Revista Casa Mediterráneo

Historias del Mediterráneo. La exploración del desierto de Libia: El Oasis de Zerzura

en agosto 12, 2022

Por Francisco Alcaraz Albero, doctor en Historia y responsable de proyectos de Casa Mediterráneo.

Imaginemos un lugar donde no hay antenas, ni cables, donde no hay que pagar ni impuestos, ni hipoteca, ni nada parecido, y además donde no hay absolutamente nadie. Sólo se me ocurren cinco escenarios posibles: el desierto, la montaña, la jungla, los hielos o el mar. En definitiva, vasta naturaleza donde sólo fauna y flora se conjugan y viven en un entorno cuya armonía es digna de un Creador como bien diría Vardis Fisher en El Trampero.

Ante una imagen así, sólo cabe pensar en libertad total, pero también en una lucha por la supervivencia ligada a diversas hostilidades como el clima y donde tu único techo son las estrellas. Ante ello, la máxima prioridad es encontrar agua, combatir el frío o el calor y finalmente poder alimentarte. Esta descripción podría referirse a cualquier entorno, pero aquí nos ocuparemos del desierto, donde las temperaturas son extremas, la vida es casi imposible y el silencio es total.

En estos meses de asfixiante calor, y ante el panorama que vivimos, que parece que viene para quedarse, ligan bien las historias donde el mercurio no baje de los cuarenta o cincuenta grados. Historias como las que, gracias al rescate de Ediciones del Viento, narra Almásy en su obra Nadadores en el desierto. En ellas, al margen de grandes aventuras, aprendemos a pasar sed hasta casi perecer o sentimos el abrasador qibli, un sofocante viento del Sur que te asfixia como si estuvieses dentro de un horno. Algo parecido a lo que hemos tenido que sufrir estos días en nuestra península. Además, al igual que en algunos pasajes de la novela de Fisher, Almásy en su obra describe así a su amado desierto: «El ser humano siente la cercanía del Creador y no hay nada que pueda distraerlo de esta certeza. La fe en un Ser Supremo y, al mismo tiempo, la aceptación de nuestro destino se impone a nuestro ánimo de modo casi imperceptible, preparándolo para sacrificarnos sin queja al desierto».

En estas líneas nos vamos a centrar en el grandísimo desierto del Sahara que se extiende desde el mar Rojo, partes de la costa del Mediterráneo hasta el Atlántico y por el sur hasta el Sahel, y dentro del mismo en el desierto de Libia que abarca cuatro países: Libia, Egipto, Chad y Sudán. Y vamos a viajar en el tiempo: concretamente entre 1910 y 1940. Un periodo en el que se llevó a cabo el mayor número de exploraciones por conquistarlo y donde también se dieron algunas de las historias de supervivencia más impactantes. Una de ellas, la de un soldado que tras una operación secreta durante la Segunda Guerra Mundial cruzó cientos de kilómetros andando y pudo regresar a su base gracias al agua de los radiadores de los vehículos abandonados que iba encontrando a su paso.

Coche de la época abandonado en el desierto – Imagen de la revista Al filo de lo imposible.

La exploración del desierto no sólo fue por cuestiones románticas, respondió a razones geoestratégicas para preparar el terreno en vistas a la terrible contienda mundial que se avecinaba.

Mapa alemán del desierto de Libia.

Fue en 1930 cuando unos intrépidos exploradores fundaban el Club Zerzura en un bar en la ciudad sudanesa de Wadi Halfa. Sus objetivos eran diferentes, pero tenían algo en común, la búsqueda de un mítico oasis perdido y cartografiar el máximo posible el casi impenetrable mar de arena.  La emergente industria del automóvil unido a las ansias de exploración hizo que, durante los años veinte y treinta, dos de los fundadores de dicho club, el inglés Ralph Bagnold y el austrohúngaro László Almásy, pusieran a prueba camiones Ford Modelo T o vehículos de la firma Steyr para cruzar y trazar mapas de tan vasta extensión de territorio. Posteriormente el destino quiso que ambos sirvieran en bandos opuestos durante la Segunda Guerra Mundial. Bagnold lo haría con los británicos y Almásy junto al mariscal alemán Rommel. La exploración de este desierto no sólo fue por cuestiones románticas, respondió a razones geoestratégicas para preparar el terreno en vistas a la terrible contienda mundial que se avecinaba en la zona y en la que Italia, Alemania y Gran Bretaña fueron los principales actores. Si bien Mussolini quería completar su rompecabezas con Egipto, los británicos no iban a ceder el canal de Suez. Y a todo ello se sumó la Alemania de Hitler que ansiaba también el petróleo egipcio y el control total del Mediterráneo.

