Revista Casa Mediterráneo

Juan Mesa, catedrático de filología latina: “Si nos preciamos de nuestra cultura occidental, tendremos que conocer cómo son sus cimientos”

en diciembre 4, 2019

Con motivo de la celebración en Casa Mediterráneo del III Congreso Internacional de la Sociedad de Estudios Clásicos de la Comunidad Valenciana “Mare Nostrum: en las orillas del tiempo y el espacio”, organizado por el CEFIRE Humanístico y Social de Alicante, uno de los mayores expertos en latín medieval de nuestro país, el catedrático de Filología Latina de la Universidad de Alicante y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Juan Mesa, nos concedió una entrevista en la que evidencia la importancia de mantener vivo el estudio de las lenguas clásicas.

En un mundo tan pragmático como en el que vivimos, donde los estudios se suelen escoger en función de las salidas profesionales, ¿cómo defendería el fomento del latín, tanto desde un enfoque práctico como desde un punto de vista meramente cultural?

Comenzando por lo práctico: Somos una cultura occidental, disponemos de unos archivos magníficos y tenemos una larga historia. Desde la incorporación -y me voy a ceñir a nuestro país- de la península ibérica al Imperio Romano hasta que realmente en el siglo XVIII empieza a dejar de ser utilizado el latín como lengua habitual incluso en la administración y en la universidad, hay una larguísima historia de la lengua que ha dejado mucha documentación, que está sin exhumar. Si desaparecieran los estudios de clásicas, especialmente los de latín, nos quedaríamos sin poder recuperar ni analizar toda esa rica documentación. Por lo tanto, tenemos un patrimonio histórico de primer orden que tenemos que preservar, y para ello hay que especializarse.

Si por círculos concéntricos nos vamos extendiendo, me voy al otro extremo. Muchas veces se dice, y esto no sólo afecta a la filología clásica o latina, sino a las humanidades en general, que la salida inmediata es la docencia. Ante esta afirmación, no me canso de repetir que poner en cuestión como salida profesional la docencia es un error manifiesto en un país que se estime a sí mismo. Realmente, hay que cuidar mucho a los docentes y es una obviedad decir que las humanidades siempre han estado ligadas a una vocación docente ineludible. También la preservación del patrimonio, su puesta en valor y su mejor divulgación son una apuesta docente, abierta a toda la sociedad, pero si nosotros nos preciamos de nuestra cultura occidental, tendremos que conocer cómo son sus cimientos. Y en ese conocimiento se hallan la cultura clásica, las lenguas clásicas y por extensión las humanidades. Éstos son aspectos fundamentales por los cuales sería un error manifiesto que pudiera llegar a extinguirse este tipo de estudios. Nos quedaríamos sin un patrimonio que recuperar y, en el otro extremo, sin nuestros referentes básicos culturales. Puede suceder, podemos cambiar de cultura, pero se trata de procesos que no se hacen sin que se produzca un trauma.

Juan Mesa – © María Gilabert – CM

Y, en segundo lugar, estamos ante una disciplina humanística y hay salidas profesionales inmediatas, por supuesto, hay saberes muy concretos, pero lo que queremos construir con nuestra educación son ciudadanos integrales, que, además, es lo que permite preservar también una democracia saludable. Y para ello es indispensable que en esa formación integral aprendamos todo tipo de disciplinas. ¿Qué es eso de salida profesional inmediata? Esa inmediatez muta con el tiempo, por lo tanto, es preferible disponer de una formación flexible que posibilite una mejor adaptación. Y ahí caben todas las disciplinas.

Además, esa división radical entre ciencias y letras que tantas veces se hace es totalmente ficticia, y nos lo ha demostrado la crisis de 2008. Cuando justamente se ha puesto en evidencia la necesidad de la hibridación de los saberes, porque hay que poner frenos éticos al avance tecnológico. Por lo tanto, formación integral. Que me perdonen mis colegas de matemáticas: nunca he arremetido en contra de las raíces cuadradas o de las razones trigonométricas, pero mi vida profesional ha hecho ese saber tan inútil como le puede parecer a un ingeniero haber aprendido latín en su vida, pero yo no renuncio a ese aprendizaje, porque es gimnasia mental, ayuda a pensar mejor. Es lo que se tiene que hacer desde que somos niños y llegamos a la edad adulta, ejercitar el cerebro, ser curiosos, aprender… todos los saberes son útiles.

