Revista Casa Mediterráneo

General Gennaro Scala: «La Inteligencia Económica necesita contar con un sistema país»

en marzo 2, 2020

En un mundo globalizado y en continuo cambio como el actual, la Inteligencia Económica está siendo considerada por un número creciente de países como un instrumento estratégico para la toma de decisiones a la hora de descubrir nuevos mercados y anticiparse a las incertidumbres de la economía. En este contexto, Casa Mediterráneo celebró el pasado 27 de febrero un panel dedicado a la ‘Inteligencia Económica para el Mediterráneo’ enmarcado en el ciclo ‘Geoestrategia del Mediterráneo’, que dirige el General Demetrio Muñoz.

Entre los ponentes de la jornada, coordinada por el profesor de la Universidad de Alicante José Jesús Sanmartín, se encontraba el General Gennaro Scala, en las filas de los Carabinieri de Italia durante más de 35 años, con amplia experiencia en la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y la mafia “Cosa Nostra”. Experto antidrogas en América Latina, fue director de Seguridad del Grupo ENI para las Américas y está acreditado internacionalmente como asesor senior de seguridad y experto en temas latinoamericanos. En 2000, fue condecorado con la Cruz Blanca al Mérito Policial por el Ministerio del Interior del Reino de España.

El General Scala, haciendo gala de caballerosidad y amplio sentido del humor, atendió amablemente nuestras preguntas sobre el significado y la importancia de la Inteligencia Económica ante el incierto panorama de la economía mundial.

¿En qué consiste la Inteligencia Económica?

Le voy a dar una definición, aunque no es unívoca, ya que hay diferentes enfoques en función de los países. Por ejemplo, en Francia el inicio de la Inteligencia Económica moderna nace en 1992 con Chirstian Harbulot, un profesor universitario y manager de altura que creó la primera Escuela de Guerra Económica. La Inteligencia Económica ha llegado a ser una parte preponderante de la planificación general de la economía francesa desde 1994, con el famosísimo ‘Informe Martre’, cuyo artífice era un importante manager de Airbus y otras multinacionales francesas.

La Inteligencia Económica siempre ha existido, no es una novedad. Yo la remonto a Moisés. Cuando Moisés antes de permitir a su pueblo que atravesara las aguas, envió a algunos de los jefes de tribu a averiguar hasta dónde podían llegar y si allí había algo para garantizar el sustento, ésta fue una forma de Inteligencia Económica. Después, la famosa historia del emperador romano Justiniano, que envió a dos monjes a China y permitió la importación de los gusanos de seda, que erróneamente se atribuye a Marco Polo en el medievo. En realidad Marco Polo no importó los gusanos, sino el género que permitió a la República italiana de la época, Venecia, Génova, Livorno, Pisa, Amalfi, desarrollar un tejido social y económico verdaderamente importante. Ahora se multiplican por tres las nuevas rutas de la seda: la terrestre, la marítima y la aérea. Y China, en este contexto, tiene un enfoque diferente.

A lo largo de estos años hemos confundido tres definiciones: la Inteligencia Económica con el espionaje y el contraespionaje industrial. En realidad, hay una neta diferenciación, porque el espionaje y el contraespionaje son características propias de una entidad estatal que puede permitirse, si obviamente la ley lo contempla, actividades ilegales. La empresa no puede permitirse operar clandestina e ilegalmente. Aquí hay un problema profundo que se refleja en estas relaciones entre lo público y lo privado.

El ‘Informe Martre’ surge ante la necesidad de que todo un sistema funcione para garantizar el desarrollo de la economía nacional y el bienestar de la sociedad. Todo tiene que trabajarse con vistas a este fin.

La Inteligencia Económica es pues la disciplina que, a través de herramientas y acciones de investigación, adquisición, análisis, procesamiento, conservación, interpretación y comunicación de la información, es capaz de detectar los factores críticos del contexto económico competitivo global con el objetivo de descubrir oportunidades, anticipar amenazas emergentes y reducir los riesgos relacionados con la seguridad y la solidez del patrimonio nacional. Esta definición lo dice todo. Cada palabra tiene un significado intrínseco, que se puede ampliar al infinito por lo que cada término implica. Por ejemplo, «investigación, adquisición, análisis, procesamiento y conservación» encierran un siglo de inteligencia clásica, asociada a los servicios secretos. Esta información tiene que ser necesariamente evaluada, consolidada y puesta en circulación. ¿Pero cómo? Las empresas pueden utilizar sólo las fuentes abiertas y al límite -las famosas fuentes grises, que están en la frontera entre lo lícito y lo ilícito- y una vez procesada la información ponerla a disposición de, lo que yo llamo, «un sistema país».

Ponentes de la jornada sobre Inteligencia Económica celebrada en Casa Mediterráneo.

¿Cómo se pueden implementar las metodologías de los servicios de inteligencia en una estrategia económica nacional?

La Inteligencia Económica sirve para saber qué está pasando y qué puede pasar. Las amenazas a veces son claras, pero hay actividades que no son abiertas. No me refiero al espionaje, hay que hacer esta distinción. El espionaje es algo más sofisticado, que no puede hacer un banco o una agencia estatal que tiene por encima a un presidente o jefe de Gobierno. Al tomador de decisiones en la empresa privada, normalmente el CEO, el administrador o el presidente de la compañía, tiene que llegarle una información creíble, transparente, fundamentada, que le permita tomar una decisión seria en un momento y un contexto económico financiero determinado.

