Revista Casa Mediterráneo

Javier García-Larrache, Embajador de España en Libia: “Queda mucho trabajo por delante, y hay muchas medidas acordadas pendientes de concreción, pero es decididamente un momento de esperanza”

on October 26, 2020

Tras la caída de Muamar el Gadafi en 2011, Libia se ha visto envuelta en un conflicto armado entre diferentes facciones encaminado a hacerse con el poder de un país con suculentas reservas petrolíferas, que como todas las guerras ha traído consigo graves perjuicios para la población civil, que en estos momentos además se enfrenta a la pandemia de Covid-19. La presencia en el país de grupos terroristas como el Daesh y Al Qaeda en el Magreb Islámico, la entrada de mercenarios y la constante llegada de inmigrantes configuran un escenario complejo. Pese a todo, el horizonte inmediato muestra signos de esperanza hacia la estabilidad y la paz con la puesta en marcha en enero del Proceso de Berlín y el reciente acuerdo suscrito entre las distintas facciones para el alto al fuego permanente en todas las áreas de Libia.

Con el fin de ahondar en las causas del conflicto libio, los actores implicados y las perspectivas que se le abren al país norteafricano mantuvimos una entrevista con el Sr. Javier García-Larrache, Embajador de España en Libia, quien participará en un encuentro virtual organizado por Casa Mediterráneo el lunes 26 de octubre a las 19 h. junto al investigador principal del Real Instituto Elcano Haizam Amirah Fernández. La charla, que será moderada por el General en la Reserva Demetrio Muñoz, se enmarca en el ciclo Geoestrategia y el Mediterráneo.

Desde la caída de Gadafi en 2011, Libia se encuentra inmersa en una espiral de inestabilidad y violencia, que la guerra que se libra desde 2014 no ayuda a mejorar. ¿Quiénes se enfrentan? ¿Se atisban mecanismos de solución al conflicto?

De forma esquemática se enfrentan el oeste del país, Tripolitania, donde se halla el Gobierno de Acuerdo Nacional con apoyo de milicias locales, y el este, Cirenaica, bajo control del parlamento de Tobruk y el Ejército de Nacional Libio, dirigido desde Bengasi. En el Sur, Fezán, no hay una adscripción firme a ninguno de los dos bandos, pero desde la ofensiva del ENL en 2019, el control está más bien en manos de éste.

A comienzos de 2016 la Cámara de Representantes se negó a confirmar al Gobierno del Acuerdo Nacional, frustrando las esperanzas de reconciliación abiertas por el Acuerdo de Sjirat de diciembre de 2015. Como consecuencia, se generó una dualidad (que perdura actualmente) entre la Cámara de Representantes de Tobruk, (fruto de las elecciones legislativas de 2014), reconocida por la comunidad internacional en tanto que parlamento legítimo, presidida por Aguila Saleh -y apoyada por el Ejército Nacional Libio comandado por el general (mariscal) Hafter, y el Consejo Presidencial y Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli, surgido de los acuerdos de SJirat y reconocido también por Naciones Unidas y la comunidad internacional, que cuentan con el apoyo de la cámara consultiva, el Alto Consejo de Estado. El Congreso General Nacional, fruto de las elecciones de 2012 -que dieron tras varias componendas el triunfo a los islamistas-, aceptó finalmente disolverse en 2016, se integró en las nuevas estructuras y sus antiguos miembros conformaron la nueva Cámara de carácter consultivo, el Alto Consejo de Estado.

Ahora mismo hay en Libia un prometedor proceso de solución del conflicto. Desde enero está en marcha el llamado Proceso de Berlín, que actúa fundamentalmente en tres dimensiones: política, económica y de seguridad. Las dos últimas han experimentado recientes avances: por un lado, se ha reanudado la producción de petróleo, esencial para la economía del país. Ahora mismo se negocia la gestión de los beneficios que se obtengan de los hidrocarburos.

