Revista Casa Mediterráneo

Ignacio del Olmo: “Volví de Kosovo absolutamente vacunado contra la posibilidad de que haya conceptos vinculados a reivindicaciones nacionalistas”

en julio 15, 2020

Desde febrero de 2020, Ignacio del Olmo es el nuevo Comisario Principal, Jefe Provincial de la Policía Nacional en Alicante, puesto que ocupa tras haber dirigido la Comisaría Provincial de Valencia y haber desempeñado importantes cargos en Barcelona, Madrid, Ávila, Almería, Murcia, Cartagena y Kosovo. En julio de 2001 fue nombrado Jefe del contingente español en UNMIK POLICE, en el marco de la Misión de Administración Provisional de Naciones Unidas en Kosovo, donde permaneció hasta diciembre de 2002. En dicha misión formó parte de la Unidad dedicada a la Investigación de Crímenes de Guerra, bajo jurisdicción del Tribunal Especial para la Ex-Yugoslavia, y posteriormente, fue nombrado Subdirector Adjunto de Operaciones y Director de la Oficina de Enlace con KFOR-OTAN.

Con el fin de relatar algunas de las experiencias vividas en el complejo escenario de los Balcanes en el periodo transitorio que siguió a la guerra de Kosovo y la importancia de las misiones internacionales en el actual contexto internacional, Del Olmo participará el próximo viernes 17 de julio a las 19:00 horas en una conexión online de Casa Mediterráneo, acompañado por el Inspector Germán Cabaco. De forma previa al encuentro, titulado Misiones internacionales de la Policía NacionalIgnacio del Olmo nos concedió una entrevista.

En el nuevo entorno de seguridad, marcado por la globalización y el ciberespacio y su incidencia en asuntos como el terrorismo internacional, las migraciones masivas y la delincuencia organizada, ¿qué importancia tienen las misiones en el exterior?

Los dos fenómenos aludidos, globalización y ciberespacio, lo que han supuesto es una merma del poder territorial de los Estados, de tal manera que ahora no hay ya ningún Estado que por sí solo pueda hacer frente a ese tipo de amenazas. Con lo cual, políticamente se ha creado la idea de la intervención, primero humanitaria en el caso de los Balcanes, luego en terceros países, precisamente para asegurar las condiciones de seguridad globales, y la implantación de un sistema multiagencia, es decir, intervención en determinados lugares localizados de varios países compartiendo sus competencias y sus posibilidades operativas y dando participación también a otras entidades, no sólo de Derecho Público como pueden ser las organizaciones internacionales, sino también a las organizaciones no gubernamentales, que tienen un papel que jugar. Eso sobre todo se plasma en las misiones internacionales. Además se ha ganado una amplia experiencia, especialmente desde la Guerra de los Balcanes y el conflicto de Kosovo que la originó y, gracias a Dios, el último de los conflictos que se dieron allí. Es el modelo a seguir en este momento y está demostrando tener un éxito, no absoluto, pero sí bastante razonable.

Usted fue nombrado en el año 2001 jefe del contingente español en UNMIK Police, donde formó parte de la unidad dedicada a la investigación de crímenes de guerra. Cuéntenos el trabajo que desempeñaron las fuerzas españolas en esta misión. 

Para situarnos en contexto, la misión de UNMIK procede de una resolución de Naciones Unidas [1244, de 10 de junio de 1999] después de la Paz de Rambouillet. Se despliega una fuerza policial multinacional, además con competencias integrales, cuyo esquema no se ha repetido en el resto de las misiones. Las misiones policiales en las organizaciones internacionales han sido de apoyo a la policía del país, bien sea local o nacional. En este caso, no. UNMIK Police era una fuerza de intervención integral que se creó de cero, porque entre otras cosas las autoridades serbias retiraron sus efectivos de policía de Kosovo y no existía una fuerza policial desplegada en el terreno. Posteriormente, se creó una fuerza propia, de hecho, se estableció una academia de policía en Vushtrri bajo control de la OSCE para formar a la nueva policía de Kosovo y ésa es la principal característica.

