Revista Casa Mediterráneo

Gonzalo Giner, autor de ‘La bruma verde’: “África es capaz de atraparte el corazón”

en diciembre 22, 2020

La selva del inmenso territorio de la República Democrática del Congo se convierte en escenario y en protagonista de la última novela de Gonzalo Giner, ‘La bruma verde’ (Planeta), Premio de Novela Fernando Lara 2020, una trepidante historia de aventuras donde el amor y los principios de sus potentes personajes confluyen con temas tan relevantes como la explotación de los recursos naturales, la caza ilegal de animales protegidos, la violación de los derechos humanos, la corrupción gubernamental o los abusos de las grandes compañías internacionales. Un libro sumamente entretenido que atrapa desde las primeras páginas y toca la fibra del lector.

El ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’ tendrá como protagonista a Gonzalo Giner el martes 22 de diciembre a las 19 h. en un encuentro moderado por la gestora cultural Marina Vicente, que podrá seguirse a través de la web de Casa Mediterráneo y su canal de YouTube. Gonzalo Giner compagina su trabajo como veterinario con la creación literaria, terreno en el que ha logrado un gran éxito con novelas como El sanador de caballos (2008). En su siguiente novela, El jinete del silencio (2011), se adentró en los orígenes de la creación de la raza española de caballos durante el siglo XVI. En Pacto de lealtad (2014) narró, por vez primera, la participación de los perros en la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. En el año 2017 publicó Las ventanas del cielo, una novela histórica sobre la creación de las vidrieras góticas. De forma previa a su participación en el encuentro de Casa Mediterráneo, mantuvimos una entrevista con el autor.

Su última novela, ‘La bruma verde’, es una historia que se desarrolla en el vasto y bello territorio de la República Democrática del Congo, donde confluyen asuntos tan relevantes como la expoliación de los recursos naturales, la caza ilegal de animales, los abusos de derechos humanos o la labor de las ONG. Aunque estos temas puedan adueñarse del libro, en realidad su hilo conductor es una trepidante historia de aventuras. ¿Desde esta perspectiva, qué elementos de la novela cree que pueden atrapar al lector?

Yo también lo definiría más como un libro de aventuras que como un thriller ecologista, que es como algunos le han puesto de apellido a la novela. Interpreto que el lector se va a encontrar de pronto metido en medio de la selva con dos grandes tramas que son dos grandes aventuras. Una de ellas tiene que ver con una mujer jovencita, Bineka, que es el eje de toda la novela como personaje, a quien de pronto le desaparece su mundo habitual y se va a encontrar en medio de la selva, ahijada por un grupo de chimpancés salvajes. Ese suceso arranca un montón de cosas que le van a ocurrir en ese clan de animales que la acepta de alguna manera. Por otro lado, se produce el secuestro de una cooperante, Beatriz, y su amiga íntima, Lola, que recibe el aviso del rapto abandona su trabajo como alta directiva en una empresa española y se va al Congo a averiguar qué está ocurriendo. Ahí arranca una segunda trama de aventuras.

Luego, lógicamente las cosas empiezan a mezclarse, pero la novela lo que recoge fundamentalmente es algo que está sucediendo por debajo de la selva, que es la desaparición de los bosques, la venta ilegal de animales salvajes para su consumo y comercio, y al final muestra la vida de unos personajes que creo que son muy potentes. He hablado de dos, pero hay dos o tres más secundarios que actúan como cooperantes y ahí vamos a encontrarnos no solamente la faceta de aventuras, sino también una búsqueda interior de los porqués. Por qué algunas personas abandonan toda su vida anterior y se van a una zona de peligro y complicada como es el Congo para intentar mejorar un poco las cosas. La novela es una gran aventura, pero también tiene muchísimo de introspección personal, de personajes muy grandes que nos van a contar cosas muy bonitas y con un mensaje positivo final muy importante, que es que todos, en la medida de lo posible, podemos hacer algo por mejorar la situación, en ese caso de la selva, pero en general de la naturaleza, de las condiciones de vida de los animales y de los seres humanos.

Varios de los personajes de la novela dan un giro total a su existencia abandonando las comodidades de su vida en Occidente por una causa justa. Eso le ocurre a una de las protagonistas, Lola Freixidó, cuando conoce de cerca injusticias de las que apenas tenía conocimiento previamente. ¿Es ése uno de los mensajes de la novela, que el hecho de ser conscientes de una realidad puede incitarnos a actuar?

