Revista Casa Mediterráneo

Dr. Pedro García: “Si aumento la red social interna, la actitud amistosa desde dentro, puedo compensar la falta de contacto social”

en abril 30, 2020

El Dr. Pedro J. García Arteagoitia, colaborador habitual de  Casa Mediterráneo, participa en la actual programación a distancia de la institución mediante una serie de vídeos centrados en aplicar el estilo de vida mediterráneo para mejorar la experiencia del confinamiento debido a la crisis del Covid-19.

Licenciado en Medicina por la Universidad del Pais Vasco en 1988, Master en terapia de conducta, especialista universitario en tratamiento psicológico de la obesidad y trastornos alimentarios, experto en hipnosis clínica y Master en recuperación funcional, el Dr. García Arteagoitia se trasladó a Alicante en 2003, donde tiene consulta, así como en Novelda. Sus aficiones, además de la medicina y la psicologia, son la filosofía, la ciencia, los deportes de combate y el cine. Todo ello, como él mismo afirma, lo integra en el estilo de vida mediterráneo.

¿Cuál es el objetivo de estas sesiones de vídeo?

La respuesta es muy sencilla. Dado que estamos encerrados en casa, en las conferencias que pronuncié el año pasado con Casa Mediterráneo explicaba la importancia de la red social para la salud, la longevidad, la vitalidad… Ahora la red social se nos ha venido abajo y tenemos un contacto social muy restringido, lo que puede afectar al estado de ánimo.

También explicaba en esas ponencias que la red social tiene dos partes, una es la interna, la que todos tenemos interiormente, y la otra la externa, que serían todos los contactos sociales. Una cosa se puede compensar con la otra. Si aumento la red social interna, la actitud amistosa desde dentro, puedo compensar la falta de contacto social en las actuales circunstancias y encontrarme igual de bien, obtener esa revitalización que me proporciona la amistad. Los vídeos son una progresión de diversos ejercicios o prácticas para poder desarrollar esa actitud amistosa, esa red social interior, para compensar la falta o la caída de la red social exterior.

¿La red social interior equivaldría al concepto de vida interior?

Bueno, podría ser, pero tener una vida interior rica es algo muy inespecífico. La red social interior consiste en una actitud amistosa en general hacia nosotros mismos; sobre todo, es un concepto que refiere a darnos cuenta de experiencias agradables que estamos viviendo ahora, de valorar lo que ya tenemos. Esto sería una primera fase. El primer ejercicio se enfoca en valorar cosas que tienes individualmente, por ejemplo, el hecho de que puedes respirar, mientras mucha gente necesita máquinas para poder hacerlo. Si te levantas por las mañanas pensando que no puedes hacer deporte, vas a empezar el día cabreado. Si, sin embargo, piensas: “¡Caray, puedo respirar”, te vas a levantar de buen humor. Es un ejemplo muy sencillo que pongo en el primer vídeo, donde hablo de muchas cosas que podemos hacer, que damos por sentadas…

El ser humano tiene una serie de defectos o de falta de desarrollo de ciertas habilidades. Una de ellas es que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Por ejemplo, si te rompes los brazos no podrás ni siquiera ir al baño sin la ayuda de otra persona. Por lo tanto, tenemos grandes facultades que damos por sentadas y no valoramos.

Otro vídeo se centra en valorar a las personas con las que convivimos. Una tendencia muy poco beneficiosa y que nos proporciona muchos problemas es que, en vez de valorar lo que tenemos, valoramos lo que no tenemos, con lo cual nos sentimos frustrados, de mal humor y tenemos una sensación de insatisfacción. No me fijo en lo que tengo, sino en lo que me falta o creo que me falta. Se trata de darle la vuelta a eso; te permitirá disfrutar más de lo que tienes ahora.

¿Es como cuando caes enfermo y entonces te das cuenta de lo bien que estabas cuando estabas sano?

Sí, por ejemplo. En otro vídeo hablo de hacer la lista de la viuda o el viudo. Cuando a alguien se le muere su pareja entonces empieza a recordar y echar de menos las cosas buenas. Si eso lo haces en vida, empiezas a recordar cómo te enamoraste, te das cuenta de las cosas agradables que hace a diario, en vez de fijarte en las desagradables, te vas a llevar mucho mejor con tu pareja. Y no tienes que hacer nada especial, eso ya está ahí, simplemente como lo das por supuesto no te fijas, sólo en lo que te desagrada.

