Revista Casa Mediterráneo

Gervasio Sánchez: “En Sarajevo la gente que quedó atrapada intentó mantener la dignidad ante el desastre y la inoperancia absoluta de la comunidad europea”

en octubre 28, 2021

La imagen de un niño tendido en la calle en medio de un charco de sangre a causa de los disparos de un francotirador condensa todo el horror de la guerra. Un horror que jamás tendrían que haber sufrido las personas que quedaron atrapadas en ciudades como Sarajevo entre abril de 1992 y diciembre de 1995 cuando las guerras de los Balcanes incendiaron el corazón de Europa. El fotorreportero Gervasio Sánchez fue testigo directo de aquella barbarie, que documentó en sus crónicas y fotografías, ante la pasividad de la comunidad europea y sus ciudadanos para poner fin a un conflicto incomprensible, tan sólo ocho años después de que la capital bosnia, Sarajevo, hubiera albergado los Juegos olímpicos de invierno y se caracterizara por ser un modelo de convivencia multiétnica y religiosa. En el transcurso del conflicto, Sánchez quiso dar un giro a sus imágenes y centrarlas más en los vivos, y especialmente en los niños y los jóvenes que jugaban entre edificios magullados por bombas y metralla, para quienes el éxito consistía en sobrevivir.

Veinticinco años después del aquel asedio, Gervasio Sánchez ha regresado, porque él siempre regresa al lugar del conflicto cuando éste ya no interesa, para encontrarse con aquellos niños y jóvenes que fotografió por aquel entonces, conocer cómo la guerra cambió sus vidas y cómo es posible, si lo es, continuar viviendo después de haber sido víctima de ella. Este viaje al pasado supone un emotivo reencuentro en el que sus protagonistas, ya adultos, cuentan la única verdad: el sinsentido de la guerra, el inconmensurable dolor que provoca y la huella que deja en quienes lograron salir vivos. El documental ‘Álbum de posguerra’ está basado en una idea de Sánchez, a quien acompaña la periodista Amanda Sans Pantling, está codirigido por Airy Maragall y Àngel Leiro con la productora Lukimedia y cuenta con el apoyo financiero de numerosas entidades, entre ellas Casa Mediterráneo, las cadenas Aragón TV, Movistar + (plataforma en la que está disponible), Arte, la alemana ZDF o Al Yazira.

Como motivo de su proyección el pasado martes 26 de octubre en Casa Mediterráneo, Gervasio Sánchez nos concedió una entrevista en la que quisimos indagar en el origen del proyecto, sus recuerdos de aquella guerra, de las 25 que ha cubierto a lo largo de 37 años de carrera, y su visión, nada complaciente, del periodismo que actualmente se hace en nuestro país.

Gervasio Sánchez junto a la periodista Sonia Marco en la proyección del documental en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo.

Usted afirma que las guerras no terminan cuando se firman los acuerdos de paz, sino que persisten mientras sus consecuencias sigan presentes en quienes las sufrieron. ¿Los protagonistas de sus fotografías en el sitio a Sarajevo han logrado reanudar sus vidas?

A estos niños y adolescentes me los encuentro 25 años después. Posiblemente, ellos en su subconsciente tenían el impacto de la violencia de la guerra porque fueron cuatro años bajo el fuego, con muchos muertos y heridos. Y algunos de ellos confiesan en el documental que al contacto con mis fotografías, que son las únicas que tienen de la guerra, algo activa su memoria y les hace retroceder en el tiempo. Los más jovencitos vivieron la guerra como niños; los más adolescentes, que tenían 14 o 15 años, evidentemente, la conservan muy clara en la cabeza y algunos de ellos remarcaban en el documental que destruyó su infancia, su adolescencia, les impidió crecer como personas y al final lo más importante fue sobrevivir.