 Exactamente. Lola representa la visión occidental de lo que está sucediendo allí, lo que nos podría pasar a cualquiera si por una circunstancia equis tuviéramos que adentrarnos en un país africano y de pronto lo que has visto en un reportaje sobre situaciones difíciles de la gente en África o los paisajes exuberantes de una zona tan hermosa y tan selvática como es el Congo te causa una determinada impresión, pero otra cosa es estar allí en vivo y en directo conociéndolo de primera mano. Y no lo digo yo, lo dice casi todo el mundo que ha pisado el continente: África es capaz de atraparte el corazón y no sólo eso, sino que también te remueve. Conocer esas tierras, hablar con su gente, conocer la realidad de lo que está pasando allí, cómo viven, cómo piensan… te cambia completamente. Supone un antes y un después. A mí me sucedió, yo lo he conocido, y tanto es así que tengo un compromiso con intentar hacer algo por ellos. De alguna manera esta novela también va por este lado: intentar concienciar al lector de que ayude un poquito a mejorar esa realidad y seguro que se le ocurre varias maneras de hacerlo.

Todo eso a Lola le pasa. África cambia. Lola en concreto no entendió en su momento la decisión tomada por su amiga de la infancia, siendo una alta directiva que ha tenido que trabajar lo que no está escrito para llegar hasta donde está, igual juzgó a Beatriz a la ligera, pero cuando descubre lo que realmente está haciendo y el sentido esa decisión, eso la empuja a ella a replantearse las cosas y a pensar qué es lo que puede hacer para echar una mano en el mismo sentido.

La relación de Bineka con el grupo de chimpancés que la acoge está narrada con mucha precisión, contando las reacciones de los animales con ella, que aunque la cuidan no están exentas de momentos de peligro. Usted como veterinario imagino que tendría ciertos conocimientos previos, pero éstos son muy específicos. ¿Cómo se documentó para describir esos comportamientos de forma tan realista y detallada?

Esto es muy específico porque hablamos de primates, en este caso de chimpancés, y para llegar a poder describir cómo se socializan entre ellos, cuáles son sus reacciones, que incluso pueden llamar mucho la atención al lector porque en algunos casos parecen reacciones casi humanas… ¿todo eso de dónde surge? Surge de varias fuentes. Sobre todo, inicialmente de lo que había leído de las vidas y los escritos de dos primatólogas muy conocidas: una es Diane Fossey, cuya vida se recrea en la película “Gorilas en la niebla” interpretada por Sigourney Weaver, y la que todavía ha sido más prolífica en trabajos científicos, que es Jane Goodall. Después, cuando ya me planteé que tenía que haber una presencia animal importante en la novela, en este caso de chimpancés, me leí unos cuantos tratados de primatología para no meter la pata en nada.

Y lo último fue hablar con una primatóloga española y amiga, Rebeca Atencia, que es la mano derecha de Jane Goodall en África, cuyo mundo durante muchísimos es el de los chimpancés. Una vez que ya había terminado el manuscrito, antes de presentarlo al premio, se lo mandé a Rebeca para que lo leyera, fue muy amable, lo leyó entero, me sugirió varios cambios en algunas cuestiones y me dio tiempo a ponerlo en orden. Con lo cual, la novela tiene el beneplácito de una de las primatólogas más conocidas del mundo y uno se queda más tranquilo. Pero esto lleva mucho trabajo, porque yo como veterinario en mi carrera lógicamente no estudié nada de primates, nos centrábamos en los animales domésticos o de compañía, no salvajes.

Lo que me gustaría que se quedase el lector es que los primates, en este caso, están demostrando que son capaces de proteger el medio natural que des da alimento, soporte y que les acoge, cosa que nosotros no hacemos.

Se nota que la novela está bien documentada porque los pasajes en los que aparecen los chimpancés son muy creíbles, incluso en sus reacciones casi humanas.

Incluso en sus reacciones violentas, porque como decías, tanto para bien como para mal vamos a ver a un animal que comparte con nosotros el 98% del genoma y eso comporta que las actitudes que tienen son a veces parecidas. Evidentemente, ellos no verbalizan, no hablan, pero es que nosotros hace unos cuantos miles de años tampoco lo hacíamos. Hemos evolucionado en el desarrollo de la comunicación verbal, que es casi lo que más nos distingue del mundo animal, y ellos también han desarrollado otra serie de habilidades que vamos a ver en la novela. No podemos seguir creyéndonos el centro de la creación, ni del mundo, y que todo lo demás está a nuestro servicio. Lo que me gustaría que se quedase el lector es que los primates, en este caso, están demostrando que son capaces de proteger el medio natural que des da alimento, soporte y que les acoge, cosa que nosotros no hacemos. Nosotros nos cargamos el entorno natural, la selva y lo que se nos ponga por el camino sin pensar que eso nos está perjudicando.

