Revista Casa Mediterráneo

‘Les bienheureux’, un viaje a la Argelia de 2008

en junio 12, 2020

La década posterior a la oscuridad de la llamada guerra civil argelina, acaecida entre 1991 y 2002 y que enfrentó al gobierno con varios grupos rebeldes islamistas, inspira a los directores jóvenes que han estado revitalizando el cine argelino durante los últimos años. Sofia Djama, cuya Una cena en Argelia (horrible traducción para Los benditos del título original) fue el primer largometraje presentado en el Festival de Cine de Venecia 2017, aborda este tema como también lo hace En attendant les hirondelles de Karim Moussaoui también de  2017. Estas dos películas representan una sociedad desilusionada después de una década de terrorismo traumático y un conflicto generacional que aliena el progreso colectivo y los planes de vida individuales. La directora afirmó durante la rueda de prensa en el festival de Venecia, tras la premiere de su película, que se sentiría feliz si algún día los temas planteados en el film quedaran anticuados porque los conflictos planteados han sido superados por la sociedad argelina. 

Luis López Belda

La impresión de que todo puede explotar y destruir en poco tiempo esa vida cotidiana, antes aburrida y ahora añorada, (¿les suena de algo?) está presente durante toda la película. La acción tiene lugar en 2008 cuando, aunque oficialmente hay un retorno a la normalidad, los ataques terroristas continúan siendo perpetrados. El tejido social ha sido desgarrado por todas partes por mor de las fuerzas antagónicas y sus luchas de poder, a corto o lo largo plazo. Una amenaza se cierne sobre el lugar, un sentimiento de preocupación habita en las personas, ejemplificado en la obsesión de cerrar las puertas con varias vueltas de cerradura. La angustia y el miedo a ser sacrificado en medio de la noche intenta calmarse instalando barrotes de hierro, obstruyendo las ventanas, impidiendo que la luz del sol entre a través de las cortinas. Irónicamente, la película comienza con el anuncio de una huelga estudiantil organizada, entre otros malestares, contra el anuncio de la candidatura de Bouteflika para su tercer mandato.

El transcurso de la película profundiza en la dialéctica omnipresente sobre la oposición “dentro / fuera”, que también se encuentra en todas las cinematográfias del espacio cultural árabe-bereber-musulmán, con la notable excepción del cine iraní que privilegia los espacios interiores por conveniencia frente a autoridades y la censura y, muy a menudo, representa el espacio exterior como exclusivo de los automóviles, sin mostrar personas caminando. 

Cada día, poco a poco, es más y más difícil decir lo que piensas sin que te juzguen o te clasifiquen, provocando la ocultación y el encierro en uno mismo. Una relación humana satisfactoria se convierte en el verdadero objeto de lujo en esta sociedad.

Otro tema es la hipocresía, que gestiona todas las relaciones sociales entre lo que está oculto a los ojos de los demás y el espacio público analizado por todos, mostrando a la sociedad argelina como un entorno consumido por la cultura de evitar problemas y enfrentamientos a toda costa. La calle es el peligro potencial en cada esquina: la policía que actúa arbitrariamente, el vecindario que se entromete en los asuntos de los demás, un ataque que puede ocurrir en cualquier momento, el dueño de un restaurante que se niega a servir alcohol en una terraza. El espacio confinado es donde puedes bailar, beber, fumar, conocer chicas y chicos, tener relaciones eróticas… vivir a tu manera, aunque sólo sea un poco. El dolor y el miedo nunca están lejos y siempre se despiertan, en un momento u otro, con conversaciones que empiezan amigables y terminan en encarnizadas discusiones. Cada día, poco a poco, es más y más difícil decir lo que piensas sin que te juzguen o te clasifiquen, provocando la ocultación y el encierro en uno mismo. Una relación humana satisfactoria se convierte en el verdadero objeto de lujo en esta sociedad. Humildemente, creo que no hace falta irse a Argelia para constatar el progresivo e imparable aumento de esta sensación colectiva.

Dos maneras de percibir  la realidad argelina se confrontan en el film. Por un lado, están los padres que vivieron los horrores de los años 90. Por otro, los hijos que los responsabilizan de lo ocurrido. Amal y Samir celebran su vigésimo aniversario de boda que tuvo lugar en el fatídico 1988. Pero pronto constatamos que esta pareja de clase media (Amal es profesora universitaria y Samir ginecólogo) ya no está en la misma onda. Amal, totalmente desilusionada con su vida en Argelia, parece tener sólo una idea en mente: Enviar a su hijo Fahim a estudiar al extranjero porque piensa que, sólo fuera de Argelia, puede tener un futuro digno de ese nombre, mientras que Samir se niega rotundamente. Para él, los sacrificios y la resistencia durante los años de terrorismo no deben ser en vano, no deben caer en saco roto. Cree que hay que quedarse en el país y cambiarlo.

En paralelo, está la generación de los hijos que, incluso si viven en un entorno privilegiado, buscan un camino vital que, como dice Reda, tenga sentido. El personaje más activo en esta búsqueda es el de Feriel, que defiende su derecho a vivir como le plazca y rechazar los dictados de los más mayores. En cuanto a Fahim y Reda, cada uno está más bien en un viaje personal, entre otras cosas, porque fuman bastante cannabis. 

Sin embargo, en un aspecto coinciden ambas generaciones: El humor a veces feroz, a menudo desesperado, que caracteriza a los argelinos como defensa a los diferentes ejercicios que la Historia les ha impuesto y que confirma el famoso aforismo del cineasta Chris Marker: “El humor es la cortesía de la desesperación”. Pero este humor es manejado de diferentes maneras por padres, cínicos, desilusionados, despectivos y jóvenes que lo aprovechan con vivacidad y burla.

La ciudad de Argel es un personaje más: blanca, decadente, hermosa y arrogante. Sofia Djama filma la ciudad con la destreza de la ternura, usando tomas que se abren en altura, desde ventanas y balcones, en su bahía y sus colinas que palpitan con la historia milenaria y vibran con la vida sin aliento. Pero la cineasta también nos lleva a su noche, sus callejones con poca luz, sus barrios de clase trabajadora donde se encuentra un inframundo en contraste con el de los padres, formado por lugares privilegiados y gentrificados y hoteles reservados para las élites.

 Ficha artística: 

País: Argelia-Bélgica-Francia. Título original: Les bienheureux. Año: 2016. Duración: 102 minutos. Dirección y guión: Sofia Djama. Fotografía: Pierre Aïm. Reparto: Salima Abada, Faouzi Bensaïdi, Adam Bessa, Sami Bouajila, Nadia Kaci, Lyna Khoudri, Amine Lansari. Género: Drama.

 Principales menciones: 

Presentada en la sección especial del  Festival Internacional de Cine de Venecia.

 Plataforma de streaming donde puede verse el film: 

Filmin.

Compartir esta entrada:
mariagialma@gmail.com‘Les bienheureux’, un viaje a la Argelia de 2008