Ralph Alger Bagnold

El inglés Ralph Alger Bagnold (1896-1990) fue un prolífico explorador que cruzó el desierto de Libia y que realizó estudios sobre la formación de las dunas que han sido empleados por la NASA para poder estudiar algunas formaciones de Marte. De hecho, algunas de ellas hoy reciben su nombre y sus conclusiones han quedado para la posteridad en obras como The Physics of Blown Sand and Desert Dunes.

Bagnold venía de familia de aventureros. Su padre participó en la fracasada misión de 1884-85 para rescatar de Jartum al legendario general británico Gordon y entre algunas de sus anécdotas contó que echaban momias en las calderas de los vapores de la época, de la compañía Thomas Cook, para poder navegar el Nilo.

En 1940 fundó el LRGD (Long Range Desert Group) para realizar patrullas de reconocimiento encubiertas y misiones de inteligencia en la retaguardia alemana e italianas, aunque también llevó a cabo misiones de combate guiando en muchas ocasiones al también, creado durante la contienda, SAS británico (Servicio Aéreo Especial) de David Stirling. Eran expertos en navegación y reconocimiento debido a la experiencia adquirida durante años y eso les valió el calificativo de “taxistas del desierto” hasta 1945.

Por su parte, el austrohúngaro Ladislaus Eduard (László Ede) Almásy (1895-1951), conde Almásy, como a él le gustaba que le llamaran, fue quizás el más destacado de todos ellos. Nació en el castillo de Bernstein, antigua Hungría, hoy territorio austriaco.

Almásy

Almásy, políglota (ya que dominaba a la perfección húngaro, alemán, inglés, francés, italiano y árabe), fue hijo de un famoso explorador de Asia, György Almásy. Pronto, aviones y coches ocuparon su pasión y eso le llevó emprender varios proyectos inéditos para la época. Uno de ellos, en 1929, se centró en rescatar la famosa y olvidada Darb El Arbe´in (Ruta de los Cuarenta Días) de 2.000 kilómetros que enlazaba Egipto con Sudán. A través de ella, se transportaban mercancías como especias, ámbar, oro y marfil, además de otra muy siniestra a la vez que también valiosa: esclavos negros. Esclavos que perecían en masa en esa tortuosa travesía antes de llegar al Nilo y ser vendidos en Asyut. La ruta dejó de usarse cincuenta años atrás y Almásy logró encontrar los restos sepultados por la arena de dicho trazado y completar en coche la misma.

Otra de sus grandes obsesiones fue localizar los restos de los 50.000 hombres del ejército del rey persa Cambises II. Según Heródoto desaparecieron misteriosamente en su intento de conquistar Siwa. Almásy no logró hallar sus restos, pero sí algunos de los rastros dejados por ellos como los grandes alamat (hitos de piedra) colocados a su paso durante su travesía. A finales de 2009, los arqueólogos italianos Ángelo y Alfredo Castiglioni afirmaron haber encontrado artefactos aqueménidas que datan de la época (armas de bronce, un brazalete de plata, pendientes, flechas, adornos…) y cientos de huesos humanos sepultados bajo las arenas del desierto del Sáhara, al sur de Siwa.

Finalmente, de entre todas sus exploraciones (también trató de encontrar la tribu perdida de los Magyarab) fue quizás la búsqueda del oasis de Zerzura la mayor de sus obsesiones y donde además estuvo a punto de perder la vida. Un mítico lugar buscado por muchas almas durante siglos que compartieron esa sed de aventura. Durante toda la Edad Media muchos autores hablaban de un oasis oculto. El tratado del siglo XV, Kitab al Kanuz (El Libro de las Perlas Ocultas), situaba Zerzura en un valle y la describía: “blanca como una paloma, en su puerta hay grabada un ave. Coloca con tu mano la llave en su pico y abre la puerta de la ciudad, Entra y hallarás grandes riquezas, y al rey y la reina durmiendo en su castillo. No te acerques a ellos y llévate el tesoro”.