La explotación de recursos naturales en África para la obtención de madera, coltan o el cultivo de soja es algo de vez en cuando aparece en los medios de comunicación, pero la aniquilación de poblados enteros con este fin auspiciada por grandes compañías que se relata en la novela no es un hecho que trascienda, ¿se trata de un recurso de ficción u ocurre en la realidad?

Sí, está sucediendo, no es algo masivo ni habitual, pero ocurre. Las aldeas del interior de la selva hay que entender que forman parte de un territorio que no es propiedad de sus habitantes, sino en teoría del Gobierno congoleño y cuando éste vende a determinadas empresas miles y miles de hectáreas, incluye todo lo que lleva dentro, sin preocuparse de si quienes viven allí tienen o no derechos. Y los que vienen a ejercer la propiedad en algunos casos los echan de forma violenta. He leído situaciones parecidas a las que describo en la novela, que no voy a contar para no adelantárselo al lector, pero que pueden llegar a ser muy agresivas.

¿Qué ha supuesto para usted recibir el Premio de Novela Fernando Lara 2020 con este libro?

Lo primero, un alegrón enorme porque nunca había recibido ningún premio. Siempre los ves en los demás, pero nunca me había llegado el momento. Es verdad que presenté el libro a concurso por una razón, lo que pretendía -dado que esta novela no tiene nada que ver con mi trayectoria anterior de novelas históricas que normalmente escribo, ésta es actual, de aventuras, trepidante, con cambios inesperados en la acción, hay amor, tensión, momentos de huída, carga emocional importante con los personajes, o sea que vives intensamente todo lo que les está sucediendo…- era buscar un público nuevo, que no es el mío habitual. Cuando comenté en la editorial mi intención de presentarme a un premio me animaron a ello y me dijeron que además podía ser una buena forma de llegar a gente que nunca me había leído. Es una catapulta para ir a otro mercado no habitual. Y cuando me lo dieron me sentí enormemente satisfecho, al brindarme la experiencia de meterme en un mundo desconocido que además me hizo pensar que si te dan un premio debe ser porque han visto algo en el libro.

Por último, ¿el título de la novela, ‘La bruma verde’, es una alusión a los ojos de Bineka y al espesor de la selva congoleña?

Es simbólico, no adelantamos mucho diciendo que la protagonista principal, Bineka es una chica congoleña muy jovencita, de 16 años, muy pequeñita de estatura y con una limitación lógica por haber nacido en medio de la selva con muy pocas referencias vitales más que su entorno, que es una docena de chozas y unos cuantos kilómetros alrededor de selva, eso es todo lo que ha conocido en su vida. En las primeras páginas su abuelo le dice que ella es una hija predilecta de la selva y que ésta ha puesto su color en su mirada. Tiene, de forma llamativa, siendo una chica de color, el verde espectacular en sus ojos, un hecho que incluso le salva la vida.

Y, efectivamente, la bruma verde es asimismo una evocación al escenario, porque es muy importante en esta novela. Se convierte en un protagonista más el escenario donde se mueve toda la trama, la selva del Congo, una extensión enorme, maravillosa y muy verde. Ahora, también es verdad, tengo que decir, que cuando estaba empezando a documentarme sobre la situación política del Congo y su historia vi unos cuantos vídeos y en uno de ellos aparecía un salto de agua en el propio río y se levantaba una bruma alrededor, que con el contorno tan frondoso y maravilloso se transformaba en color verde. Me pareció como una bruma verde y en ese mismo instante vi el título de la novela.

Debe ser difícil poner título a una novela, condensando en él la esencia de la historia. 

Sí, mucho. Cuando lo presenté al concurso lo hice con un subtítulo y un seudónimo, que era “Los guardianes del paraíso”, porque no quería poner el título que después sería definitivo. El seudónimo también era distinto, no era Gonzalo Giner, sino Bineka Tshopo, el personaje principal. De hecho, ocurrió una anécdota cuando me llamó el vocal del jurado, que es Fernando Delgado, preguntó por Bineka Tshopo y me dejó totalmente desconcertado porque no me acordaba del nombre que había puesto. Me quedé callado, tanto fue así que mi interlocutor se quedó preocupado, hasta que caí en la cuenta.

Imagen superior destacada: Gonzalo Giner – © Carlos Ruiz

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