El Encuentro euromediterráneo de jóvenes arquitectos-urbanistas, organizado por Casa Mediterráneo y Foro Jávea de Vecindad el pasado mes de noviembre en Jávea, concluye con un llamamiento unánime al ejercicio de un urbanismo sostenible acorde con los nuevos tiempos.
Prestigiosos arquitectos y urbanistas de todo el área mediterránea reunidos en este encuentro, coincidieron en la necesidad de aprender de los errores en el urbanismo que se ha llevado a cabo en el norte del mediterráneo en las últimas décadas para no repetirlos en los países emergentes del sur. En este sentido, y en relación a los abusos cometidos en los países desarrollados, los participantes reunidos en Jávea abogaron por pensar en decrecer de forma sostenible, mientras que en el el caso de los países del sur, en donde se están desarrollando en estos momentos múltiples proyectos de carácter público y privado, se ha de llevar a cabo un urbanismo sostenible y respetuoso con el paisaje y con las costumbres y tradiciones históricas.
Las conclusiones que se desprenden de este encuentro han sido recogidas en un informe que a continuación adjuntamos, elaborado por el Coordinador del Comité Científico y profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Navarra, José María Ordeig Corsini.
26, 27 y 28 de noviembre de 2009, Parador de Jávea (Alicante)
José María Ordeig Corsini. Coordinador del Comité Científico
Como se anunció en la clausura del Encuentro, este Resumen desea sólo ser una primera breve reflexión de la impresión personal del Coordinador del Comité Científico respecto de lo que se ha suscitado durante esos dos días. Intentar un resumen completo será materia del libro de Actas del Encuentro que se publicará en su día. Por ello, hay que disculpar que no se recoja en este documento todas las apreciaciones y matices que se dieron en el transcurso del evento.
Una vez dicho esto, hay que subrayar el nivel del Encuentro en cuanto a la parte científica se refiere, pues ha sido de alto interés. Además, la organización que ha hecho posible ese nivel también ha sido notable y no se habría podido llegar tan lejos de no ser por su disposición. Por su parte, el tema de “la reestructuración urbana y territorial actual” ha tenido un resultado quizá mejor de lo que en principio se esperaba, puesto que en vez de repetir una vez más conceptos y enfoques ya manidos (que se suele producir en estos congresos), se han expuesto criterios, experiencias y modos de hacer realmente innovativos. Y ello dentro de una visión viable y asequible de la intervención en la ciudad y en el territorio; es decir, lejos de utopías desmedidas cuya innovatividad no conduce a resultados positivos. La prueba está en el significado de aquella pregunta sobre qué debía hacer el urbanista, puesto que tal cuestión se suscita cuando el tema alcanza un “clímax” de alto interés.
Dos vertientes aparecen al intentar resumir el Encuentro. Por un lado, las experiencias en sí mismas consideradas; y, por otro lado, una serie de conceptualizaciones que, al hilo de tales experiencias, se han manifestado. Cada una de ellas, sin embargo, ha tenido una cierta referencia a los contenidos del pasado como para alejarse de las visiones ideales desarraigadas de la realidad.
Si en la presentación general se exponían resultados dudosos en el área mediterránea española, ya en los primeros pasos se veía que los instrumentos legales y políticos son eso: meros instrumentos. Y éstos requieren un saber hacer técnico que, a pesar de la acumulación de experiencias durante la segunda mitad del siglo XX, son todavía insuficientes para los nuevos retos del desarrollo urbano y territorial. Con el repaso rápido de una mirada histórica de los últimos años en cuanto al discurso en materia de diseño urbano y en cuanto al desarrollo legislativo que logra instrumentalizarlo, se expuso precisamente la abundancia de buenas prácticas que se lograron en el pasado y la necesidad de asumir otras nuevas en una coyuntura en que la atención al territorio (a lo no construido) se valora como algo positivo frente a la consideración negativa que tenía anteriormente.
De las experiencias de intervención en sí mismas consideradas, hay que destacar, evidentemente, los trabajos de gran creatividad de MVRDV, las experiencias correctas y concienzudas del estudio de Rogers y la visión amplia y condensadora que ofreció Mr. Sameh ante el plan para el Cairo. Muchas otras experiencias se mostraron a lo largo del Encuentro, tanto en ponencias como en comunicaciones, referidas a procesos en el interior de la ciudad, en el tratamiento de las periferias y en la actuación sobre el territorio; pero se pueden subrayar –dentro de este apartado- las siguientes ideas:
A pesar de que la técnica urbanística a lo largo del siglo XX fue considerando cada vez más la complejidad de lo urbano, hoy día esa complejidad pasa también por valorar la pluralidad que supone una adecuada comprensión del territorio y de los conceptos de sostenibilidad. La creatividad mostrada por los ponentes anteriores asumía este punto; pero, además y esto sería nuevo, se abría como método a otras consideraciones superadoras o ajenas a la sostenibilidad: la inmigración, el paisaje como arte, la actividad extractiva del territorio como hecho positivo, etc.
Por otra parte, las respuestas que se mostraron, aunque precisaran de la innovación para responder a las nuevas sensibilidades, se basaban, en cuanto a su formalización, en el estudio atento de los clásicos del siglo XX. No hay, o no se expresó, una ruptura intencional de tipo voluntarista. Por ello, las experiencias mostradas no fueron utopías desmedidas y, sin embargo, suponían modelos que se apartaban de lo usual, ofreciendo una libertad formalizadora de alto interés.