La primera referencia europea a Zerzura fue en 1835 por parte del explorador y egiptólogo John Gardiner Wilkinson, en su obra Topography of Thebes and General View of Egypt, quien tuvo noticias de un oasis llamado Wadi Zerzura descrito como un lugar con abundantes palmeras, así como fuentes y ruinas de época incierta.

Avión Polilla.

Casi cien años después, en abril de 1932, el conde austrohúngaro y su grupo, con tres Ford Modelo T y un avión de reconocimiento Polilla, partieron del oasis de Jarga en busca de su último gran mito del desierto de Libia. Tras numerosas vicisitudes creyó descifrar el enigma, pero no tal y como lo describían obras o testimonios de moradores en el tiempo o como lo hacía Scheherazade en las míticas Mil y una noches.

Finalmente fue el viejo beduino Abd El Melik quién confirmó a Almásy que el nuevo valle que hallaron era uno de los valles que él encontró muchos años atrás. El llamado Uadi Abd El Melik fue en otros tiempos el Uadi Zarzura. Se trataba de un lugar hasta la fecha desconocido, donde antaño residían multitud de zorros, arruís y muchos zararir (“pajarillos”, plural de zarzur). Para Almásy quedó resuelto el misterio, pero quién sabe si esa ciudad misteriosa y perdida en medio del desierto está todavía en algún lugar por descubrir.

En el interior de “la Cueva de los Nadadores”, ubicada en Gilf al-Kebir en Egipto, cerca de la frontera con Libia, destacan pinturas de arte rupestre neolítico con figuras humanoides en aparente actitud de estar nadando hace 10.000 años.

Otro de sus hitos se produjo en 1933 con el descubrimiento de la “Cueva de los Nadadores” ubicada en Gilf al-Kebir en Egipto, cerca de la frontera con Libia. En su interior destacan pinturas de arte rupestre neolítico con figuras humanoides en aparente actitud de estar nadando hace 10.000 años durante la época de la más reciente glaciación. Para algunos autores, esto podría confirmar que en algún momento hubo una gran cantidad de agua en el desierto de Libia y podría corroborar que se produjo un cambio climático en la zona que quizás, ya por entonces, provocase un fenómeno migratorio. Recientemente, en 2007, el egipcio Eman Ghoneim dio con un inmenso lago de más de 30.000 km² enterrado bajo las arenas del Sahara al norte de la región de Darfur, en Sudán.

“Cueva de los nadadores” en Gilf al-Kebir.

László Almásy

Ya entrada la Segunda Guerra Mundial, Almásy estuvo al servicio del Afrika Korps e hizo frente, casualidades del destino, a los LRDG británicos del otro protagonista de esta historia. Durante la contienda instruyó y coordinó un comando que logró infiltrar dos agentes alemanes en El Cairo. Llevó a cabo la Operación Salam y la Operación Cóndor y fue por ello condecorado con la Cruz de Hierro. Su triste final fue morir en 1951 en Sazburgo de una disentería amebiana mal curada. Fue acusado de ser un agente doble y de espía alemán, aunque hay varias teorías al respecto. Almásy fue, sobre todo, tal y como lo describieron quienes vivieron con él: Abu Rambla (Padre de las Arenas) y acabó sus días como responsable del Instituto del Desierto egipcio. De su amor por este lugar decía: “Amo el desierto. Amo la infinita extensión de los temblorosos espejismos, el viento, los picos escarpados, las cadenas de dunas como rígidas olas de mar. Y amo la simple, la ruda vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas en la noche, y en las calurosas tormentas de arena”.

Muy probablemente, tuvo que hacer lo que hizo y como lo hizo porque no tuvo más remedio. Si bien ejerció como oficial de inteligencia húngaro en Egipto durante la década de 1930 y oficial del Abwehr entre 1940 y 1945, fue rescatado por los británicos del MI6 en la Hungría ya soviética en 1947, lo que da lugar a otras especulaciones. Lo que casi seguro compartió con Rommel fue contradicciones y angustias por una guerra absurda de la que eran conscientes. Cabe recordar el trágico final del mariscal alemán, obligado a suicidarse por el demente y genocida de Hitler.

La afamada película de los noventa El paciente inglés, con una banda sonora impecable, se inspiró en parte de los hechos narrados y en la vida de Almásy, pero nada más lejos de la realidad. Tanto el novelista como el guionista podrían haberse ahorrado el crimen creativo de usar a Almásy para sus propósitos. Se trata de una versión completamente diferente que en absoluto refleja su personalidad. Mejor habrían quedado cinta y novela si hubiesen pensado en un personaje de ficción antes que usar a Almásy para tergiversar su verdadera historia.