En cuanto a la seguridad, el pasado viernes el Comité Militar Conjunto llegó en Ginebra a un importante acuerdo que confirma un alto el fuego definitivo, el establecimiento de una zona desmilitarizada en la zona Sirte-Al Jufra (que traza una vertical desde la costa en el centro del país hacia el interior), abandono del país por mercenarios y combatientes extranjeros en un plazo de tres meses y medidas de confianza como la reanudación de vuelos internos o el intercambio de prisioneros.

En lo tocante a la primera dimensión, la política, la Alta Representante interina del Secretario General de la ONU, Sra. Williams, ha puesto en funcionamiento (junto con la misión UNSMIL) un Foro de Diálogo Político que reúne esta semana a representantes de la sociedad y las instituciones libias, primero telemáticamente, y posteriormente, en noviembre, de forma presencial. Por lo demás, el presidente del Consejo, Sr. Serraj,  ha anunciado su retirada de la política y mantiene el plazo de marzo de 2021 para la celebración de elecciones.

En suma, queda mucho trabajo por delante, y hay muchas medidas acordadas pendientes de concreción, pero es decididamente un momento de esperanza.

Libia hasta 2011 tenía la esperanza de vida más alta de África, con el PIB nominal más elevado del continente africano y uno de los registros más significativos de desarrollo humano, pero estos datos han ido empeorando desde entonces. ¿Cuál es la situación de vida actual para la mayoría de la población?

Los largos años de guerra han sido duros y han perjudicado enormemente a la población, tanto en la destrucción de ciudades como en el desplazamiento de poblaciones o en el deterioro de servicios básicos.

La interrupción de petróleo provocó el colapso de muchos servicios. Ha llegado a haber sólo cuatro horas de electricidad al día, con la consiguiente detención del bombeo de agua corriente, que dejó de suministrarse. Ahora la situación ha mejorado algo, pero aún hay carencias en sectores como el sanitario (en un momento en que la epidemia COVID ataca con especial virulencia al país) o educativo, o incluso en el de la gestión de residuos.

Los ingresos del petróleo posibilitan la vida cotidiana de un porcentaje altísimo de la población, que recibe sueldos y subvenciones del Estado. Hay, no obstante, amplias posibilidades de mejora en equipamientos, infraestructuras y servicios, y sobre todo en una diversificación de la economía.

El petróleo es la principal fuente de ingresos del país, pero ¿la riqueza que genera redunda en el bienestar de la población?

Hace tan solo tres semanas, poco antes del levantamiento parcial del bloqueo impuesto por el ELN, la producción apenas alcanzaba los 100.000 barriles en todo el país. Ahora, como estaba previsto, la producción de petróleo ha pasado en una semana de 280.000 barriles diarios a más de 500.000, tras la reapertura escalonada, entre otros, de Sharara, el mayor pozo del país. JPMorgan considera que Libia podría alcanzar una producción de 1 millón de barriles diarios en marzo de 2021 si se mantiene la actual tregua.

Los ingresos del petróleo posibilitan la vida cotidiana de un porcentaje altísimo de la población, que recibe sueldos y subvenciones del Estado. Hay, no obstante, amplias posibilidades de mejora en equipamientos, infraestructuras y servicios, y sobre todo en una diversificación de la economía. No se puede considerar que los niveles de vida se corresponden a un nivel tan elevado de producción de hidrocarburos con una población tan reducida en términos relativos.   

¿Es preocupante la presencia del Daesh en territorio libio?

La principal amenaza terrorista procede de la presencia del Daesh y de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que están en una situación entre la coexistencia y la competencia en el sur del país. AQMI sigue siendo el grupo más activo en la región, donde financia y arma a milicias locales para asegurar sus tráficos ilegales.

