Revista Casa Mediterráneo

‘Librerías del Mediterráneo’: La Biblioteca de Babel de Palma de Mallorca

en mayo 14, 2020

Uno de los mayores placeres que me ha deparado escribir libros —y que me los hayan publicado— es que me han dado a conocer muchas librerías por toda la geografía española. Como para cualquier lector, las librerías siempre han jugado un papel importante en mi vida y mi actual vagabundeo literario por ellas me ha permitido confirmar que, en estos momentos, además de un lugar en el que aprovisionarse de libros, las librerías son auténticos reductos de resistencia frente a la cultura espasmódica a la que estamos expuestos. Porque en las librerías las cosas van despacio. Por ellas nos movemos lenta y silenciosamente los lectores, en busca de un libro concreto, o de una revelación, en espera de que uno desconocido hasta entonces, nos salga al encuentro. Porque para quienes amamos la lectura, ésta es casi tan esencial como respirar y por ello estoy convencida de que podría vivir sin escribir, pero me resultaría imposible vivir sin leer. 

Por María Belmonte.

Leer es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y
aún nadie sabe qué será…

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, 1979

Hace no demasiado tiempo tuve el placer de ser invitada por una librería de Palma para hablar de mis libros. Así es como conocí La Biblioteca de Babel. Comencemos por su nombre de resonancias borgianas, porque así se llama un relato —filosófica y matemáticamente especulativo— del escritor argentino. La biblioteca de Babel de Borges es un remedo del Universo, en el que caben todas las posibilidades de las letras y las palabras; es interminable, aunque no es infinita, está atravesada por una escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto y, —añade Borges—, es la obra de un dios. 

La Biblioteca de Babel de Palma, o simplemente Babel, como la conocen quienes la frecuentan, es la creación de José Luis Martínez, un vallisoletano que, después de recorrer mucho mundo, recaló en Palma hace veinte años. En esta ciudad enseña filosofía y cultiva su pasión por los libros mediante la creación de exquisitas librerías. La primera fue Literanta, una bella palabra de su invención, una especie de gerundio en femenino, que suena en mis oídos como una fogosa invitación a la lectura. En el mes de junio de 2009 abrió la Biblioteca de Babel en el barrio antiguo de Palma. Si la biblioteca borgiana aspiraba a contener todas las ideas y todas las palabras, en la Babel de Palma, el mundo intelectual de las palabras y las ideas—apolíneo— convive con la experiencia sensual —dionisíaca—del vino. Porque quien se acerca a Babel, además de encontrar ese libro que busca, puede llevarse una botella o degustar allí mismo una copa de un vino del valle libanés de la Bekaá o un Boutari griego, cuyas viñas han sido cultivadas en Naoussa, Macedonia, no muy lejos de donde Aristóteles dio clases al joven Alejandro y que hubieran colmado de gozo a Horacio o a Omar Jayam, poetas ambos que elogiaron el vino en sus escritos. 

Por su aspecto externo, con su terraza, sus mesitas de hierro y su ambiente cosmopolita, Babel podría pasar por un rincón parisino, directamente trasladado desde Montmartre y, sin embargo, si nos fijamos bien, lo que descuella es su auténtica identidad mediterránea, como lugar de encuentro, como espacio para la conversación, la lectura, o simplemente para sentarse tranquilamente y ver pasar la vida. Babel forma parte de un antiguo edificio de Palma situado frente a la iglesia de san Miguel que en la Edad Media fue mezquita. El interior ha sido transformado con gran gusto en librería, teniendo en mente el bienestar de los libros que aguardan al lector apilados en estanterías de madera que recubren de arriba abajo las paredes.    

Borges escribe que en la Biblioteca de Babel se pueden encontrar las autobiografías de los arcángeles, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito y miles y miles de volúmenes capaces de deparar una extravagante felicidad al lector. Daría cualquier cosa por leer la autobiografía de un arcángel, pero cuando siento el deseo de alguna rareza siempre suelo acudir a José Luis de Babel. En ese momento experimentará una metamorfosis. El librero serio y atento que es se transmuta en su verdadero yo, es decir, un lector voraz y apasionado que te mira con ojos encendidos y te dice que esperes un momento. Desaparece entre anaqueles, rebusca en las estanterías, y al cabo de unos segundos ya está de vuelta con un ejemplar que te pone en las manos. ¿Conoces esto?, pregunta con tono ligeramente desafiante. Ese libro puede ser, por ejemplo, Viaje al oeste – Las aventuras del rey mono, anónimo chino del siglo XVI. Y ante tu cara de sorpresa que denota desconocimiento, esboza una sonrisa satisfecha: ¡Una auténtica maravilla!, dice ¡Tienes que leerlo! Le debo muchos otros descubrimientos literarios, como la saga de novelas de Maqroll el Gaviero, del colombiano Álvaro Mutis, que describen las andanzas de un particular hombre de mar que vive la vida de una forma azarosa, habla todos los idiomas de la tierra y recorre el mundo con su hatillo en el que nunca faltan dos o tres libros. 

Es un enorme placer escucharle hablar de literatura porque José Luis es un erudito, un espléndido conversador capaz de transmitir el placer, la sensación física que le deparan los libros, su relación de entusiasmo con ellos, nada racional. He pasado muchos momentos agradables en aquella pequeña terraza de Babel, en la calle Arabí de Palma hablando sobre libros. El viejo mar no estaba lejos y mientras saboreábamos una copa de vino, puede que recordáramos el soneto de Borges:

“… En la noche del júbilo o en la jornada adversa
Exalta la alegría o mitiga el espanto
Y el ditirambo nuevo que este día le canto
Otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
Como si ésta fuera ya ceniza en la memoria”.

Vino y literatura. El alma del Mediterráneo.

mariagialma@gmail.com‘Librerías del Mediterráneo’: La Biblioteca de Babel de Palma de Mallorca