones. Hay que hacerlo sin ningún complejo.

Los padres se sienten culpables porque trabajan mucho y están poco en casa, pero es igual, hace 50 años también los padres trabajaban mucho y las cosas importantes las mandaban, ponían los límites. Nosotros deberíamos hacer igual, porque en caso contrario les ocasionaremos mucho perjuicio. Es verdura o verdura, ya sea con tomate o rehogada, pero sin alternativa. Al igual que lo es cepillarse los dientes y otras muchas cosas que les imponemos como algo muy importante para su salud. Realmente, todo eso trae muchos beneficios porque adquieren el hábito y además luego lo transmitirán. Si nos preocupamos por que nuestros hijos tengan una buena carrera, dejarles un pequeño patrimonio para su futuro… el mejor patrimonio es la salud.

Otro tema importante, pero poco conocido en la sociedad, son los cambios hormonales y metabólicos que experimenta la mujer cuando llega a la etapa de la menopausia, que inciden de forma significativa en su salud. ¿De qué manera una mujer cuando se va acercando a esa etapa puede prevenir sus síntomas y tratarlos?

La Dra. Clotilde Vázquez – © María Gilabert – Revista Casa Mediterráneo

Por eso he escrito este libro, ‘Klimaterio’, que es el producto de mi experiencia como endocrinólogo, de ver cómo esa etapa de la vida, que es una etapa hormonal, no es bien comprendida porque quizás no haya tenido la acogida adecuada. Siempre se ha tratado desde el mundo de la ginecología, y realmente es una glándula endocrina que cuando empieza a no funcionar -a veces paulatinamente, pero la mayor parte de las veces, de hoy para mañana, de una manera muy brusca- puede haber incluso un descenso tremendo de síntesis de esas hormonas, que son los estrógenos, por parte del ovario. E incluso teniendo todavía reglas.

Entonces, la mujer empieza a experimentar síntomas que son muy variados, pero los más frecuentes suelen ser: los sofocos, pero incluso más graves que ellos, los cambios emocionales, la depresión, esa sensación de «qué me está pasando», «no puedo dormir», «no me aguanto ni yo», «estoy irritable»… Eso puede significar que ya estamos empezando a no tener esa secreción hormonal, que hay que cuantificar y posiblemente tratarla y compensarla para que esa fase no sea tan brusca. Porque además, la pérdida de estrógenos afecta directamente a los vasos sanguíneos, las arterias, de modo que es el momento en el que empiezan a aparecer las placas de arterioesclerosis y por eso a partir de los 50 años la primera causa de muerte de la mujer es el infarto, no el cáncer de mama. Eso de debe al déficit de estrógenos, entre otras causas. Por eso se gana peso, porque los estrógenos son termogenéticos, no es que ya lo hagamos todo mal. Es un cúmulo de cambios… todos producidos por el déficit de estrógenos.

Por eso creo que es muy importante diagnosticarlo como cualquier endocrino abordamos una glándula, el tiroides, o el páncreas en el caso de la diabetes. Tratarlo de esa manera y ayudar a que ese paso en la vida no sea tan duro y además prevenir las enfermedades coronarias que he citado, las fracturas -porque a partir del momento de no tener estrógenos el hueso empieza a descalcificarse a una velocidad muy grande-, la cognición -muchas mujeres pierden memoria-, la sequedad de la piel, la pérdida de la libido que también es importante para la convivencia y la calidad de vida.

Para no alarmarse ante semejantes efectos y tomar las medidas oportunas, estar bien informado parece fundamental.

Exacto. ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Tiene explicación? ¿Se puede medir? ¿Lo cuantifico? ¿Lo pongo en contexto? ¿Un profesional me puede ayudar? Y qué conviene hacer teniendo en cuenta todos los factores personales. En el libro yo cuento historias de mujeres que han pasado por ese trance, cada una de ellas con sus connotaciones. Unas son muy jóvenes, otras no tanto; unas tienen diabetes, otras fracturas… Fácilmente muchas mujeres se pueden sentir identificadas y comprender. Luego hago una interpretación científica, en términos divulgativos, para que se entienda un poco a qué se deben las cosas, si hay alguna solución por qué se da y en base a qué, cuáles son los trabajos y los estudios que han probado la eficacia de un tratamiento u otro.

Por último, me gustaría que detallara dos aspectos que usted resalta de su faceta profesional: el compromiso con el paciente y su carácter divulgativo. 

Me considero una persona clínica, porque tuve ese tipo de formación en la Fundación Jiménez Díaz con gente realmente importante y creo que no se debe perder. Y lo que intento transmitir, y he intentado avanzar en eso toda mi vida, es en la empatía. No hay por qué ser Sor Manuela o la Madre Teresa de Calcuta con los enfermos, pero sí hay que crear un entorno de empatía en el que en ese momento lo más importante es lo que esa persona te está contando. Y cuando recibes esa información, hay que devolver una interpretación, además en términos que la persona entienda. Y si no tienes una explicación, le dices: «Mira, de momento no encuentro explicación a lo que me cuentas, pero seguiremos investigando».

El tratamiento y el diagnóstico se parecen mucho al trabajo de un detective, que tiene que observar, escuchar y tratar de que todas las piezas encajen. Para eso hay que crear un clima de confianza, si no, no se puede diagnosticar. No es una cuestión de filantropía ni de buenomía, sino profesional. Y eso a su vez trae muchas satisfacciones, porque cuando la otra persona se siente escuchada te devuelve mucho. Trabajar así es muchísimo más enriquecedor para todos.

Y como creo que tengo cierta facilidad para transmitir los conocimientos, he colaborado muchísimo a nivel de docencia reglada y no reglada, y también con medios de comunicación. Desde muy joven me han buscado y a mí me ha gustado hacerlo, porque considero que es muy beneficioso poder explicar el por qué de las cosas, los tratamientos… divulgar la ciencia, en definitiva. Hoy en día, gracias a Dios, está muy de moda y hay muchos buenos divulgadores. Antes parecía que si te dedicabas a divulgar era porque no tenías suficiente altura científica y es justo todo lo contrario. Los grandes científicos siempre han sido muy sencillos a la hora de explicar aquello que es más complejo. Y aparte creo que hay que tener cierta cualidad para saber transmitir la información, que sea comprensible para la gente, y cultivarla.

La divulgación científica también es importante en la actualidad para contrarrestar la desinformación que prolifera en Internet por parte de personas no cualificadas…

Ahora además con las redes sociales es tremendo lo que puede llegar a leer una persona sin ningún tipo de respaldo. Por eso hay que hacer muchísimo hincapié en que vayan a fuentes fiables. Se nota mucho cuando hay veracidad o no la hay. La veracidad nace del conocimiento y por supuesto, de la humildad de la ciencia, que sabe que una verdad de hoy es una verdad siempre provisional, que mañana quizás un descubrimiento posterior nos haga matizarla.

Más información, en la web clotildevazquez.com

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