¿Cuáles son los objetivos que persigue este congreso, titulado ‘Mare Nostrum, en las orillas del tiempo y del espacio’?

Lo que llevamos pretendiendo, y éste es el tercer congreso de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en la Comunidad de Valencia, es mostrar que colocando en el centro los estudios clásicos -que se ubican en el Mediterráneo, donde nacen, y a partir de ahí la civilización grecolatina se va a expandir primero a toda Europa y luego al resto del mundo, constituyendo la base de nuestra cultura occidental- nos extendemos a otras disciplinas y vemos las relaciones que establecen entre ellas.

Quien haya visto el programa quizás se haya podido sorprender, ya que tenemos ponencias propiamente de estudios clásicos, como la de Jaime Siles, de la Universidad de Valencia, y la de José Maestre, de la Universidad de Cádiz, o la clausura a cargo de Carmen Cardelle, de la Universidad de Zurich. A su lado se ha invitado a profesionales del mundo de la musealización para que nos hicieran ver a dónde va esa divulgación y comunicación de los avances científicos y de los restos arqueológicos, y cómo integrar la cultura literaria y lingüística con los procesos arqueológicos.

III Congreso Internacional de la Sociedad de Estudios Clásicos de la Comunidad Valenciana celebrado en Casa Mediterráneo

Cada vez más, para mostrar ese patrimonio, ponerlo en valor y comunicarlo son necesarias las nuevas tecnologías, fruto de virtualizaciones, realidades aumentadas o la utilización de gafas 3D para poder meternos, por ejemplo, en las termas de Elche en La Alcudia. Esto necesita, además de las texturas, de los juegos de luz y la recreación de esos paisajes y edificios, escuchar las voces y darles vida. Cuando introducimos estos elementos realmente nos trasladamos en una máquina en el tiempo y es ahí donde todas las disciplinas que trabajan sobre la antigüedad tienen que integrarse.

También hemos tenido paneles sobre el Mediterráneo, que a la vez nos une y nos separa, que es el espacio de la navegación y el comercio. Tuvimos un segundo panel a cargo de Guglielmo De’ Giovanni-Centelles, el Embajador de la UNESCO en Italia, con quien nos introdujimos en el mundo medieval y todo lo que supone la visión geográfica del medievo y esas dos orillas, con ese juego absolutamente maravilloso de darle la vuelta al mapa, que era lo que hacían los cartularios medievales. ¿Por qué razón el norte ha de estar arriba y el sur abajo, se lo han preguntado? O la literatura de viaje, cómo surge y por qué; qué relación mantiene la religión con todos estos elementos. Y todo eso se expresa en nuestras lenguas clásicas, pero en el congreso escuchamos también mucho árabe, precisamente por eso se citan “las orillas del tiempo”, porque éste avanza, pero el espacio sigue siendo el mismo, aunque a veces es una cuestión de relatividad. Los medios de comunicación van aproximando las orillas aunque en ocasiones, ideológicamente, puedan separarse y volverse a unir.

Por la tarde ya desarrollamos todas las comunicaciones. El congreso realmente está siendo un éxito; hemos tenido más de 100 inscritos, muchos de ellos profesores de institutos y colegios de la provincia. Y culminamos con una obra magnífica de la Nave Argo en el Aula de la CAM.

Acerca de su trabajo, usted ha hecho una serie de aportaciones a las teorías de Nicholas Gibbs sobre el enigmático Manuscrito Voynich, escrito en una lengua totalmente desconocida. ¿Nos puede explicar cuáles han sido sus aportaciones al respecto?