De manera que, evidentemente, sus vidas están marcadas. El cerco de Sarajevo duró desde abril de 1992 hasta diciembre de 1995, unos tres años y ocho meses. La guerra les impactó mucho. Uno de ellos, por ejemplo, empezó a jugar al baloncesto muy joven, pudo llegar lejísimos pero a los 25 años se tuvo que retirar porque la malnutrición sufrida durante la guerra le hacía caer fácilmente en lesiones. Se vio forzado a dejar de jugar en Italia después de haber sido capitán en la Selección de Bosnia-Herzegovina y haber sido jugador del equipo de Sarajevo.

En el documental sostiene que durante la guerra decidió retratar a los vivos, en vez de a los muertos. De alguna manera, ¿como periodista se había propuesto tratar de despertar conciencias?

Sí, cuando llegué a los Balcanes llevaba casi diez años trabajando en zonas de conflicto, había cubierto la guerra de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, había estado en el conflicto del sur de Colombia, Perú, la dictadura de Chile, Argentina… Llevaba un tute de conflictos tremendo. Empezó la guerra y fui a cubrirla. Caían bombas, mataban y yo estaba allí haciendo crónicas literarias y fotos. Hasta que llegó un momento en que un año después de estar cubriendo el conflicto, en marzo del 93 empecé a darme cuenta de que lo importante no era tanto mostrar los muertos, que son el menor problema en una guerra, porque ya están muertos y se entierran, sino qué pasaba con los vivos. Hasta el punto de que cuando publiqué mi primer libro fotográfico sobre el cerco de Sarajevo, sólo había dos muertos descubiertos y dos o tres escenas de cementerios, el resto eran historias de vivos. Me di cuenta de que documentar los vivos permitía mejorar la visión que tenían los ciudadanos sobre el impacto del conflicto armado entre los civiles.

Los puentes de convivencia entre las comunidades estaban destruidos y así siguen hoy día.

De algo de lo que no se suele hablar cuando una guerra acaba es de las secuelas psicológicas que ésta deja en la población. Muchas personas, de hecho, necesitan tratamiento psicológico o psiquiátrico.

Claro, el problema es que en los Balcanes se firmaron los Acuerdos de Paz que pusieron fin al desastre de la guerra. Ya por el hecho de no caer bombas, estás mejor, pero eso no significa que se haya normalizado tu vida. Luego llegó el dinero, que sirvió para tapar los agujeros de las paredes, la reconstrucción física de la ciudad y del país, se invirtió mucho -hoy en día en Sarajevo es muy difícil encontrar huellas de la guerra, tienes que ir con lupa, aunque sí que hay sitios donde quedan recuerdos físicos- y todo el mundo empezó a decir que ya estaba todo solucionado, en cambio, los puentes de convivencia entre las comunidades estaban destruidos y así siguen hoy día. Y no hubo ningún tipo de proyecto de ayuda psicológica ni psiquiátrica para los ciudadanos, ni para los más vulnerables, que eran los niños y los adolescentes. Los niños se encontraron con que hoy estaban en guerra y mañana en paz y tenían que continuar con sus vidas, sin que nadie les diera una explicación de lo que había ocurrido durante cuatro años bajo el conflicto.

Solamente cada comunidad y cada partido político vinculado a ellas -en Bosnia son muy sectarios-, el musulmán, el serbio… lo que hacían era publicitar la guerra según su punto de vista, quiénes eran los malos y quiénes los buenos. Y con el paso de los años y las décadas todo se ha quedado ahí. La guerra se acabó con el acuerdo de paz, pero éste cometió una trampa porque creó un monstruo institucional -dos parlamentos, dos gobiernos…- una estructura caótica, muy burocrática, muy cara y corrupta. Y ahora mismo, 25 años después del fin de la Guerra de Bosnia -acabó en diciembre pero la tensión de la guerra duró hasta marzo de 1996- las consecuencias todavía son claramente visibles cuando hablas con los ciudadanos. 

Biblioteca de Sarajevo, destruida durante el asedio a la ciudad – © Gervasio Sánchez.

