Revista Casa Mediterráneo

‘Gato negro, gato blanco’ o el exceso de Kusturica

en junio 1, 2020

Nacido en Sarajevo (actual Bosnia y Hergezovina, pero en el momento de su nacimiento parte de la antigua Yugoslavia), Emir Kusturica tiene, sin embargo, alma y corazón serbio y en 2005 fue bautizado en una iglesia ortodoxa serbia para reafirmar sus raíces. Kusturica, que se graduó de la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Praga, tiene el típico temperamento extrovertido que se le supone a los habitantes de los Balcanes (lo cual no deja de ser una generalización estereotipada) y gusta de representar a la comunidad gitana que encontró en su infancia y parte de su adolescencia. 

Luis López Belda

Proclamado, por la crítica internacional, cineasta de la intriga burlesca de la mafia, sigue siendo un testigo privilegiado de los conflictos que dividieron a la ex Yugoslavia, un período doloroso que influyó en su visión artística y su modo de entender la vida. Un ejemplo evidente tuvo lugar cuando se enfrentó al líder del Partido Radical Serbio SRS (Movimiento Ultranacionalista) Vojislav Seselj en las calles de Belgrado.

‘Underground’ (1995) sigue siendo hasta el día de hoy el trabajo que marca el viaje filosófico del director, una película muy controvertida cuando fue estrenada y premiada con la Palma de Oro en Cannes en 1995. Esta sátira desvela virulentamente las telas de mentiras que plagaron a la Yugoslavia comunista (y la crítica binaria que surgió en ese momento, la división en pros y contras del sistema) e ilustra todas las dificultades de tratar un tema tan sensible al cine. Ganador de otra Palma de Oro por su ‘Papá está en un viaje de negocios’ (1985), sólo cinco directores de cine, en toda la historia, pueden presumir de haber obtenido dos Palmas en Cannes. La exuberancia desbordante de su estilo puede hacer considerar a Emir Kusturica, como el digno sucesor del gran director de lo circense y operístico, Federico Fellini.

La historia que cuenta el film es, en apariencia, sencilla. Matko, el gitano, que vive a orillas del Danubio traficando con los rusos, necesita dinero para hacer un movimiento importante. Le pidió a Grga Pitic, padrino de la comunidad gitana y viejo amigo de la familia, que lo financiara. Grga está de acuerdo, pero las cosas salen mal y hay que pagar la deuda con un matrimonio concertado.

‘Gato negro, gato blanco’ nos sumerge en esta cultura gitana enraizada en las raíces centenarias de la saga familiar. La impresión de haberse cruzado con estos  personajes locos, en ‘Underground’ o ‘El tiempo de los gitanos’, es tangible ya que las similitudes son evidentes y buscadas conscientemente por Kusturica. 

La idiosincrasia étnica es escandalosamente caricaturizada, lo que puede  golpear la sensibilidad de algunos espectadores aunque Kusturica, siempre inteligente, sabe no cruzar nunca la frontera de lo inaceptable. El más exuberante de todos, Dadan (Srdan Todorovic), el narcotraficante maníaco-depresivo, realmente atrae todas las miradas del público. Su papel resucita el de los “bufones” que entretenían a la corte.

El film se puede considerar una mezcla de intriga amorosa, de película de mafiosos y de canto a la comunidad y esta mezcolanza casi nunca chirría, sin dejar que el hilo del guión se enrede más de lo necesario. Las historias están unidas por este cemento tribal tan característico de la comunidad gitana, el clan tiene sus reglas y todo funciona en un mundo aparte, peculiar y diferente. 

Emir Kusturica difunde todos los ingredientes de su cocktail explosivo con grosería a veces exagerada, pero lo políticamente correcto nunca ha sido, afortunadamente, parte de su lenguaje. El episodio de la muerte de Zarije refleja el difícil compromiso entre las tradiciones seculares y una cierta modernidad en el comportamiento de los jóvenes en busca de libertad, jóvenes que intentan alejarse del código establecido por la tribu. El tratamiento del tema es a la vez delirante, subversivo y, en última instancia, cuestionable. El conflicto intergeneracional (Zare-Matko-Zarije) es, en resumen, el elemento clave de este embrollo con un estilo pomposamente barroco y descompensado. La ceremonia de la boda es un modelo de exuberancia kusturiana, una bacanal posmodernista que acentúa este debilitamiento de las identidades colectivas e individuales. 

La película está inspirada, en gran medida, en un cómic italiano, famosa en la Yugoslavia en los años 80, ‘Alan Ford’,  personaje creado por Max Bunker (Luciano Secchi) y Magnus (Roberto Raviola). Emir Kusturica también rinde homenaje a un grande de su profesión como Billy Wilder en la escena en la que Ida le dice a su torpe Zare, “Bésame, tonto”, referencia al film de 1964 dirigido por el autor de ‘El apartamento’ y, por extensión, a todas las comedias cínicas de los años 50 y 60. 

Liberado de su compositor favorito Goran Bregovic (‘Underground’ fue su última colaboración), la banda sonora es una síntesis de la música tradicional bálcanica con sonidos hispanos y latinos, una “música mundial” que refuerza esa obsesión con la libertad que Emir Kusturica quiere imprimir a lo largo de esta bufonada.

“No hay genio sin un toque de locura” decía Aristóteles. Con este film Emir Kusturica abre las puertas a un universo mágico donde sólo se permiten jefes absolutos y bromas. El ritmo agitado de esta mezcolanza, expertamente orquestada, nos transporta a un torbellino alucinante rara vez igualado en el cine reciente. 

 Ficha artística: 

Título original: Crna macka, beli macor. Director y Guión: Emir Kusturica. 123 minutos. Género: Comedia absurda. Música: Nelle Karajlic, Dejan Sparavalo, Vojislav Aralica. Fotografía: Thierry Arbogast. Intérpretes: Bajram Severdzan, Branka Katic, Florijan Ajdini, Jasar Destani, Zabit Mehmedov, Srdjan Todorovic, Salija Ibraimova, Stojan Sotirov, Sabri Sulejmani

 Principales premios: 

Venecia: León de Plata; mejor director

Premios del cine Europeo: Nominada a Mejor fotografía

 Plataforma de streaming donde puede verse el film: 

Filmin

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