Mi aportación ha sido mínima. Coincidió que Gibbs estaba realizando la publicación de su teoría con mi nombramiento como vocal para España en el International Medieval Latin Committee y contactaron conmigo. Conocía el trabajo de Gibbs, por ser una de esas curiosidades que están ahí y en la medida en la que puedan tener relación con el latín medieval, con elementos de criptografía manifiestos, muy interesante desde el punto de vista de la iconografía que aparece en el manuscrito, por qué hacerlo de esa manera arcana y cómo puede llegar a interpretarse. Mi aportación ha sido opinar sobre la hipótesis de Gibbs. Es muy interesante lo que dice y resulta sugestiva en el sentido de que establezca que, utilizando una serie de códigos, se desvele la presencia de un latín medieval tardío.

Sin embargo, todavía hay una serie de elementos en discusión científica. Ahí, el debate que se establecía desde el punto de vista de periodístico es: ¿tiene razón o no? Lo que sucede es que a veces al pretender una comunicación y visibilidad rápidas paraa nuestras investigaciones la tendencia es convertir en muy espectaculares los resultados; esto produjo una reacción muy fuerte de la comunidad académica en contra de ese desciframiento del código del Manuscrito Voynich. De hecho, aún no se ha publicado el estudio completo y la correspondiente interpretación; sólo hemos tenido un acceso parcial a los resultados.

Ahora bien, la hipótesis probablemente está en el camino correcto para tratar de descifrarlo, pero todavía hay demasiados problemas no resueltos. Aún queda muchísimo trabajo por hacer y ya veremos si algún día se consigue, porque es endemoniado. Incluso se ha intentado descifrar informáticamente y no ha sido posible. ¿Quién lo hizo? ¿Fue una broma? Hay quien incluso ha puesto en duda la autenticidad del manuscrito. Probablemente, sería necesario un hallazgo que nos diera una serie de claves que pudiera contextualizar cómo se produjo ese manuscrito.

Las lenguas clásicas se encuentran en la raíz de nuestra lengua, ¿su aprendizaje favorece la adquisición de vocabulario y el mejor conocimiento de nuestro idioma?

Ahí se halla el valor propedéutico de las lenguas clásicas, es decir, dentro de esa gimnasia mental a la que me refería antes con las matemáticas. ¿Qué es lo que va a sernos útil en el futuro? Todo, en la medida en la que se entienda como formativo; nada que no tenga que ver con el trabajo que al final acabemos desempeñando cada uno, obviamente. Dicho de ese modo, hay que colocar en el primer nivel las razones por las cuales hay que estudiar las lenguas clásicas, que son razones de carácter cultural, que forman parte de las raíces de nuestra cultura.

Entonces, aparecen dos cuestiones, se puede enfrentar la enseñanza de las lenguas clásicas por dos vías y hoy se están utilizando realmente ambas. Una, que es la que todos hemos conocido, más tradicional, muy gramatical, muy útil desde el punto de vista de que desentrañar nuestros textos clásicos es casi ponerlos encima de la mesa del relojero, desmontarlos y volverlos a montar para construirlos, lo cual ayuda a generar una forma de pensar muy racional y estructurada, ayuda a estructurar las ideas con el aprendizaje del vocabulario que has mencionado, el pensamiento lateral, la necesidad de contextualizar todo el trabajo… pero es cierto que a veces el arranque se convierte en algo un poco árido (las declinaciones, la conjugación…).

Y luego se encuentran los métodos activos, que están funcionando muy bien. Probablemente, el mejor método es el que combina ambos, como siempre. Ya lo decía Nebrija cuando escribió su ‘Gramática de la lengua latina’, donde él oponía la enseñanza gramatical frente a la enseñanza por el uso. De hecho, la gramática de Nebrija, que se acabó convirtiendo en una gramática utilizada por todo el mundo para una enseñanza muy gramaticalizada, la escribió para que se aprendiera el latín leyendo, ése es el uso.