En cuanto al despliegue de la policía en Kosovo, se dividió en cuatro zonas porque también hubo una misión militar controlada fundamentalmente por la OTAN, aunque era una alianza militar que implicaba fuerzas armadas de distintos países fuera del ámbito de la Alianza Atlántica, incluido Rusia y por ejemplo Hungría, países que procedían de la órbita del Este en su momento y en esa amalgama de intervinientes, UNMIK lo que hizo fue básicamente crear las condiciones de seguridad, una policía de fronteras, una policía judicial -no como la entendemos aquí, porque tenía un estatuto propio-, unidades de interseguridad ciudadana, es decir, de policía uniformada que se dedicaban al patrullaje, y unidades de control del orden público, porque Kosovo en aquellos momentos estaba dividido étnicamente en zonas albanesas y zonas serbias y había conflictos prácticamente a diario.

De hecho, cuando yo llegué en 2001 estaban en guerra en la frontera sur con Macedonia y era una situación bastante anómala y diferente a lo que podemos conocer en la Europa Occidental. La misión de UNMIK además daba soporte a la propuesta de realizar elecciones en Kosovo de cara a crear un protectorado político auspiciado y controlado por Naciones Unidas. Era una fase de transición hacia un acuerdo negociado, en un contexto en el que los serbios se negaban a aceptar la independencia de Kosovo, porque para ellos la creación de la nación Serbia arranca precisamente allí. Es un mito de fundación, para entendernos, que podría asimilarse al mito de Covadonga en España. Lo que pasa es que la batalla de Covadonga fue una victoria y la creación del Estado Serbio fue a raíz de la batalla Kosovo Polje, que en este caso perdieron, pero para ellos tenía una importancia emocional y no iban a renunciar a Kosovo.

Posteriormente, Kosovo se declaró independiente y ha habido una serie de Estados que lo han reconocido, no España, y por lo tanto su estatuto jurídico es un tanto controvertido. Pero en ese momento se iba hacia una negociación que le diera una autonomía territorial en relación con Serbia y, por lo tanto, tenía que haber elecciones, otro de los requisitos fundamentales en los que también participó UNMIK Police.

En cuanto a la investigación de crímenes de guerra, cuando se interviene los albaneses denuncian un mínimo de 20.000 asesinatos y desapariciones por motivos étnicos y se crea una unidad específica, centralizada, que tenía competencias en todo Kosovo para investigarlos. Yo formé parte de ella, fundamentalmente investigando crímenes en la zona de Gnjilane y en este caso se pudo comprobar que habían existido, aunque sin llegar al número denunciado por los albaneses. Sólo pudimos constatar 2.000 muertes y desapariciones, que aunque son muchas, una barbaridad desde luego, no son el número tan elevado que se declaró.

Escenario tras el estallido de una bomba en una población de Kosovo

Se llevó a algunos de los autores de los homicidios a juicio, como en el caso del asesinato de dos ciudadanos serbios de más de 70 años que fueron secuestrados y ejecutados por miembros de las guerrillas albanesas que se enfrentaban al Ejército serbio, en un pueblo de la zona de Gnjilane, que acabó con la condena a prisión de uno de los autores; los otros dos autores fueron condenados en rebeldía. Desconozco si finalmente ingresaron en prisión, espero que sí, porque yo dejé la misión, pero fue un éxito, uno de esos casos en los que la investigación culminó con un juicio y una condena. Y en ese sentido me siento particularmente satisfecho.

