Revista Casa Mediterráneo

Ana Cris Baidal: “Concha López Sarasúa fue considerada una embajadora cultural por su afán de tender puentes entre las dos orillas”

en enero 23, 2023

La escritora Concha López Sarasúa fue capaz de impregnar como pocos su pasión por Marruecos y sus gentes a través de la literatura. La autora, que vivió en el país magrebí durante dos décadas, reflejó en sus obras lo aprendido mediante su propia experiencia vital, con el firme propósito de fomentar el conocimiento de ambos pueblos como mejor instrumento para el entendimiento entre dos sociedades tan próximas como desconocidas entre sí.

El valor de su obra y su papel como puente entre culturas se pondrán de relieve en un homenaje que el próximo martes 24 de enero se le rendirá en Casa Mediterráneo a las 19 horas. El acto consistirá en una charla entre la gestora cultural Natalia Molinos y la hija de la escritora, la profesora de francés y editora Ana Cris Baidal, que nos aportará la faceta más humana de su madre, sin olvidar su trayectoria como escritora. El evento, que cuenta con la colaboración del Instituto Cervantes de Tetuán y la Biblioteca Islámica de la AECID, es de entrada libre hasta completar aforo y podrá seguirse en streaming a través del canal de YouTube de Casa Mediterráneo.

Nacida en Asturias poco antes de la Guerra Civil, la infancia de Concha López Sarasúa estuvo marcada por la contienda, que la dejó huérfana de padre en el seno de una familia muy castigada (vivencias que refleja en su novela Celanova 42). Desde pequeña mostró interés por las artes escénicas y con apenas 15 años logró convencer a su madre para que la dejara irse a estudiar baile clásico español a Madrid, acompañada por su tía. Tras años de duro trabajo en academias de baile, comenzaron a surgir los contratos, que la llevaron por España, París, Lisboa, Azores, Marruecos… En este último país conoció a Antonio, hijo de emigrantes alicantinos, a raíz de lo cual decidió abandonar la danza. Se estableció con él en Marruecos, donde formó una familia y se vio sorprendida por un mundo nuevo que influiría notablemente en su vocación literaria, que desarrollaría a su vuelta a España, tras veinte años en Marruecos, desde su nueva residencia en Alicante.

En La llamada del almuédano, finalista del Premio Ateneo de Sevilla, su primera novela, recogió situaciones cotidianas del Magreb como la llamada diaria a la oración. Comenzó su andadura con la colección de relatos A vuelo de pájaro sobre Marruecos, prologada por el escritor e hispanista marroquí Mohamed Chakor. En su afán por lograr el acercamiento entre culturas escribió historias para niños, que comenzaron con Meriem y la ruta fantástica, que se convertiría en trilogía con En el país de Meriem y Los mil y un cuentos de Meriem. Estos libros la llevaron a ofrecer charlas en centros educativos de la provincia de Alicante y de Asturias, así como fuera de nuestras fronteras.

Otros de sus libros, inspirados por otras culturas, fueron La daga turca y otros relatos mediterráneos, colección de historias dedicadas a las mujeres de su entorno. También se fijó en los sentimientos que provocan la emigración en los niños que se ven forzados a ello con sus familias en su novela ¿Por qué tengo que emigrar?, con la que recorrió centros educativos para sensibilizar a la población escolar acerca de esta realidad. La autora también escribió una novela de viaje buscando la tumba del rey poeta sevillano al-Mu’tamid Ben Abbad, ¿Qué buscabais en Marrakech?, finalista del Premio Café Gijón. Además dedicó una colección de relatos a su tierra natal, Secretos que dan al mar, que combina leyendas y mitos rescatados de su infancia en Asturias entre bosques, montañas y mar. Gran viajera, su novela más reciente fue Regreso a la Patagonia.

Con el fin de acercarnos a su figura, en su faceta personal y literaria, mantuvimos una entrevista con una de las personas que mejor la conocen, su hija Ana Cris Baidal.

¿Cómo se inicia el contacto de Concha López Sarasúa con Marruecos?

Me gusta mucho contar la historia de esos años, pues es bastante inusual. Mi madre era originaria de Mieres, un pueblo minero de Asturias, donde tuvo una infancia marcada por la Guerra Civil, en una familia muy castigada por la contienda. Siempre tuvo inclinaciones artísticas. Desde pequeña escribía, montaba obras de teatro y le gustaba mucho el baile. Convenció a su madre para que la dejara irse a Madrid con 15 años a estudiar baile clásico español. Se fue con una tía, que la acompañaría después en las giras. Al acabar los estudios estuvo actuando en París, Lisboa y en otros lugares, entre ellos Marruecos, y en uno de esos viajes conoció a mi padre, que era originario de Ibi y había emigrado con su familia a Orán en un barco que partió desde Alicante durante la Guerra Civil. Mi madre decidió abandonar la carrera artística porque estaba un poco cansada de esa vida y se quedó a vivir en Marruecos, país que resultó todo un descubrimiento para una persona tan curiosa como ella.

¿Qué enamoró a su madre del país magrebí, en el que vivió veinte años, y que se convirtió en hilo conductor de muchas de sus obras?

