Revista Casa Mediterráneo

Neila Benbey, cantante argelina: “La música alimenta el alma, no tiene fronteras ni necesita visados”

on octobre 23, 2020

La programación de octubre de Casa Mediterráneo incluye una velada musical que nos hará viajar por las músicas de diversos enclaves del Mare Nostrum a través de la voz portentosa y sensual de la cantante argelina Neila Benbey acompañada al piano por el reconocido músico Harvard Enstad. El espectáculo, titulado Alma mediterránea, se engloba en el ciclo Melodías del Mediterráneo y tendrá lugar, de forma presencial, en la sede de Casa Mediterráneo el próximo viernes 23 de octubre a las 19:00 horas. Las personas interesadas en asistir al concierto, que es de carácter gratuito, deberán inscribirse previamente aportando sus datos personales (nombre y apellidos, número de DNI y teléfono) a través del correo electrónico comunicacion@casa-mediterraneo.es.

Con el fin aportar un poco de conocimiento sobre Neila Benbey y su música, mantuvimos una entrevista telefónica con la cantante, en perfecto castellano, quien reside en Barcelona desde el año 1994, ciudad en la que tomó la decisión de dedicarse profesionalmente al canto y en la que inició una carrera profesional que la ha llevado a debutar con el espectáculo ‘Mil i una nits’ de Les Comediants, a involucrarse en diversos proyectos musicales de SUK (L’Orient Espès) o Carles Santos y a colaborar con la Gani Mirzo Band, Cheb Balowski (Nur) y Meridiana (Jordi Rallo y Luigi Cabanach).

En la actualidad, lleva su carrera en solitario acompañada en la dirección musical por Havard Enstad, músico con un amplio recorrido por las músicas mediterráneas y del mundo. En 2010 publicó su primer disco Algerian Soul, donde Neila Benbey viaja al corazón de Argelia para mostrarnos grandes clásicos de la música popular argelina adaptados con originalidad al siglo XXI por su peculiar banda de fusión mediterránea. En 2014 colaboró con el músico Gani Mirzo en el disco Kampo Domiz, con quien ya actuó en Casa Mediterráneo en un concierto solidario con el pueblo sirio.

Por lo que he leí­do en su biografía, su pasión por el canto le viene desde pequeña, pero fue en Barcelona, donde actualmente reside, donde decidió dedicarse profesionalmente a ello. ¿Cuál fue el acicate que le animó a dar ese paso?

La verdad es que cuando llegué allí mi objetivo principal era sacarme la carrera de empresariales. Y cuando estaba acabando los estudios, justo en el último año me dije: Siempre me ha gustado cantar, siempre me ha gustado la música, ¿por qué no tomar clases de canto y ver si realmente este hobbie que tengo desde pequeñita puedo desarrollarlo, potenciar mi voz, mi técnica y todo lo que hace que un cantante pueda actuar de manera profesional? Entonces a partir de ahí empecé con las clases. Duraron casi siete años. El primero estuvo muy centrado en la respiración y la técnica. Le decía a la profesora: ¿Cuándo voy a cantar? Y ella me respondía que cuando supiera respirar (risas). Empecé a tomármelo en serio durante esos siete años. Luego ocurrió una gran casualidad. Quería hacer una muestra en un CD de cuatro canciones y conocí a una persona que estaba en mi clase. Esta persona me ayudó porque tenía un estudio de grabación y gracias a ello conocí a un músico de Les Comediants que me dijo que estaban buscando a una cantante que cantara en árabe y en castellano. Me pasé e hice una prueba.

Ese papel estaba hecho para usted.

Totalmente. Las casualidades de la vida, en las que dices: ¡Gracias a Dios! Y así empecé con Les Comediants. La verdad es que entré en el mercado profesional por la puerta grande. Yo no conocía este mundo del teatro, de actuar en el escenario, empezar una carrera y adaptarme, saber escuchar a los músicos… ha sido un aprendizaje muy bonito, una experiencia increíble en el sentido emocional, profesional y humano.

La primera vez que se subió a un escenario, además con Els Comediants, ¿qué sintió? ¿En algún momento tuvo pánico escénico?

La verdad es que en el barrio donde estaba viviendo en aquella época tenía un grupo con el que interpretábamos gospel, en el centro cívico, y a raíz de esto hice un poco de teatro musical durante dos años. Me aportó mucho para perder el miedo escénico, aunque todavía lo tengo. Los diez primeros minutos sobre el escenario tengo unas sensaciones muy fuertes en el estómago, pero luego se me pasa. El primer día que me subí al escenario con Els Comediants experimenté una sensación entre orgullo, felicidad y miedo a no hacerlo bien, pero cuando pasaron cinco minutos desde que empecé a cantar y escuché la ovación del público, como autoagradecimiento me dije: Neila, tú puedes, relájate y disfruta. Y partir de ahí he estado de gira un año y medio con ellos por toda España, un poco por Italia, estuvimos en Canarias, Melilla, Siracusa… Ha sido una experiencia muy bonita.