Fue un crimen además totalmente alevoso, de dos hombres ancianos, a quienes secuestraron con el nieto de uno de ellos, Daniel, que tenía 9 años cuando se produjeron estos hechos. Se los quisieron llevar como rehenes, se negaron y los tirotearon. El niño logró escapar, pero asesinaron a los dos ancianos. El único testigo que teníamos era Daniel, que se había refugiado en Serbia con sus padres. Entonces, cada vez que teníamos que tomarle declaración lo tenían que llevar a un puesto fronterizo entre Kosovo y Serbia, y el niño no quería testificar. Lo recuerdo llorando mientras le tomaba declaración, tenía 11 años cuando lo conocí y de ninguna de las maneras quería volver a recordar ese horror.

La investigación también incluyó la participación de un catedrático de medicina legal de la Universidad de Belgrado que vino a Kosovo. Hubo que organizar la exhumación de los cadáveres y su traslado al instituto de medicina legal que había en ese momento en Kosovo, llevado por forenses suizos, y se hizo una autopsia conjunta de los cuerpos, que estaban totalmente esqueletizados, solamente quedaban huesos. Recuerdo que cuando se montó todo el operativo para trasladarlos en vehículos blindados, con todas las garantías de seguridad, los serbios eran muy reticentes, pensaban que nos les íbamos a dar ningún tipo de apoyo y para mí fue una experiencia dura intentar ganarme su confianza, pero creo que todo se llevó de una forma óptima. Primero, la exhumación, luego la autopsia -nos dieron las gracias por la manera en la que se había desarrollado el proceso- y posteriormente conseguimos que Naciones Unidas comprara féretros para poder hacer la inhumación en condiciones respetuosas con los cadáveres, ya que originalmente estaban metidos en sacos de tela. Volvimos allí a hacer una ceremonia religiosa y una inhumación de los cadáveres con la familia, bajo protección militar, porque estábamos en una zona albano-kosovar en circunstancias terribles. Son experiencias que me impactaron, al igual que tratar con los niños o el hecho de que para conseguir que los serbios abandonaran unas determinadas tierras que querían comprar algunos de los albano-kosovares, colocaron minas y una de las trabajadoras, de 28 años, la detonó y voló por los aires. Presenciamos cosas realmente duras.

Carro de combate

Es terrible y descorazonador ver lo que hace el nacionalismo en ciertos lugares. Esto lo que nos tiene que llevar es a reflexionar y a crear una sociedad tolerante y abierta, donde todas las ideologías quepan, pero que no quepa en absoluto la violencia.

Restituir la convivencia en ese periodo transitorio de posguerra en Kosovo debió ser muy complicado con una población dividida y lastrada por las heridas del conflicto, que ya arrastraba diferencias irreconciliables desde hacía décadas.

Cuando uno va allí, lo hace con una idea un tanto ingenua. Hablando con la gente del lugar, te refieren que las guerras en Kosovo comenzaron en 1912 y han tenido interrupciones y nuevos afloramientos, pero realmente en el imaginario popular tanto de una etnia como de otra nunca han acabado y siempre están esperando la siguiente coyuntura histórica favorable para un ajuste de cuentas. Es terrible y descorazonador ver lo que hace el nacionalismo en ciertos lugares. Esto lo que nos tiene que llevar es a reflexionar y a crear una sociedad tolerante y abierta, donde todas las ideologías quepan, pero que no quepa en absoluto la violencia, que no se pueda justificar de ninguna de las maneras, ni por agravios históricos ni por el mal que haya podido producir una etnia a otra anteriormente, porque lo único que lleva es al horror y a situaciones como las que cuento, que me dejaron profundamente impactado y dolorido.

Como se pudo comprobar en los Balcanes, en pleno corazón de Europa, los movimientos nacionalistas pueden desembocar en guerras que además marcan la ideología de las nuevas generaciones. Un discurso que actualmente está cobrando fuerza en Europa y observamos de forma cercana.