Existe una imagen colectiva de lo que es la ciudad y el territorio; imagen que conduce a modelos y planteamientos más o menos acordes con lo que conocemos. Pero no pasa lo mismo con las periferias, donde hay una abundancia de soluciones que no permiten obtener una imagen y una identificación de lo que hacer en ellas (Alberto Peñín). Particularmente pienso que gran parte del debate más interesante se intentó centrar en este punto como unión de los métodos para la intervención en el territorio y para la ciudad. No se puede seguir creciendo con nuevas centralidades sin más y mucho menos con la lógica aditiva de los años 60. Así como tampoco se puede actuar en el territorio con asentamientos que, a la postre, no tienen referencias.
De los conceptos que se vertieron a lo largo del Encuentro, que complementan a lo dicho anteriormente, destacaron dos niveles de pensamiento. Uno, más genérico y muy interesante, relativo al modo como enfocar hoy día las intervenciones en general. Y otro, más concreto en los casos de lo urbano y lo territorial. Ambos mediatizados por lo mencionado a propósito de las periferias.
En cuanto al nivel genérico, se optaba como vía metodológica, por la concreción en contraposición de la abstracción generalizable. Eso significa una actuación atenta a la complejidad de la realidad, al caos vital, a un entendimiento de las formas territoriales y urbanas como fractales (José Seguí). Pero lejos de quedarse en esa consideración sin más o de aplicar ese caos desordenado como vía justificativa para cualquier tipo de solución, se trataría de individuar soluciones discretas que tuvieran como resultado una mejora del conjunto, precisamente por su influencia decisiva en un punto determinado íntimamente relacionado con el todo.
Ahora bien, esa postura, que una lectura superficial podría identificarla con las experiencias de tipo estratégico al uso, se diferenciaría de éstas en que no se trata tanto de ofrecer un orden formal globalizador (el diseño de un todo como recuperación de una zona que, por concomitancia, mejoraría el contexto), sino un orden sutil, a escala de la naturaleza o de agrupaciones elementales o de intervenciones culturales, que intervendría en la contextura de todo un tejido urbano o de todo un paisaje: pequeñas intervenciones puntuales, agrupaciones cuya repetitividad es cambiante y adaptable, tratamientos naturales que recuperan un territorio, etc.
Dentro de un nivel más concreto de intervención urbana, se puso de manifiesto en numerosas intervenciones, la necesidad de atender a nuevos requerimientos actuales de eficiencia energética, dentro de los parámetros de sostenibilidad. Esta sensibilidad, nacida hace ya más de una década, se decantaba en el Encuentro hacia planteamientos que producían también enfoques innovadores. Con el marco del crecimiento poblacional y de la insuficiencia energética actual, además de insistir en las fuentes renovables de energía, se apostó por una reestructuración que quizá deba venir marcada por el “decrecimiento” urbano: devolver el valor ecológico a zonas particularizadas dentro y fuera de las ciudades, procurar solucionar el consumo energético en lo ya existente y no sólo en lo nuevo, concienciarse además de que la intervención es más económica en la medida en que respeta lo ecológico, etc.
En este aspecto, además, los ejemplos que se mostraron sobre recuperación de espacios en el interior de la ciudad, marcaron como logro ya irrenunciable la ciudad como elemento de disfrute para el peatón, aunque deba ser compatible con las infraestructuras necesarias. De ahí el tratamiento como paisaje de estas intervenciones.
Por otro lado y dentro del nivel más concreto de intervención territorial, un aspecto básico ya mencionado fue la necesidad de considerar el territorio como algo positivo, no sólo por su valor ambiental y productivo, sino por su valor paisajístico donde la arquitectura tiene un papel ineludible. En este sentido habría pasado ya el tiempo de considerar el territorio como lo “no urbano”, para adquirir una positividad tan notable como las calles o edificios de la ciudad. Esto significa un entendimiento complejo del territorio y un método de intervención en él muy acorde con la línea que se exponía antes: actuaciones puntuales, sutiles, de contextura territorial.
En un nivel que buscaba el desarrollo socioeconómico de territorios deprimidos, se ofrecieron también las experiencias del turismo relacional integrado (Manuel Ferrer) y otras actividades que pueden tener en común esa búsqueda. Con sus diferencias de método y otros objetivos, se puede afirmar sin embargo, que todas las experiencias sobre este particular tratan de implementar una actividad suplementaria (de tipo eminentemente turístico) en aquellas áreas que, precisamente por no haber tenido un previo desarrollo económico de carácter industrial o social, todavía mantienen su idiosincrasia natural, histórica y cultural. Es por tanto, un modo de ofrecer una alternativa turística en zonas normalmente necesitadas de complementariedad económica; pero se trata de mantener sus características propias que la harían atractiva como alternativa.
En definitiva, en la reflexión sobre la “reestructuración urbana y territorial actual” se han puesto de manifiesto criterios y actitudes innovadoras y válidas (o sea, viables) que afectan tanto a aspectos de enfoque disciplinar general como a vertientes específicas para los grandes supuestos que se analizaban (territorio, periferias y centros urbanos), así como la muestra de intervenciones concretas en las diferentes áreas del Mediterráneo. No se ha pretendido, de momento, una enumeración exhaustiva de todo lo expuesto en el Encuentro, como tampoco lo tratado en él pretende agotar la materia suscitada. Pero no cabe duda de que los conceptos comentados son de gran calado en la disciplina urbana y, más específicamente, en aquella vertiente más arquitectónica que existe en el gran campo urbanístico.
Pamplona, 7 de diciembre de 2009