A raíz de este proceso de aislamiento al que estamos sometidos, se escucha mucho que la vida no va a ser igual que antes, pero surge la duda de si los nuevos aprendizajes relativos a apreciar más las pequeñas cosas y lo que tenemos van a perdurar en el tiempo. 

Claro, esto para que funcione -por eso los ejercicios tienen una serie de procedimientos para contabilizar y medir su eficacia- tiene que haber un entrenamiento consciente. Es decir, normalmente las personas nos desarrollamos al azar en el aspecto emocional. Nos educan en el colegio para hacer muchas cosas, a nivel técnico, de conocimientos, de memoria… pero emocionalmente funcionamos al azar. Llegamos a la edad adulta y según te hayas desarrollado, si has tenido suerte serás una persona medianamente equilibrada y si no, tendrás diversos problemas. Digamos, ensayo y dolor sin seguir un método. Si esto lo hacemos igual, no habrá aprendizaje. Si no se hace conscientemente y de una forma metódica no habrá asimilación.

En las conferencias puse un ejemplo sobre el valor de lo que hacemos en la vida normal, porque nos están vendiendo la moto de que para llevar una vida más o menos agradable y feliz hay que hacer grandes cosas. Un anuncio que vi hace poco decía que la vida es muy corta para no tener un planazo todos los fines de semana. Es un anuncio de una agencia de viajes, que lo que viene a decir es que la vida normal, cotidiana y ordinaria no es satisfactoria. Es una de las ideas que intento combatir a través de los vídeos con un mensaje que es uno de los lemas de los consejos que doy sobre el estilo de vida mediterráneo: Tener una vida ordinaria extraordinaria. Dentro de lo ordinario podemos encontrar lo extraordinario.

Ponía el ejemplo también de la valoración del trabajo ordinario de la gente común. Esta primavera pasada comentaba que si Cristiniano Ronaldo o Messi dejaban de trabajar no pasa nada, pero si los poceros que limpian toda la red de alcantarillado o los panaderos o basureros, por mencionar tres profesiones que se consideran sin relumbrón, dejaran de trabajar la ciudad sería un caos. Y así podríamos seguir con los comerciantes, transportistas, agricultores, pescadores… El trabajo ordinario, que es el realmente importante -ahora lo hemos visto con los sanitarios, los bomberos o la policía- no se valora; en cambio, trabajos que en realidad son totalmente superfluos se valoran, se pagan y se habla muchísimo de ellos. Eso indica una escala de valores totalmente distorsionada. Ahora, quizás esta crisis nos ha permitido darnos cuenta de esta realidad, pero si no lo hacemos de una manera consciente y sistemática lo olvidaremos enseguida.

Entonces, estamos rodeados de cosas que tienen mucho valor, pero en nuestra vida cotidiana llevamos una especie de venda que nos impide verlo y valorarlo. ¿La actual situación puede suponer una ocasión para darnos cuenta de lo que realmente tiene valor?

Exactamente, es una ocasión y quizás la aprovechemos o quizás no. Los vídeos ayudan a eso, a ver cómo desarrollar esa capacidad de darse cuenta de la cosas, pero con un sistema, con un método que puedes medir. Por ejemplo, respiramos gracias a que hay plantas y algas que transforman las sustancias y producen oxígeno y podemos alimentarnos gracias a ellas, así como hay un montón de cosas a las que debemos sentir agradecimiento.

No podríamos ir a un supermercado si no hubiera más gente que fuera, ya que no existiría este establecimiento. Cuando hay mucha cola si en vez de quejarnos pensáramos que debido a que hay afluencia de clientes el supermercado me puede dar ese servicio, nos haría sentir agradecimiento y crearía una actitud amistosa, de apertura y de valoración a los demás aunque sean desconocidos. Gracias a esos trabajadores, millones y millones de personas, tenemos comercios, agua potable, red eléctrica, teléfono, televisión… Es lo que llamo “efecto número” y darse cuenta de él te hace valorar a los demás, aunque no los conozcas de nada.

El estilo de vida mediterráneo está fuertemente vinculado a una intensa vida social, pero ahora que estas relaciones interpersonales no son posibles de manera presencial, ¿deberíamos aprovechar las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías para mantener y reforzar esos vínculos personales? 