En la actualidad, además de la España vacía, se está dando el fenómeno de la Europa vacía, una serie de países del este y centro del continente que no ofrecen demasiadas oportunidades de futuro a los jóvenes. ¿Cuál es la situación económica de Bosnia?

Es un desastre. Hay una corrupción política impresionante, el dinero se pierde por los desaguaderos de la corrupción, no hay oportunidades económicas para los jóvenes, que se están marchando en masa. Cualquier joven bosnio de entre 18 y 30 años se quiere marchar del país, la inmensa mayoría, salvo la gente que está conectada políticamente por los partidos religiosos. Es decir, si tu padre, un amigo o tu tío son del SDA [Partido de Acción Democrática], que es el partido musulmán, te va a encontrar un trabajo, pero si eres una persona que mantiene una distancia política acabas marchándote. Cada año se van decenas de miles de bosnios a Alemania, a Italia, a Austria o al norte de Europa.

Los ciudadanos europeos no tuvieron ningún tipo de sensibilidad sobre lo que estaba pasando en el patio trasero de la Europa de Maastricht, que eran Los Balcanes, y salvo excepciones, la inmensa mayoría no hizo absolutamente nada por presionar a sus gobiernos para que pusieran fin al terror y horror diario de Sarajevo y las demás ciudades.

Volviendo al pasado, a los años de la guerra, el corresponsal Alfonso Armada me contó que pese a todo, la vida seguía en Sarajevo bajo las balas de los francotiradores y era llamativo cómo, por ejemplo, los músicos y los actores de teatro seguían representando espectáculos, jugándose la vida, una especie de una válvula de escape ante tanto horror. 

Lo que creo es que los ciudadanos de Sarajevo, en su inmensa mayoría, se encuentran con una guerra que no podían imaginar -ocho años antes había sido capital olímpica de los Juegos de Invierno del 84, era multicultural y multirreligiosa, ni siquiera había habido guerra durante la Segunda Guerra Mundial-, de repente todo salta en mil pedazos y empiezan a matarse unos a otros en cualquier esquina, se cortan calles y se quedan atrapados intentando mantener la dignidad, intentando sobrevivir de una manera muy digna en su totalidad. Los periodistas tratan de realizar su diario todos los días, los panaderos intentan hacer el pan, algo muy importante porque no había otra cosa que comer, la gente va a los mercados a comprar y vender bajo el fuego, los niños van a recoger el agua de las fuentes, que son bombardeadas, los enfermeros y los médicos se afanan por salvar vidas humanas… Todo el mundo intenta actuar y los artistas hacen también su trabajo. 

Dos hermanas juegan en pleno sitio a Sarajevo delante de un tanque de la ONU que reparte caramelos y chocolatinas entre los niños. Imagen incluida en ‘Álbum de posguerra’ – © Gervasio Sánchez

Sé a qué se refiere Alfonso, porque estábamos juntos cuando hicimos ese reportaje. Él se sorprendió muchísimo de que se hicieran obras de teatro incluso en búnkers y que hubiera una actividad cultural, y la había al igual que había actividad estudiantil. Los estudiantes iban a los institutos y a la universidad y los francotiradores se los cargaban por el camino.   Establecer una serie de categorías de quiénes fueron los que actuaron más heroicamente… conozco a personas normales y corrientes que procedieron de manera muy heroica y no eran ni artistas, ni fotógrafos, ni periodistas, ni estaban con Susan Sontag. Lo que sí que hubo fue un comportamiento en general de la gente que se quedó atrapada de intentar mantener la dignidad ante el desastre que se estaba produciendo y la inoperancia absoluta de la Comunidad Europea, con un comportamiento de unos niveles de cinismo e hipocresía por parte de los diplomáticos y los políticos vergonzoso. Hoy día cuando escucho la estupidez de que aquellos políticos eran mejores que los actuales les recuerdo que en Bosnia y en Ruanda el comportamiento europeo fue una vergüenza.Y siempre he dicho que si hubiese un Tribunal Internacional en La Haya serio a los primeros que juzgaría sería a los que tenían el poder de haber parado la guerra, que eran los diplomáticos y los políticos europeos.

