Revista Casa Mediterráneo

‘Corps étranger’, los desafíos de una tunecina en Europa

en junio 9, 2020

Las primeras tomas de la nueva película de Raja Amari pueden sugerir que ésta es otra historia de refugiados, digna de una exploración oportunista de un tema de moda. Sin embargo, Corps étranger integra, inteligentemente, los sentimientos de pérdida e identidad y la huida hacia delante de base existencial en una temática actual que sirve como marco de referencia para hablar de lo que le interesa: las personas. Y lo hace a través de  los destinos de las personas que tienen que abandonar precipitadamente su hogar y huir de su país, dejando atrás toda una historia personal. 

Luis López Belda

La tercera película de la directora tunecina Raja Amari, responsable de la también muy interesante Rojo Oriental (2002) es, una vez más, un manifiesto conmovedor a favor de la causa feminista. De hecho, un activismo discreto pero vigoroso subyace en la historia de una joven que abandonó su hogar, Túnez, bajo el yugo del fanatismo apenas contenido por las autoridades, para probar libremente su suerte en Francia. Por supuesto, esta odisea a una tierra prometida, poblada por vestigios machistas que quieren someter nuevamente al personaje principal a su papel de mujer dócil, no está exenta de dificultades. Pero, en lugar de optar por un miserabilismo social que ya ha lastrado a una serie de obras similares en los últimos años, el tono de la película cultiva una mezcla, no sin encanto, entre la creciente confianza del personaje femenino, por un lado, y un enigmático erotismo, por otro.

La joven Samia tunecina cruzó el Mediterráneo, poniendo en riesgo su vida, para comenzar desde cero en Francia. En Lyon, Samia encuentra accidentalmente un trabajo como ama de llaves de Laila, recientemente viuda y ansiosa por deshacerse de las pertenencias de su difunto esposo. Esta mujer rica acoge con cierta reticencia a la refugiada indocumentada, aunque su precariedad le recuerda necesariamente su propia llegada a su país de acogida, así como sus miserias antes de convertirse en la esposa de un rico francés.

El vínculo que se forjará entre estas dos mujeres, a pesar de que, a primera vista, no podrían ser más opuestas, es el aspecto que realmente emociona en la narrativa de Raja Amari. Afortunadamente, se abstiene de caer en la trampa de relaciones de poder opresivas y estúpidamente calculadoras, prefiriendo crear entre estos dos personajes singulares una tensión con variables inconstantes, cuya amabilidad o, por el contrario, cinismo dependen de unos caracteres bastante misteriosos. Si bien las excelentes interpretaciones de Hiam Abbass y Sarra Hannachi dan muchas pistas sobre la personalidad de los personajes, muchos otros aspectos de sus “yoes” interiores quedan sin desvelar.

Un zapato que se sumerge en el agua cristalina del mar, seguido de cuerpos completamente vestidos, fotos y otros artículos personales. El comienzo del film nos atrapa inmediatamente, no solo por la belleza casi contradictoria de estos planos que transmiten toda la miseria de nuestro tiempo, sino porque señalan enseguida la doble lectura de imágenes, que finalmente culminará en una ambigüedad suprema: Un clima de disfrute en el horror, de placer en las circunstancias más incongruentes. Esta duplicidad de sentimientos impactantes continuará durante toda la intriga, mientras que las diferentes facetas de la vida cotidiana de estos personajes fantasmas, atormentados por el miedo y el deber de permanecer invisibles en un ambiente hostil, son revisadas o más bien interrogadas sin falsedad, modestia, ni fatalismo. 

El personaje principal muestra una determinación que le permite superar las pruebas que el escenario le reserva. De este modo, Samia esquiva hábilmente la trampa del histerismo victimista que la convertiría, entonces, en verdadera víctima, así como la tentación de la integración frenética en la nueva cultura, que finalmente la haría irreconocible. Samia parece mucho más fuerte que todo eso, aunque el espectador sabe que su fragilidad está bien presente.

El destino reservado para los hombres en este universo decididamente patriarcal también es cuestionado y se empatiza con los personajes masculinos que no quieren adscribirse a los pocos modelos de comportamiento aceptables socialmente para los varones. En este sentido, el comportamiento del alborotador, interpretado por Salim Kechiouche, participa, a su manera, en la intención final del film. Ejemplar perfecto de un sistema basado en la explotación en todas sus formas, tendrá que pagar un alto precio por no querer adherirse al estilo de vida que le propone su ambiente ni al de los fanáticos religiosos. Tampoco le ayuda su papel en el juego de deseos eróticos que causará el inevitable punto de ruptura de este trío, nacido bajo malos auspicios.

Túnez ha sufrido mucho durante muchos años por muchas causas. Sin embargo, la falta de voces comprometidas en el campo cinematográfico no es una de ellas. Como prueba, aquí está la tercera película de Raja Amari, una directora que continúa sin retroceder en su viaje a sentimientos. Sólo ha dirigido cuatro películas en 18 años, pero todas son interesantes y, aunque la gestión dramática del tiempo cinematográfico no es su punto fuerte, todas ellas emanan una seguridad formidable al borde de la serenidad, gracias a retratos de mujeres que celebran la diferencia entre los géneros como una riqueza, en lugar de un problema.

 Ficha artística: 

País: Túnez. Título original: Corps étranger. Año: 2016. Dirección y guión: Raja Amari. Guión: Rebecca Cremona y David Grech. Duración: 96 minutos. Género: Drama. Música: Nicolas Becker. Fotografía: Chris Freilich. Intérpretes: Sarra Hannachi, Hiam Abbass, Salim Kechiouche, Marc Brunet, Majd Mastoura.

 Plataforma de streaming donde puede verse el film: 

-Filmin

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