La tecnología es beneficiosa si la usas con inteligencia y es perjudicial si la usas con ignorancia. Las nuevas tecnologías son muy útiles para ese tipo de cosas, pero más útil es desarrollar esa red social o actitud amistosa interior. Porque si usas las redes sociales para criticar, poner a parir a los demás, chismorrear o andar dando puñaladas por la espalda no va a servir de nada. Decía Epicuro que la amistad todas las mañanas se extiende para despertar a los seres humanos a la felicidad y si tienes esa actitud aunque no veas a nadie en todo el día, si irradias esa amistad, te vas a sentir igual de bien o incluso mejor que si hubieras tenido una actividad social muy intensa.

Además, muchas veces la vida social no es nada satisfactoria. Hay muchos ejemplos de personas que son anacoretas, que tienen esa red social interior muy desarrollada, como San Francisco, un ejemplo muy mediterráneo, que hablaba con las flores, con los animales y se sentía lleno de amigos aunque estuviera solo en el monte. Me acuerdo también de un monje de Monserrat, en Cataluña, que estaba en su humilde choza e irradiaba amistad a todo lo que le rodeaba. Eso es muy importante.

La red social es útil, pero si es sólo pasiva, cuando se cae -por ejemplo, por la muerte de amigos-, si no existe esta red social que parte desde dentro, que es incondicional hacia todo lo que te rodea, entonces sufres mucho. Ahora hay personas con mucha ansiedad porque no tienen estímulos. Una de las teorías de la depresión precisamente radica en que se pierden estímulos, refuerzos, cosas que te hacen sentir bien. Si se muere alguien y dependes mucho de esa persona, porque tu amistad es pasiva, es decir, te alimentas de lo que te dan los demás, lo pasas muy mal y puedes llegar incluso a sufrir depresión.

Si dentro tenemos este elemento, natural pero fruto de un trabajo, un entrenamiento y una práctica, no se tendrá esta sensación de soledad tan marcada, aunque se esté solo. Se puede experimentar el poder revitalizador de la amistad, porque se tiene dentro, no depende sólo de lo que te den de fuera.

De hecho, estos días en los medios de comunicacion y las redes sociales se ve a mucha gente dedicada a desarrollar aficiones que tenía abandonadas o que apenas había practicado como leer, cocinar, pintar, escribir… ¿Ese impulso de hacer cosas nuevas es necesario para llenar una vida que puede haberse quedado muy vacía?

Sí, a veces esa vida se ha llenado de una sola cosa, como el trabajo. A muchas personas por ejemplo les da miedo el momento de la jubilación porque piensan: “¿Y qué voy a hacer ahora?”. Entonces, si antes no has hecho ciertas cosas para tener una alternativa, un estilo de vida distinto para cuando te jubiles, igual estás en casa y tu pareja y tus hijos se convierten en unos extraños y no sabes qué hacer con ellos.

Bueno, siempre estamos a tiempo de reinventarnos, ¿no?

Sí, y además no cuesta tanto. No es como hacer maratones. Con el trabajo emocional ni se sufre, ni cansa, ni es desagradable, ni supone demasiado tiempo. Lo que suele suceder es que la gente lo hace durante tres o cuatro días y cuando se encuentra mejor deja de hacerlo. Uno de los ejercicios consiste en anotar pequeñas experiencias agradables, diez cada día, e ir aumentándolas hasta llegar hasta más o menos cien, pero si nos sentimos mejor y lo abandonamos, no se consigue nada.

Nos falta un poco de conocimiento o experiencia para entender que la parte emocional y psicológica requiere trabajo. La gente entiende que para jugar al tenis hace falta entrenarse, para tocar el piano hace falta practicar, para aprender un idioma hace falta estudiar, pero parece que nos cuesta mucho entender que para tener una vida interior mejor se requiere también un entrenamiento, una práctica. Y a la mínima, cuando nos encontramos un poco mejor, lo dejamos.

Las sesiones en vídeo del Dr. García se enmarcan en el ciclo ‘Consejos Mediterráneos para quedarse en casa’, disponibles en el Canal de YouTube de Casa Mediterraneo.

Fotografía destacada: Dr. Pedro García – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

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