Ilustración de la época que muestra tareas de colocación de minas en el desierto.

De toda esa época, puede que en otra ocasión abordemos muchos otros temas que nos han quedado en el tintero. Rocío da Riva, de la Universidad de Barcelona, ha desempolvado muchos objetos de entonces, pero lo que queda allí todavía es bastante peor. Grupos terroristas islámicos han rescatado minas y armamento dejado por ambos bandos en el desierto durante la Segunda Guerra Mundial para volver a ser usado. Parece increíble, pero es cierto. A día de hoy, hay miles de minas colocadas por Rommel y los británicos que están tratando de ser desactivadas y que siguen por desgracia causando mucho dolor ochenta años después. Dolor porque explotan y son reutilizadas nuevamente por estos grupos criminales en diferentes conflictos armados como los que se dan en el Sahel. Quizás estemos ante una de las peores lecciones de reciclaje de la Historia.

En la actualidad, en la franja sur del Mediterráneo, situada en el Sahel, zona comprendida desde el sur de Mauritania, norte de Senegal, centro de Malí, norte de Burkina Faso, sur de Níger, norte de Nigeria, centro de Chad y de Sudán, Eritrea y norte de Etiopía, se está fraguando una “Tormenta Perfecta” que se avecinará pronto si no lo remediamos. Es nuestro flanco Sur y sorprendentemente allí se usa parte de ese armamento de la guerra del desierto que ha atravesado un curioso puente en el tiempo. Desde batallas como El Alamein en 1942 en Egipto, que fue decisiva en el devenir de los acontecimientos, a la actualidad más cruda del Sahel en 2022.

El Mediterráneo es un mar con muchas orillas y con estas historias quería rescatar una parte de aquel otro mundo en el que también hemos vivido. Un mundo donde no había Wifi, y si brújulas solares, donde todavía reinaba un espíritu romántico lleno de practicidad y de curiosidad. En esta sociedad de hoy que llamaban líquida, y creo que ya es gaseosa, donde prevalece la inmediatez, ya no reina el ansia por saber, por descubrir. Impera otra forma de satisfacer el alma muy diferente.

Espero que con este artículo haya podido entretener y al menos suscitar algo de interés sobre estos hechos y personajes que en su tiempo fueron pioneros de la exploración. Es mi pequeña contribución a que no caigan en el olvido y rescatarlos de entre las arenas. Un homenaje a todos ellos y mucha suerte a todos en la búsqueda de su propia Zerzura.

Para saber más:

  • Almásy, Ladislaus E. Nadadores en el Desierto. Ediciones del Viento, 2022.
  • Almásy, Ladislaus E. With Rommel’s Army In Libya. Leszlf Almesy (autor, colaborador), 2021.
  • Bagnold, Ralph. Alger. Libyan Sands: Travel in a Dead World. Eland, 2010.
  • Da Riva, Rocío. “Arqueología de las rutas del desierto: dos estudios recientes sobre la guerra en el desierto occidental de Egipto”. Cuadernos del Centro de Estudios de Historia del Antiguo Oriente. Universidad Católica de Argentina, 2019.
  • Diemer, Edmond, y Monod, Théodore. Zerzura, L´oasis légendaire du désert Libyque. Éditions Vents de Sable, Paris, 2000.
  • Jayme, Javier. Pioneros de lo imposible. Hitos de la exploración contemporánea. Alianza Editorial, 2005.
  • Kelly, Saul. El oasis perdido. Almásy, Zerzura y la guerra del desierto. Editorial Desperta Ferro, 2007.
  • Mortimer, Gavin. The Men Who Made the SAS: The History of the Long Range Desert. 2016.
  • Porch, Douglas. El camino hacia la victoria: la Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo. Desperta Ferro, 2019.
  • Troebst, Cord-Christian. Manual de supervivencia (T.2). Martínez Roca, 1987.
  • Véase artículos digitales sobre este tema publicados por Jacinto Antón e Isidoro Merino, en El País.
  • Véase el blog de Nacho Ares (nachoares.com).
  • Artículo publicado en ABC: abc.es/cultura/abci-controvertido-legado-rommel-egipto-201708260149_noticia.html
  • Artículo publicado en Hoy: hoy.es/v/20130325/internacional/ultimas-victimas-rommel-montgomery-20130325.html
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