Yo no querría extrapolarlo al caso de España, pero volví de Kosovo absolutamente vacunado contra la posibilidad de que haya conceptos vinculados a reivindicaciones nacionalistas; lo que sucedió allí fue horroroso. Recordemos que la Yugoslavia de Tito era el país más próspero de los llamados no alineados, no era exactamente comparable al resto de los países de Europa, pero tenía un nivel de vida muy superior al de los países del Este. A partir de 1980, cuando fallece el mariscal Tito se entra en un periodo de descomposición que lleva a lo que hemos visto finalmente y, desde luego, las consecuencias cuando uno las contempla sobre el terreno son absolutamente terribles. Además había una generación de hombres mayores que habían vivido la Yugoslavia de Tito y algunos mucho más mayores que habían vivido de niños las secuelas de la Segunda Guerra Mundial y la mayoría de la población no quería lo que pasó, fueron empujados por una serie de intereses y manipulaciones, que condujeron a situaciones irreversibles. Eso es lo que se vio en el conflicto de los Balcanes. Hay que evitar a toda costa que se vuelvan a producir ese tipo de situaciones. De ahí las intervenciones de las que hablamos y las misiones de paz. Hay que recalcar lo de “paz”. La paz es frágil, pero hay que mantenerla a toda costa, porque lo contrario es volver al horror, a la limpieza étnica, al vecino masacrado por el vecino…

Había una zona en Mitrovica, que marcaba el límite entre la parte serbia (al norte) y la albanesa (al sur), que era una especie de tierra de nadie, con casas que estaban absolutamente arrasadas. Habían sido los propios vecinos los que, cuando echaron a las familias, habían entrado en las casas, habían abierto la espita del gas y cuando éste se había acumulado tiraban una cerilla en el interior para que la vivienda volara. Y lo que lo había volado por efecto del gas, lo habían arrancado a golpe de piqueta. Era un salvajismo injustificable e incomprensible, al menos para mí.

Una muestra de a dónde lleva el odio.

Sí. Habían convivido razonablemente hasta un momento en el que el odio había inflamado a todo el mundo y les había vuelto absolutamente irreconciliables. Hay una generación de niños que no ha conocido otra cosa. Precisamente una de las cosas que hay que hacer es salvar a la generación siguiente y evitar que se pueda transmitir esa semilla de odio que, al final, a lo que lleva es a situaciones como las que estamos relatando.

Una de las labores que llevaron a cabo los efectivos policiales españoles fue el reparto de juguetes entre los niños kosovares. Cuéntenos cómo fue esa experiencia.

Yo tenía mucha relación con la zona de Pones, donde había una escuela que era el único lugar de encuentro entre los niños albaneses y serbios, al tratarse de la única que había quedado en pie. Era llevada adelante de forma heroica por un grupo de maestros que seguían acudiendo cada día allí para dar clase a los niños y estaba protegida por un destacamento de la KFOR americana, encerrados en un compound [recinto] con alambrada de espinos. Aquello recordaba a un fuerte de las películas del Oeste. Una cosa estremecedora. Los conocí y me estremeció profundamente. El invierno de los Balcanes es extremadamente crudo y algunos de los niños que acudían a clase iban en pantalón corto en lo más crudo de la estación, cuando nosotros llevábamos ropa térmica. Las condiciones de la escuela eran muy malas y comentándolo con los españoles hicimos una campaña de recogida de juguetes después de la Navidad. Las Fuerzas Armadas españolas nos hicieron el favor de traérnoslos a través del Ejército del Aire.

Reparto de juguetes por parte de policías españoles de la UNMIK Police en la escuela de Kosovo

Cuando fuimos a hacer el reparto en la escuela, lo que más me impactó fue que los niños no nos pedían juguetes, aunque lo agradecieron y se los llevaron. No tenían, pero no era eso lo que echaban de menos, lo que pedían eran bolígrafos. ¿Por qué? Porque en esa escuela era tal la carencia de material que tenían que cuando estaban en clase un niño escribía, mientras los demás miraban y luego ese bolígrafo iba al siguiente y así iba rotando. Por lo tanto, el que tenía un bolígrafo tenía un tesoro. Lo que hicimos fue recorrer todos los supermercados internacionales, militares y no militares, que había en Kosovo, compramos todos los bolígrafos que pudimos encontrar y al paso encontramos un dulce español, los pitagoles, el pirulí que tenía forma de silbato, y volvimos allí a entregárselos a los niños. Resulta conmovedor pensar que un niño pueda ansiar y desear con toda su alma algo que nosotros despreciamos.