Usted ha colaborado con diversas formaciones como la Gani Mirzo Band, Cheb Balowski (Nur) y Meridiana (Jordi Rallo y Luigi Cabanach). ¿Cómo surgieron estas colaboraciones musicales y qué le aportan como cantante?

El director musical de Les Comediants era Gani Mirzo y a partir de ahí empecé con él, me cogió en su banda y me propuso que una vez terminado el proyecto con Els Comediants me fuera con él, escribiéndome y componiéndome canciones. La verdad es que hasta hoy en día sigue la colaboración; la semana pasada estuve actuando con él en Barcelona, nos conocemos desde hace 15 años y colaboramos en muchos proyectos. Gani Mirzo es sirio y está muy movilizado con la gente que se encuentra en los campamentos de refugiados en Irak y Siria, grabamos un CD y hacemos lo posible para que los niños puedan viajar, aunque no sea físicamente, sí con la música. Ha montado una escuela allá y hemos colaborado.

Con Meridiana la experiencia también ha sido muy bonita. Uno de los músicos que estaba en Els Comediants forma parte del grupo. Conocí a Luigi Cabanach, el guitarrista que estuvo con Gato Pérez, con una amplia carrera, y hemos hecho canciones en castellano, en francés, me compuso una canción muy bonita sobre Argelia, que la cantaré el viernes en Alicante. Y con Cheb Balowski surgió la colaboración porque había venido a vernos al escenario y me invitaron a grabar una o dos canciones. Ha habido muchas colaboraciones por las que he apostado, porque cuando crees en el proyecto vas, si te gusta la música… yo me muevo mucho por el feeling. Si una canción, una composición no me llega no voy. Si me llega directamente al corazón y al alma voy con los ojos cerrados.

La música recoge las diferentes tradiciones de los pueblos del Mediterráneo, desde los sonidos árabes, pasando por el flamenco, las percusiones del norte de África…

En 2010 sacó su primer disco, ‘Algerian Soul’ donde hace un viaje al corazón de su país para recorrer los grandes clásicos de la música popular argelina, adaptados al siglo XXI. ¿En el espectáculo del viernes en Alicante sonarán algunos de estos temas del álbum?

Por supuesto, ya que estamos hablando del Mediterráneo haremos un viaje por muchos de los países que están en las dos orillas, Túnez, Argelia, Egipto, Líbano, Francia, España… Y habrá canciones de mi disco.

Pese a la idiosincrasia particular de cada paí­s, ¿la música mediterránea tiene una esencia común?

Sí, la música recoge las diferentes tradiciones de los pueblos del Mediterráneo, desde los sonidos árabes, pasando por el flamenco, las percusiones del norte de África, a través de Egipto, El Líbano… Y nuestra historia está marcada por la influencia de numerosas culturas que vinieron y se fueron. Creo que la raíz es común, la tenemos que plantar y regar para que siga durante años y siglos y no se acabe nunca, porque este mar nos une. Me gusta recordar que durante la Guerra Civil española muchísima gente cogió un barco en busca de una vida mejor en la otra orilla del Mediterráneo, tanto en mi país, Argelia, como en Marruecos o en Túnez. Allí se construyeron una vida, encontraron un oficio, fundaron su familia, su empresa y se quedaron durante años. Entonces, lo queramos o no, estamos unidos y para siempre.

A nivel personal, ¿qué significa para usted la música y qué es lo que le gustarí­a lograr transmitir al público que la escucha?

Transmitir esto: que cierren los ojos y se dejen llevar por la música aunque no entiendan la letra, a veces solamente con las emociones, con las tonalidades, la manera de cantar o de tocar puede hacer llegar el sentimiento de amor, de melancolía, de tristeza o de felicidad a la gente que lo esté escuchando. Esto a mí me pasa por ejemplo cuando estoy escuchando un idioma que no es el mío. Aunque no lo entienda, si realmente me llega me pone la piel de gallina.

Y yo creo que la música alimenta el alma, la música es vida y sobre todo no tiene fronteras, ni necesita visados. Como siempre digo es como las especias, cuando pones una diferente, como la canela o el azafrán, cierras los ojos y estás en otro país, en otra cultura, con otra gente. Te hacen viajar, como la música, que transporta a otro lugar a quien la escucha y sobre todo llega al alma.

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