Revista Casa Mediterráneo

Jesús Martínez, director comercial de Greene Waste to Energy: “Intentamos llegar a un residuo cero”

on August 11, 2020

El ingente volumen de residuos generados por el ser humano constituye uno de los principales problemas ambientales, por su alto impacto en el entono, la salud y la calidad de vida de las generaciones presentes y venideras. En el año 2011 cuatro amigos químicos que se conocieron en la universidad decidieron crear una empresa dirigida a deshacerse de ciertos residuos convirtiéndolos en energía y proporcionándoles así una nueva vida. Greene Waste to Energy transforma en gas residuos destinados al vertedero, una forma de contribuir a la economía circular eliminando desechos que se convierten en un tipo de energía con múltiples aplicaciones, tanto industriales como domésticas.

Con el fin de explicar cómo funciona el proceso de conversión de estos residuos en gas pobre y sus diversos usos, así como analizar la actual situación en torno a la gestión de los desechos, Jesús Martínez, director comercial de Greene Waste to Energy, participó el pasado 10 de julio en un encuentro virtual organizado por Casa Mediterráneo dentro del ciclo Medio Ambiente y el Mediterráneo, bajo el título Convertir la basura en una oportunidad: La gestión de residuos en el Mediterráneo, moderado por el periodista Miquel Hernandis. Jesús Martínez nos concedió una entrevista para profundizar en este tema tan acuciante.

¿Cómo surgió Greene Waste to Energy?

De un viaje a la India, donde íbamos a realizar una instalación de ingeniería. Allí descubrimos que se utilizaban los excrementos de las vacas para generar un gas que luego empleaban para cocinar, para obtener calefacción… Al preguntar por ello nos explicaron que se trataba de un proceso de gasificación para reutilizar el abono, de biometanización acelerado por gasificación, y nos dio la idea de hacer lo mismo con residuos industriales. Al final, se trataba de un proceso de descomposición térmica y nos propusimos abrir una línea de investigación al respecto. Ése es el germen. Nosotros, al ser de Elche, donde trabajamos para la industria del calzado, sabíamos que ésta tenía una voluminosa gestión de residuos, por ejemplo en la producción de suelas, en la que se utilizan cauchos, lomas y diferentes materiales. Además, estas empresas tenían unas necesidades energéticas elevadas, porque todas las plantas de inyección para la fabricación de suelas gastan bastante energía eléctrica. Entonces, se nos ocurrió que si de los residuos se puede obtener una energía eléctrica para abaratar los costes de los procesos de fabricación, ésta podía ser una vía de negocio interesante y también medioambiental. Ésta fue la idea inicial que ido pie al proyecto.

¿Qué residuos se pueden usar para generar este tipo de energía?

Hay muchos problemas de concepción en cuanto a los residuos. Hay residuos que pueden ser susceptibles de ser reciclados. Ese tipo de residuos que pueden tener una segunda vida no los utilizamos, sino aquéllos que van a ir al vertedero. Estudiamos si éstos tienen una base de carbono interesante como para poder ser susceptibles de someterlos a un proceso de gasificación. Para poder utilizar un residuo, necesitamos que en su composición exista carbono. Ahí entran papel, cartón, diferentes tipos de plásticos, material fácilmente biodegradable, los restos de comida… Piezas electrónicas no, porque suelen ser metales y no tienen base de carbono, con lo cual no se pueden gasificar, no serían reutilizables para un waste to energy.

Convertís estos residuos gasificables en gas de síntesis, llamado syngas. ¿Qué propiedades tiene?

Exacto, lo que hacemos es lo siguiente: el residuo, que es un compuesto sólido habitualmente, dependiendo de su estado inicial, lo sometemos a un proceso de descomposición térmica, es decir, aplicamos un calor indirecto de forma que suba su temperatura y se empiece a descomponer en una atmósfera muy pobre de oxígeno.