Supongo que por este tipo de acciones tan humanas, el personal español desplazado en la zona fue tan apreciado por la población civil, tal como se ha relatado repetidamente en los medios de comunicación.

Hubo un porcentaje de refugiados albano kosovares en España, que cuando volvieron allí me hablaron maravillas. Pero con los serbios había la misma afinidad. Los serbios, a diferencia de los albaneses, que son de religión musulmana, son ortodoxos y su estilo de vida es muy parecido al nuestro. Les gustan mucho las parrilladas de cerdo y de vez en cuando íbamos a la zona serbia a tomarlas. La cocina es muy semejante, así como las costumbres, les encanta brindar, socializarse… Había mucha afinidad y facilidad para reconocerse culturalmente con ellos. Y luego, como españoles, como latinos, nos gusta congeniar con la población local. No es por hacer mención a otro tipo de nacionalidades, pero otras sociedades que son más cerradas se relacionaban solamente entre ellos y había una especie de círculos cerrados. Nosotros no. Nos empezamos a socializar con el personal local que estaba contratado en organizaciones internacionales, hubo algunos matrimonios de miembros de los distintos contingentes con chicas locales… Se produjo mucha interacción. Estamos hablando de hace casi veinte años y las relaciones con la población local y los compañeros policías de otras nacionalidades se han mantenido. Hay que tener en cuenta que cuando llegas allí aterrizas en otro planeta y las experiencias que vives y los vínculos que estableces son muy profundos y eso permanece.

A parte, no es por echarnos flores, pero los españoles somos particularmente generosos, compartimos lo que tenemos, comida, bebida… a la gente le encantaban las fiestas españolas, que eran auténticos acontecimientos sociales en los que nos pedían que les hiciéramos sangría. Pasó una cosa muy curiosa en la unidad en la que estaba yo, en la que investigábamos crímenes de guerra, y es que en una de las fiestas que hicimos sobró sangría, la guardamos en el frigorífico y el azúcar y el gas de la bebida carbónica fermentó y explotó en su interior. Se pensó en la misión que la sangría española era un arma de guerra, porque tenía efectos explosivos, pero no dejaron de pedirla aunque explotara (risas).

En la conferencia organizada por Casa Mediterráneo, además de sobre este tema, se va a abordar el papel de la policía en la red de consejos y agregados del Ministerio del Interior y la labor de seguridad en las embajadas del cuerpo diplomático.

De ello va a hablar uno de los especialistas que más experiencia tiene en esos campos, que es el Inspector Germán Cabaco. Estuvo 15 años en el GEO (Grupo Especial de Operaciones) y ha estado dando protección activa a nuestros diplomáticos en lugares como Irak o Afganistán. Él es el que tiene experiencia de campo en esos ámbitos y el que nos hablará de cómo cambia completamente el modelo de seguridad cuando se hace cargo el GEO de la protección de las legaciones diplomáticas. Estamos hablando además de conflictos mucho más serios. En Kosovo estábamos en guerra, pero nada que ver con las guerras de Irak o de Afganistán. Recordemos que la Embajada española en Afganistán fue asaltada militarmente y murieron varios policías españoles en ella. Él nos hablará de ese tipo de experiencias y de cómo se protege una embajada en una zona de guerra y a los diplomáticos españoles en esas condiciones.

mariagialma@gmail.comIgnacio del Olmo: “Volví de Kosovo absolutamente vacunado contra la posibilidad de que haya conceptos vinculados a reivindicaciones nacionalistas”