Daesh llegó a proclamar un califato en la provincia de Sirte entre 2014 y 2016, de donde fue expulsada gracias a la acción militar, combinada con los bombardeos norteamericanos, a lo que se sumó la derrota en Siria, en 2019. Diversas fuentes consideran que el grupo está actualmente reforzándose, estableciendo nuevas células durmientes, y volviendo a extenderse hacia el norte, al calor del conflicto entre el GAN y ELN. A modo de ejemplo, la reciente toma de Sabratha por el GAN fue seguida por la apertura de las prisiones. Con ello más de cuatro decenas de convictos de Daesh quedaron en libertad.

A ello debe añadirse un factor más reciente: la entrada masiva de mercenarios y terroristas extranjeros -mayoritariamente sirios- para apoyar a las partes en conflicto. Parte de estos combatientes sirios estarían en paradero desconocido.

Un grave problema que tiene el país son los refugiados. Organizaciones humanitarias han reportado casos de torturas, abusos, tráfico sexual y exclavitud de refugiados que pasan por Libia con destino a Europa. ¿Estas personas se encuentran totalmente desamparadas hasta que logran salir del país?

Se pueden distinguir tres situaciones:

Libia tiene una elevada población migrante de África subsahariana, que se asienta y trabaja en el país, a menudo en situación ilegal. El informe trimestral de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) afirma que la tasa de desempleo entre la población inmigrante en Libia habría pasado de un 16% en febrero de este año a 27% en agosto, debido principalmente a los efectos de la pandemia.

El país es también lugar de tránsito para la migración ilegal y la trata de personas, en rutas desde el Sahel hacia Europa y Oriente Medio. Cuando los migrantes ilegales son interceptados, normalmente por la guardia costera libia, son recluidos en campos de internamiento en difíciles condiciones. Actualmente, hay unas 10.000 personas, del total de 800.000 migrantes, en esta situación.

En tercer lugar, la OIM cifra en más de 210.000 los desplazados internos desde el inicio de la última contienda en abril de 2019.

¿Cómo son las actuales relaciones diplomáticas entre España y Libia?

Las relaciones son muy buenas, de sincero afecto y entendimiento.

La visita al país de la Ministra de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Sra. González Laya, el pasado septiembre, muestra con claridad el deseo de España de reforzar esas relaciones y de colaborar en todo lo posible en la normalización del país, siempre de acuerdo con lo que decidan los propios libios.

¿Hay significativos intercambios comerciales entre ambos países?

Numerosos proyectos de envergadura en varios sectores quedaron interrumpidos por la guerra y se trabaja en retomarlos. Ahora se trata de que regresen las empresas. REPSOL sí sigue operando en el país y es la principal empresa española, con gran diferencia.

En los últimos meses, la pandemia ha llegado a ser un grave problema. El porcentaje de la población afectado es muy grande y las unidades de cuidados intensivos y otras posibilidades de atención médica, escasas.

La pandemia de Covid-19 ¿en qué medida está afectando a Libia?

En los últimos meses, la pandemia ha llegado a ser un grave problema. El porcentaje de la población afectado es muy grande y las unidades de cuidados intensivos y otras posibilidades de atención médica, escasas, como lo son los laboratorios para realizar análisis, que se concentran en las principales ciudades. El sur del país (Fezán) tiene una densidad de población escasa, lo que permite contener el contagio, pero por otro lado sufre graves carencias en atención sanitaria.

La cifra total es actualmente de 49.000 infectados y 725 fallecidos (a finales de junio el total de infectados era de en torno a 800). La mayor parte de casos de infectados se da en Trípoli (15.600) y Misrata (3.300). La última semana, la tasa de fallecidos por C19 ha subido a 1,6% y la proporción por millón/hab. se sitúa en 80.19, muy por encima de los países vecinos.

La OMS prevé cerrar próximamente acuerdos con socios internacionales para incrementar fondos contra C19 en Libia (UE, USAID).

mariagialma@gmail.comJavier García-Larrache, Embajador de España en Libia: “Queda mucho trabajo por delante, y hay muchas medidas acordadas pendientes de concreción, pero es decididamente un momento de esperanza”