Cuando me refería antes a los enfoques diferentes de la Inteligencia Económica, en una país totalitario como China es inútil hablar en este tipo de términos, pero allí, donde está todo bajo control, tengo que defender la decisión de Donald Trump, pese a la poca empatía que genera, cuando declara la guerra a China con el incremento de los aranceles y sobre todo con la cuestión tecnológica de la famosa red de tecnología 5G. No es que de repente una mañana Trump se despertara y dijera: Tengo que hacer daño a Xi Jinping y a su país. No, tenía y tiene toda la razón. La tecnología 5G la necesitan todos los dispositivos, es fundamental para la Inteligencia Artificial, el Big Data… y, sobre todo, las nuevas plataformas proxy. Todo depende de la velocidad de la información que es, al mismo tiempo, el producto y el inicio de todo el ciclo de la inteligencia.

Cuando en abril de 2019 Italia firmó un memorándum de entendimiento con China a propósito del desarrollo de la tecnología 5G en nuestro país y de las nuevas rutas de la seda, ciertamente hicimos los imbéciles. Con la firma de este documento, cuyo fundamento no fue revelado, nuestros gobernantes vendieron Italia a China, porque si no conocemos el código fuente de esta tecnología, estamos intervenidos.

Sin embrago, China se ha visto con la espalda contra la pared con la imposición por parte de EE.UU. de aranceles por valor de 50.000 millones de dólares a sus productos, un 25% más de tasas arancelarias [una respuesta a las prácticas comerciales desleales de China a lo largo de los años, incluyendo el robo de propiedad intelectual, según alegó Trump]. Cuando Xi Jinping dio la orden de entregar el código fuente a los estadounidenses, éstos se dieron cuenta de que se trataba de un código falso.

Además, con el escándalo de las subvenciones ilegales de la UE a Airbus, en cuyo consorcio también están ustedes los españoles, la Organización Mundial del Comercio ha determinado que EE.UU., que habría sufrido unos perjuicios estimados en 7.500 millones de dólares, tiene derecho al aumento del 10% en los aranceles.

Pongo otro ejemplo, los franceses desde 1992 en adelante saben lo que hacen.

¿Países como Italia y España están apostando por la Inteligencia Económica?

¿Los países del sur de Europa estamos preparados para afrontar esta situación? Yo digo que no, no estamos preparados y no queremos afrontarla. Para ello, es necesario contar con un sistema país. Como viejo policía tengo la sospecha de que un sistema de esta naturaleza no puede funcionar en ciertos países. Algunas decisiones estratégicas, por el bien de la colectividad, tendrían que asumirlas juntos tanto el gobierno como la oposición.

Marruecos acaba de estructurar una blockchain para el microcrédito. No he encontrado ninguna referencia a ello en la prensa europea. Esto se va a enmarcar en la situación tecnológica de las nuevas plataformas blockchain. No lo digo yo; ya lo han dicho el número uno de Google y Microsoft: Blockchain no es más Internet, sino que Internet será una aplicación de Blockchain y todavía no nos damos cuenta de lo que está pasando. Las compañías más grandes del mundo están metidas ya en este asunto. En la actualidad hay 50 criptomonedas. Todos los bancos centrales de los países europeos están concertando una moneda digital, porque si no lo hacen se caerá el sistema.

Cuando nació el bitcoin, éste tenía un valor de entre 700 y 800 euros, ahora está alrededor de 9.000 y 10.000 €. En la crisis de 2018 se alcanzó los 15.000 euros por bitcoin. Y se habla de que en 2025 un bitcoin llegará a los 100.000 €. Éste es el futuro. El oro ha dejado de ser un bien refugio. Ahora hay metales como el paladio y los 17 elementos de la tabla de las denominadas «tierras raras», que son aquéllos que permitirán el desarrollo, por ejemplo, de la inteligencia artificial. Las baterías de los coches eléctricos o híbridos son fabricadas con estos materiales.

Pero somos hipócritas. Hace poco tuve un enfrentamiento con el presidente italiano de la WWF Internacional porque dijo en una ponencia que consumir un filete de carne equivalía a gastar 5.000 litros de agua. Eso verdad, por todo el proceso que conlleva. Pero le contesté si tenía una idea, ya que propugnaba la eliminación de los coches por la contaminación, de que por cada kilo de material que se utiliza para hacer una batería para un coche híbrido se necesitan 50.000 litros de agua. La respuesta de este señor fue: «No soy un técnico». Pues entonces tendría que informarse. Es la misma historia que ocurre con la gasolina verde. El plomo de la gasolina, como usted sabe, es un mineral pesado que va al suelo. El benceno no, al ser un aerosol, pero lo respiramos, al igual que el polvo que desprende el caucho y nadie dice que es contaminante, porque si eso trascendiera tendrían que limpiar las calles todos los días.

¿Se produce una ocultación deliberada de información?

Correcto. Pero una parte de la Inteligencia Económica consiste en descubrir las amenazas que se ciernen sobre la sociedad y que inciden en su vulnerabilidad.

¿La sostenibilidad se tiene en cuenta en las estrategias de la Inteligencia Económica?

Por supuesto. La Inteligencia Económica conoce estos aspectos, pero el tomador de decisiones no las toma, porque significa responsabilidad, exponerse, perder consentimientos, perder votos… Y aquí se da otro fenómeno que está conectado con la Inteligencia Económica, que es la corrupción, la madre de todo. Tendríamos que trabajar todos juntos, pero no somos capaces de hacer un sistema país. ¡Cuántas oportunidades perdemos todos los días en un país por no compartir información y por atacar la reputación de las empresas competidoras mediante el descrédito!

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