Pero hay algo básico. Hablamos lenguas románicas, lo que estamos hablando son las hijas o las nietas del latín, de hecho, podemos decir incluso que seguimos hablando latín. Nuestras lenguas son el latín evolucionado. A nadie se le ocurriría pensar si leemos ‘El Quijote’, aunque haya alguna frase complicada, que dice cosas ilógicas. Eso es lo que trasladamos también a nuestros estudiantes. Si te ha salido una frase absolutamente incoherente es porque está mal traducida, no es que estuvieran locos estos romanos. Es decir, es una lengua y comunica. Hay que aprender que cuando nos enfrentamos al texto hay una lectura fluida que se puede realizar exactamente igual.

III Congreso Internacional de la Sociedad de Estudios Clásicos de la Comunidad Valenciana celebrado en Casa Mediterráneo

Alguien podría preguntarse por qué hay que aprender las declinaciones, pues porque hoy en día, porcentualmente, con los medios tecnológicos sabemos que en el caso del latín y el griego, y especialmente en latín, aproximadamente en un 10% de las frases que tenemos que interpretar es importante identificar esos elementos de gramática. El 10% es muchísimo, porque apenas supera el 5% e incluso menos el resto de las lenguas. La ductilidad depende del nivel de gramática.

En inglés es prácticamente todo semántica, mientras que las lenguas románicas herederas del latín han reducido esa presión gramatical, pero la mantienen mucho más elevada. Por eso es necesario conocerlo, porque sobre todo los grandes modelos literarios son los que juegan con la lengua, con esos recursos gramaticales, cambiando las estructuras. Pero en un texto donde haya un lenguaje muchísimo más sencillo y directo, que vaya dirigido a un tipo de público que no sea una elite muy cultivada fluye el latín con naturalidad, como vemos en textos epigráficos, en textos mucho más livianos, en comedias plautinas, que tiene que llegar a un público general, donde no hay tanta sofisticación aunque haya juegos de palabras.

Por último, como ha mencionado, usted es el representante de España en el International Medieval Latin Committee. ¿A qué se dedica este organismo?

Se encarga de organizar cada cuatro años el Congreso Internacional de Latín Medieval. El comité es nombrado inicialmente para esos cuatro años y lo que hacemos es estar atentos a las tendencias en las líneas de investigación, en el impulso de la utilización de las tecnologías avanzadas para los estudios, velar para que nuestros estudios clásicos, y muy especialmente los de latín medieval, sean defendidos en todos los países, especialmente del ámbito europeo. Pero es muy llamativo que tengamos también vocalías de Australia, Estados Unidos o Canadá, de donde es el Presidente, y donde hay un especial cuidado hacia este patrimonio como herederos que se sienten, ya que estamos hablando de las bases de nuestra cultura occidental. Eso lo tienen muy a gala, e incluso a veces nos da envidia, probablemente porque nosotros lo hemos vivido siempre; esa relación es muy estrecha y entrañable.

El próximo año en septiembre se celebrará en Praga el siguiente congreso y justamente por ese análisis que estamos haciendo sobre lo que está pasando, lo que queremos enfrentar desde el latín medieval es la cuestión de las utopías y, sobre todo, de las distopías, que ya existían en el medievo, y son uno de los grandes temas de la actualidad, las teorías de Naumann, la sociedad líquida… que generan toda una metodología perfectamente aplicable y donde nuestros estudios aportan mucho, analizando cómo se enfrentaron a una sociedad en permanente conflicto, que trataba de forjarse y que, en el fondo, después de la caída del Imperio Romano estaba pugnando por volver a construirse.

El parteaguas fundamental va a ser el Sacro Imperio Romano Germánico de Carlo Magno y lo que supuso la gran recuperación del latín medieval en ese momento. Se hizo por unas razones prácticas, volviendo al principio. Las lenguas vernáculas, tanto las románicas, como las germánicas y las anglosajonas todavía no tenían una gramática ni una forma de expresión, y cuando se quiso volver a tener una única cancillería era necesario que se utilizara un solo código inequívoco, y esto supuso la recuperación del latín. Así se inicia el auténtico latín medieval, en cierta medida, buscando una unificación. Esto supuso que para aprender era necesario recuperar textos, lo que puso en marcha una rica literatura, de imitación primero, luego ya creada, y pensar, porque dominar cualquier lengua equivale a pensar mejor.

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