Para que se entienda, cuando cocinas por ejemplo un plato de pasta, empiezas a hervir el agua, introduces la pasta y se mantiene a unos 100 grados, porque el agua hierve a esa temperatura. Y mientras quede agua esa olla va a seguir estando a 100 grados. En el momento en el que se evapore todo ese agua, como el material que te queda es la pasta, seguiría aumentando la temperatura hasta que se empiece a descomponer el siguiente material o llegue al punto de evaporación. Subiría a 140, 160 o 170 grados y como ahí no tienes una atmósfera controlada de oxígeno, al final entraría en llamas y se pegaría fuego. Esto es lo que suele pasar con el aceite, porque tiene una parte de agua que es la que se evapora cuando empiezas a calentarlo, empieza a hervir y si dejas que siga calentándose, en cuanto pierda el agua y aumente la temperatura, en cuanto se termine de descomponer el siguiente material, prende. Cuando esto lo haces en una atmósfera controlada, el material al llegar a una temperatura de 100 grados evapora el agua, el contenido en humedad que tiene. Cuando alcanzas la siguiente temperatura, unos 120 o 140 grados, empieza a descomponerse el material y los compuestos, el polímero se comienza a craquear, las cadenas de carbono se hacen más pequeñitas. Conforme va aumentando la temperatura esas cadenas de carbono se hacen más y más pequeñas hasta que llegas a tener un gas que está compuesto de hidrógeno, monóxido de carbono y compuestos más pequeños como el butano, metano, etano… Al final has pasado de un estado sólido, en donde tenías un papel por ejemplo, a un estado gaseoso, en donde has craqueado ese polímero y tienes moléculas mucho más pequeñas de ese compuesto. Ese compuesto gaseoso es el que denominamos syngas, es un gas pobre.

¿Por qué es un gas pobre? Porque como estás utilizando una pequeña parte de aire, ésta tiene una cantidad de nitrógeno elevada. El nitrógeno es un gas inerte, no reacciona, simplemente ocupa volumen. Entonces, como estamos empleando una parte de aire, ese syngas tiene una composición en torno a un 49% de nitrógeno, que lo que hace es diluirlo. Por eso es un gas pobre, porque el poder calorífico que tiene no es comparable al de un gas natural. Un gas natural, que no tiene apenas nitrógeno, tiene un poder calorífico enorme. Se podría hacer un símil con una bebida alcohólica. Es como cuando tienes un whisky con una graduación muy alta y lo diluyes en agua. Esto viene a ser lo mismo. Se trata de un gas que diluyes en aire, por eso no tiene un poder calorífico tan fuerte.


¿Se trata de una energía de las denominadas limpias?

Cuando tienes un residuo, lo que hay que pensar es lo que actualmente se hace con él. Si ese residuo se somete a un proceso de incineración o va a un vertedero. En el vertedero el material se va a descomponer poco a poco por efecto del envejecimiento y de la descomposición natural de los materiales que allí hay. Eso va producir unas emisiones de metano, que cuando se emite a la atmósfera tiene una incidencia en efecto invernadero 20 veces mayor que el CO2, el más conocido, aunque el que tiene mayor impacto es aquél. Además, es capaz de producir una serie de lixiviados que pueden contaminar el medio acuático subterráneo.

Soluciones: en un proceso de gasificación haces una descomposición controlada del material, al final obtienes un gas que tiene una cierta composición y antes de utilizarlo tienes que depurarlo. Si tienes compuestos clorados o de azufre, antes de poder utilizarlos en una caldera, en un motor de combustión, un Fischer-Tropsch [proceso químico para la producción de hidrocarburos líquidos] o cualquier otra aplicación hay que depurar el gas para quitar esos elementos y para evitar problemas de emisiones o de utilización en otros equipos. Cuando tienes un gas es mucho más fácil hacer esas aplicaciones, son mucho más económicas y dan un mayor rendimiento que cuando empleas un proceso de incineración, donde quemas todo de golpe y luego son los humos de combustión los que tienes que gestionar. Aquí, controlas al máximo los lixiviados, las emisiones de CO2 y de metano, mientras que en un vertedero no se hace absolutamente nada.

Si realizas un proceso de Fischer-Tropsch para generar ceras tus emisiones son prácticamente cero porque no estás utilizando luego el gas como un combustible adicional. Si es una energía limpia o no va a depender de las aplicaciones finales, pero evidentemente aunque vayas a utilizarlo en una caldera o en un motor de combustión, las emisiones van a estar mucho más por debajo que en un proceso de incineración. Al final tienes que compararlo con algo. Cuando te van a pedir la huella de carbono o a medir las emisiones que vas a evitar al hacer este proceso te tienes que comparar con lo que hay actualmente. En líneas generales, lo que buscas con aplicaciones de este estilo es mejorar lo que actualmente hay y reducir las emisiones de generación de energía al mínimo, así como la gestión del residuo, porque al final estás intentando ir a un residuo cero, que es el objetivo final de todo esto. Que al vertedero llegue lo mínimo posible y lo que tenga que llegar que esté inertizado.

En España, ¿es complicado controlar el fenómeno de los vertederos ilegales? ¿El actual marco normativo ampara el desarrollo de este tipo de energías más limpias?