Y a ello se sumó la pasividad absoluta de la opinión pública europea. Los ciudadanos europeos no tuvieron ningún tipo de sensibilidad sobre lo que estaba pasando en el patio trasero de la Europa de Maastricht, que eran Los Balcanes, y salvo excepciones, la inmensa mayoría no hizo absolutamente nada por presionar a sus gobiernos para que pusieran fin al terror y horror diario de Sarajevo y las demás ciudades. En Sarajevo estaba la prensa, pero había ciudades donde no había un solo periodista y sufrieron mucho más porque lo hicieron en silencio, con los mismos bombardeos, la misma brutalidad, la misma inanición, la misma hambruna que la capital bosnia.

¿Su documental trata de recordar a una opinión pública lo que fue la guerra de los Balcanes y los efectos que aún perviven en su población?

Ese documental, en primer lugar, lo he buscado y lo tenía en la cabeza porque sabía claramente que esos protagonistas infantiles y juveniles de la guerra estaban marcados por la tragedia. Había escuchado muchas veces, incluso mi abuelo me lo decía, que la guerra te marcaba para siempre. Y eso que la contienda española duró dos años y medio, fue muy cortita, y en algunas zonas ni siquiera se libró porque llegaron los de un bando, allí se quedaron y como fueron los que ganaron ya no hubo guerra a partir del tercer mes. Las guerras marcan a los niños y a los jóvenes, les producen unos traumas tremendos y al final todo esto aparece, tarde o temprano, en la vida de una persona. 

Yo sabía que esto ocurría, por eso quise rascar un poco en la vida de estas personas a través de los protagonistas de mis fotografías, que además quería encontrar porque esas imágenes me habían dado mucho prestigio como fotógrafo, me habían permitido ganar premios y deseaba saber qué había pasado con ellos. Con lo cual, encontrar a estos protagonistas vivos fue una de mis mayores alegrías durante el proceso de investigación del documental. Mi intención también era que hablasen ellos, antes de que lo hicieran los políticos de la época, que desde mi punto de vista están podridos mentalmente. No quería escuchar las estupideces de los que vienen a justificar lo injustificable, como que intentaron hacer lo imposible y que se emprendieron esfuerzos de paz… Todo eso es mentira. Entonces, si hablan ellos, no hablan los otros. Y si hablan los otros y mienten, por lo menos están los testimonios de los que verdaderamente sufrieron las consecuencias de la Guerra de Bosnia contrarrestando las mentiras oficiales.

Niños jugando al baloncesto en las calles de Sarajevo durante la guerra. Imagen incluida en ‘Album de posguerra’ – © Gervasio Sánchez

Concretar la violencia de la guerra en historias personalizadas da a los espectadores, los lectores, los oyentes o los televidentes una mayor percepción de lo que es el conflicto.

Cuando un enviado especial o un corresponsal va a cubrir una guerra, por un lado se encuentra con la gran película, el relato del conflicto, y por otro, con las historias cotidianas de la población civil. ¿El periodista debe interesarse más por contar esas historias humanas, dentro de un cierto contexto?

Creo que los periodistas actúan como consideran conveniente. Hay periodistas ahora que parecen expertos en Afganistán y han estado sólo unos días. Algunos se hicieron expertos en Bosnia y los Balcanes cuando no estuvieron ni en los aledaños de la guerra. La lista es inmensa y hay mucho que discutir sobre este tipo de comportamiento. Lo que yo hago normalmente es ir a los sitios para ver con mis propios ojos lo que ocurre. Cuando ya estoy yendo demasiadas veces, intento mostrar lo que pasa desde otros ángulos y al final encuentro que el ángulo que estoy utilizando beneficia al espectador medio porque se siente más influido por una historia humana con nombres y apellidos que por un relato de los bombardeos, de los muertos y de los heridos sin identidad. Considero que concretar la violencia de la guerra en historias personalizadas da a los espectadores, los lectores, los oyentes o los televidentes una mayor percepción de lo que es el conflicto y, aunque ya no tengo ningún tipo de creencia en ello, podría incluso cambiar su actitud y volverles más autocríticos y críticos.