El ochenta por ciento de su obra está centrada en el Magreb, concretamente en Marruecos, en la cultura árabe, en la sociedad marroquí, que es tan diversa. ¿Qué le llamó la atención? Supongo que el cambio. También piensa que a ella, originaria de Asturias, lo que le habían enseñado en la escuela era la historia del Rey Pelayo, que defendía a España frente a los moros. La imagen que ella tenía era bastante diferente de lo que se encontró: un pueblo muy hospitalario, donde fundó una familia -mi hermano y yo nacimos allí-. Creo que también le atrajo la cercanía de la gente, un rasgo común a todo el Mediterráneo, el sentido del humor, la cocina…

Su primera novela se titula La llamada del almuédano porque cuando vas por primera vez a un país musulmán esa llamada a la oración, cinco veces al día, te sobrecoge. Y, bueno, veinte años dan para mucho. Ella era una persona muy curiosa y observadora, y todo eso provocó que a su vuelta a Alicante, cuando mi familia decidió establecerse aquí, quisiera contarlo. Echaba de menos aquel ambiente que la había cautivado.

Concha López Sarasúa junto a su hija Ana Cris Baidal en un viaje a Sicilia.

Concha concebía la literatura como una vía para acercar culturas. De hecho, fue considerada una embajadora cultural entre ambas orillas. ¿Qué actividades desarrolló más allá de la escritura?

A ella la han calificado varias veces de embajadora cultural por ese afán de tender puentes entre las dos orillas. En un principio empezó a escribir porque necesitaba contar, pero después, a finales de los años 80 comenzó a llegar inmigración a España, que antes se dirigía básicamente a Francia o a Bélgica, y pensó que se sabía muy poco de un país del que nos separan escasos kilómetros, mientras que se tendía más a mirar a Europa. Entonces, sintió que tenía la necesidad de contarlo a los más pequeños con el objeto de crear una sociedad intercultural más tolerante. Y puesto que los chavales que acompañaban a sus familias procedentes de Marruecos o de Argelia llegaban a las aulas, escribió un libro, Meriem y la ruta fantástica, que después se convirtió en una trilogía. Con esos libros aunó su faceta de escritora a la de comunicadora, que se le daba muy bien. Con la Diputación de Alicante visitó una gran cantidad de colegios de toda la provincia, de Asturias, escuelas españolas en Marruecos, centros en Argentina… Los estudiantes leían el libro y después iba ella y contestaba sus preguntas, les proyectaba un vídeo grabado en Marruecos sobre cómo era la vida de los niños en ese país… Todo, en ese afán por acercar, por tender puentes entre culturas muy cercanas, pero muy desconocidas. A ella le gustaba mucho decir que “mediante el conocimiento se llega al entendimiento”. Si conoces a una persona la vas a entender mejor.

Portadas de algunas de las obras de Concha López Sarasúa.

Concha López Sarasúa hablaba desde sus propios conocimientos de otras culturas como forma de luchar con los estereotipos, sustentados en la ignorancia. 

Sí, de hecho, cuando han escrito sobre ella siempre resaltan que no ofrece una visión idealista, orientalista, sino real de aquella sociedad.

El Instituto Cervantes de Tetuán reconoció la labor de la escritora alicantina por la convivencia entre culturas a través de sus libros, a quien rindió un homenaje el año pasado. ¿Qué se puso de relieve en ese acto?

Lo que estamos hablando: su papel como puente entre culturas, esa transmediterraneidad que es el calificativo que le pone una persona gran conocedora de su obra, Mohamed Abrighach, profesor en la Universidad de Agadir, cuya tesis doctoral versa sobre ella. En aquella universidad la han traducido y, de hecho, me van a invitar en primavera para hacerle otro homenaje.

En el acto del Cervantes de Tetuán se puso en valor esa faceta suya, hubo una presentación por parte del director del instituto y se ofreció seguir divulgando la figura de mi madre. El profesor Abrighach, en un aspecto más lingüístico y literario, fue desmenuzando rasgos de su obra. Y yo ofrecí una visión biográfica, intercalando fragmentos de sus obras.

¿En qué va a consistir el homenaje que se le rendirá en Casa Mediterráneo?

La presentadora del evento, Natalia Molinos, suele concebir este tipo de actos en formato entrevista, como una charla informal, lo que me parece muy bien. Intercalaremos algún pequeño fragmento de alguno de sus libros. Y se obsequiará a todos los asistentes con un ejemplar de una obra de mi madre. De fondo, proyectaremos muchas fotos y material que tenemos de presentaciones, visitas a los colegios, etcétera.

Concha López Sarasúa.

En 2022, sus familiares depositasteis en la Biblioteca Islámica de la AECID su archivo personal de trabajo. ¿Qué contiene?

Su legado, su archivo personal, se encuentra en la Biblioteca Islámica de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Mi hermano y yo, al vaciar la casa de mi madre pensamos que la mejor manera de que se siguiera difundiendo su legado era donarlo. Me puse en contacto con Luisa Mora, que es la directora de la Biblioteca Islámica, y enseguida, encantada, aceptó la propuesta. El año pasado me fui a Madrid con todo lo que habíamos ido ordenando y allí está, ya catalogado y a disposición de quien quiera indagar más en la figura de mi madre.

Concha López Sarasúa deja obra sin publicar, diarios de viajes y la historia de su vida, inconclusa, así como una colección de relatos infantiles, Cuentos de las dos orillas, de la que la Biblioteca Islámica conserva un manuscrito inédito.

Efectivamente, y en el acto celebrado en Tetuán se comentó la posibilidad de publicar esa obra en concreto, que además está ilustrada. Sería una maravilla. A ver si varias instituciones se ponen de acuerdo y podemos sacarla a la luz. Sería lo que ella habría deseado. Al final de su vida sufrió una enfermedad degenerativa que le hizo perder la capacidad del habla, algo muy cruel para una persona tan comunicativa como ella. Todas estas iniciativas suponen una manera de recordarla tal como era, una persona apasionada y vital, y que su mensaje en pos de la tolerancia y el entendimiento no se pierda.

Más información:
En el blog de la Biblioteca Islámica de la AECID.

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