Los vertederos ilegales actúan fuera de la ley. Haberlos haylos, pero autoridades como el Seprona son las que tienen que controlarlos. Es un problema medioambiental. Con respecto a la normativa, sí que es verdad que en estos años previos al 2020 la Unión Europea ha impulsado mucho el tema del horizonte 20-30 con normativas y modelos de gestión que van muy acordes al tema de la reutilización de residuos, intentando la generación de energía a partir de los que ya no tienen utilidad para ser reciclables y que van a acabar en un vertedero. Aquí lo que se busca es el residuo cero, que se intente enterrar lo mínimo posible.

El problema que tenemos en España, y de manera general en casi toda Europa, es que las concesiones que se hacen a las empresas para que gestionen los distintos vertederos tienen una duración de unos 25 años. Hay plantas que se renovaron en 2005 y es difícil que, quedándoles tan poco tiempo de gestión, se les hagan las reformas necesarias para poder cumplir con la actual normativa. Lo que se está haciendo en muchos casos es esperar a que se acaben esas concesiones para sacar las nuevas licitaciones, donde entrarían ya las mejoras para cumplir con los objetivos de 2030. En 2020 hay muchas plantas que no han llegado, ni van a llegar, porque están muy lejos de los ratios de reciclaje que se exigen.

En 2020 deberíamos estar cumpliendo que el 50% de lo que llega al vertedero se debería reciclar y en 2030 sólo se dejaría un 10% sin reciclar. Estamos bastante lejos del horizonte de 2030, pero la normativa está avanzando bastante en cuanto a las nuevas licitaciones y medidas que se exigen para gestionar los vertederos. Poco a poco se irá llegando ahí. Un problema con el que nos encontramos es el de la concienciación, tal como lo veo yo. Aquí no podemos pretender pagar por la gestión de nuestra basura 10 ó 15 euros por tonelada y pensar que eso va a llegar a la planta de tratamiento y va a ser maravilloso. Al final, cuando tienes que hacer un tratamiento de esa basura y esperar que cuando llegue a la planta se separen las distintas fracciones de plásticos, papel, cartón, los voluminosos, las latas… cuanto más nivel de separación, más equipos tiene que tener esa planta de clasificación y por lo tanto más cara será. Al final, lo que se tiene que hacer es aumentar el precio de la gestión del residuo para que el gestor que va a tener que hacer esa inversión en las plantas pueda amortizarlo en esos 20 ó 25 años. Y además en esta zona, la mayoría de los municipios no tiene recogida selectiva.

Si estás dos días sin bajar la basura de tu casa, abres la bolsa y decides separarlo todo, el cartón de los cereales, el plástico, el papel de periódico, los restos de comida… el papel se habrá empezado a deshacer con los líquidos que sueltan ciertos materiales y cuando se trata de toneladas, este proceso de separación resulta muy complicado. Falta cultura a nivel general. Cuando se dice que todo se puede reciclar, es hasta cierto punto, porque cuando todo está tan mezclado es muy difícil. Cuando la basura llega al vertedero hay una parte que se denomina “fracción rechazo”, materiales que podrían ser reciclados, pero están tan sumamente mezclados que es muy complejo separarlos. Ésa es la parte sobre la que la Unión Europea te deja actuar en los procesos de valorización energética. Lo que pasa actualmente es que en las plantas más antiguas esa fracción rechazo tiene un volumen muy alto, porque se carece todavía de los sistemas y de los equipos para poder separarlos a un mejor nivel. Es un problema porque te están pidiendo que llegues a unos ratios de reciclaje, pero si todavía no tiene los equipos necesarios es muy difícil pedirle a esa planta o vertedero, que está en uso quizás desde el año 2000, que se habitúe, ya que implica un salto bastante grande. Lo que se pedía en 1998 no es lo mismo que lo que se exige ahora y hay que adecuar muchas instalaciones para poder llegar a esos ratios de recuperación que se están demandando.

Luego también hay muchas medidas que la normativa va a hacer incidir en nuestro modelo de recogida. Uno de los grandes problemas que hay con el residuo urbano es la materia orgánica. Si estabilizas esa materia orgánica para hacer un abono, como ha estado en contacto con celulosas y con tintas muchas veces no cumplen las analíticas para poder utilizarla como fertilizante. ¿Cómo se podría solucionar? Con la recogida selectiva, al menos de la materia orgánica. En muchos municipios ya están planteándose su puesta en marcha con el contenedor de color marrón [donde se depositan restos de materia orgánica formados por desperdicios de fruta, verdura, cocinados de carne, pescado y marisco, frutos secos, infusiones, posos de café, cáscaras de huevo y otros restos de comida, tapones de corcho, cerillas, serrín, servilletas usadas, papel de cocina sucio…]. Tiene que haber una concienciación de la sociedad, ser consciente en tu casa de que hay que tener dos cubos diferenciados. Si no hacemos ese esfuerzo es difícil que podamos llegar a los ratios de recuperación de los países del norte de Europa. Allí también se les incentiva mucho con el retorno de los envases, como ocurre por ejemplo en Alemania, donde la gente los devuelve a cambio de dinero.