También creo que los medios de comunicación están haciendo un flaquísimo favor en general a lo que es la salud informativa del ciudadano medio, que es muy, muy baja. Alucino por el hecho de que los ciudadanos protestaríamos si los hospitales fueran un desastre e incapaces de salvar la vida de nuestros ciudadanos. Protestaríamos firmemente si tuviésemos una mala educación para nuestros hijos. Y, sin embargo, nunca protestamos ante la mala salud informativa. Esto ha ocurrido porque la inmensa mayoría de nuestros medios de comunicación llevan décadas plegados a un guion de intereses estratégicos por parte de los grandes partidos políticos, que en este caso en España son el PSOE y el PP y en algunas comunidades como Cataluña lo que queda de ese partido corrupto que es Convergencia y Unión y en el País Vasco el PNV, que también es un partido corrupto y clientelista a unos altísimos niveles. Lo que hacen es formar alianzas políticas, económicas y mediáticas con los grandes poderes fácticos. Por eso es imposible meterse con los bancos, porque están metidos en el engranaje, criticar a las grandes empresas como El Corte Inglés, Repsol, Telefónica, etc. Por supuesto, las eléctricas no las toca ni Dios, a pesar del escándalo con el que actúan cada día, cotidianamente. Entonces, se ha perdido esa visión y esa posibilidad de autonomía real de la prensa e independencia ante los poderes fácticos. Ha habido una especie de cortocircuito en el que los intereses estratégicos, económicos, políticos y mediáticos son los mismos. Hay alianzas de intereses. Una mala salud informativa es la puerta abierta a la manipulación y al fracaso. Ése es el problema, que la mayor parte de la ciudadanía no tiene una buena salud informativa, no se entera de las cosas, solamente se interesa por Afganistán cuando está en el foco mediático, como ha pasado en este último mes, y cuando el foco se cambia hacia otro lado ya no hay interés por el país. Y ahora es cuando debería haber más foco, porque las cosas se van a poner muy serias con el invierno que está a punto de llegar, tremendamente frío en Afganistán.

Este fracaso de la prensa en general, de los medios de comunicación que no hacen bien su trabajo, y este fracaso del ciudadano que se ha vuelto frágil ante las manipulaciones y poco autocrítico resumen un poco la situación en la que vivimos. La mayor parte de la gente no está bien informada y se sorprende cuando digo cosas como que España es la séptima potencia del mundo en venta de armas. Te das cuenta de que el ciudadano medio sólo critica en general al poder cuando lo ostenta el partido al que no respeta. Y así no vamos a ninguna parte.

Una sociedad es mejor o peor en función del periodismo de investigación que tiene y en España no existe.

¿La prensa independiente entonces es difícil de encontrar hoy día en España, a pesar del surgimiento de diversas cabeceras digitales?

Los medios digitales están fraccionados, atomizados, no pueden jugar un balance potente de investigación… Al final, una sociedad es mejor o peor en función del periodismo de investigación que tiene y en España no existe. Lo que ha aparecido en los últimos cuarenta años, salvo el caso GAL y algún otro caso pequeño, son filtraciones interesadas de dosieres. Gente que tiene un dosier y quiere cargarse a alguien de un partido o a un miembro del gobierno se lo entrega a periodistas de dosier, que realmente no son periodistas, sino estigmas del periodismo al que le hacen un daño tremendo, y publican cosas en el momento en el que les interesa a cambio de dinero o de poder. Eso no significa que no tengamos buenos periodistas, los hay muy buenos, pero lo que pasa es que hay mucha gente que ha tirado la toalla, intenta mantener su salario porque sabe claramente que si eres muy crítico y das mucho la lata en el siguiente ERE te echan a la calle. 

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