¿Qué aplicaciones tiene el tipo de energía que produce Greene Waste to Energy?

Una de sus aplicaciones es la energía térmica, en forma de calor, que se puede utilizar en una depuradora, donde hay una cantidad enorme de lodos y es preciso evaporar una gran cantidad de agua; ese calor lo puedes utilizar para secar esos lodos. Muchísimas industrias necesitan calor para su proceso de producción, por ejemplo las cerámicas para hacer ladrillos, las cementeras, donde estamos acostumbrados a ver hornos gigantescos, las industrias papeleras, donde se hace el reciclado del papel, las empresas del sector lácteo para efectuar la esterilización de la leche… La necesidad de calor es muy recurrente en la industria.

Otro ámbito de aplicación es la energía eléctrica, que todo el mundo necesita; siempre viene bien generarla para reducir los costes de consumo. Y luego otro tipo de aplicaciones son los aceites, las ceras, las parafinas que se pueden utilizar haciendo un proceso de Fischer-Tropsch para generar otros precursores químicos, para generación de gas metano, que podría verterse en la red de gas natural, por ejemplo. Se trata de ver la composición del gas y las necesidades existentes en un proyecto concreto para dilucidar la viabilidad más factible. Se podría generar también metano, un compuesto químico que se utiliza en muchísimas formulaciones. De lo que se trata es de darle otro uso a un residuo que iba a ser enterrado, o bien energético o bien generar otro producto que se pueda utilizar.

¿Esto es lo que se denomina economía circular?

Exacto, es un sistema de economía circular. Volver a introducirlo en la economía, o como energía o como otra materia prima.

Este tipo de energía esta obteniendo una fuerte demanda internacional. Entre otros proyectos, su empresa ha desarrollado una planta de gasificación para la isla griega de Creta. Y en nuestro país, tiene en marcha proyectos en diversas comunidades autónomas. Háblenos de algunos de ellos.

Trabajamos con dos tipos de clientes: la empresa privada, que es el sector industrial, y la administración pública, con la gestión del residuo sólido urbano. Son dos casos muy distintos. El industrial va buscando gestionar sus residuos de una forma más sostenible, más eficiente y sobre todo con un ahorro en su proceso de producción, tanto energético como en los costes que le puede suponer la gestión del residuo. Y, sobre todo, hemos detectado en los últimos años una apuesta en el sector industrial por la responsabilidad social corporativa. Prefieren pagar un poco más y que lo que están haciendo tenga una repercusión medioambiental positiva. Esa concienciación sí que va llegando, especialmente en las grandes empresas.

Y luego, en el ámbito de la administración pública, como la normativa europea viene empujando fuerte, tecnologías como ésta están empezando a tener una demanda importante. Hace cinco o seis años era muy residual, pero conforme se ha ido acercando 2020, se está incrementando.

Por último, la actual crisis del Covid-19 ha evidenciado que la Naturaleza se recupera en poco tiempo cuando se le da un respiro. ¿Esta coyuntura puede suponer un punto de inflexión para que el mundo sea consciente de la necesidad de cuidar el planeta?

Me gustaría pensar que sí, pero viendo cómo está actuando la gente estos meses después del confinamiento, creo que todo va a seguir igual. No lo termino de entender. Tienes señales por todos los lados. Todos los años batimos récords de veranos más calurosos, cada vez tenemos más trombas de agua en octubre, sobre todo por esta zona, y no ocurre sólo aquí, también pasa en Australia, en Latinoamérica, en Estados Unidos… En EE.UU. cada año cuando llega la época de huracanes se baten récords y vienen cada vez más seguidos. Las inundaciones de los monzones cada vez son más fuertes, todo va a más. Algo estaremos haciendo mal. Pero cambiar de la noche a la mañana el modelo actual es complicado. Hemos tenido un parón de dos meses y parece que se vaya a acabar el mundo. Tiene que haber un cambio profundo a todos los niveles. Ha de haber un cambio en la sociedad, en primer lugar, y también por parte de las empresas. Hay un sobreconsumo que no tiene sentido. Somos una máquina de generar residuos.

El encuentro Convertir la basura en una oportunidad: La gestión de residuos en el Mediterráneo celebrado en Casa Mediterráneo puede verse aquí:

Más información, en la web de Greene Waste to Energy.

mariagialma@gmail.comJesús Martínez, director comercial de Greene Waste to Energy: “Intentamos llegar a un residuo cero”