Revista Casa Mediterráneo

Luis Mollá, Capitán de navío: “La vuelta al mundo de Magallanes y Elcano fue el inicio de la globalización”

en marzo 21, 2019

El año 2019 es una fecha especialmente significativa para España y el resto del mundo, al conmemorarse el quinto centenario de la primera vuelta al mundo, emprendida por la expedición de Magallanes y Elcano y financiada por la Corona Española en 1519. La importancia de esta hazaña, que demostró la redondez de la tierra, abriendo la posibilidad de nuevas rutas comerciales por el mar, permitió el acceso a las preciadas especias y a otros productos de ultramar, y propició el engrandecimiento de España, se celebrará por todo el globo hasta 2022, coincidiendo con los años que duró la travesía de esta primera expedición hasta su llegada a España, en 1522.

Luis Mollá Ayuso, Capitán de navío de la Armada Española,  especialista en comunicaciones navales, así como Diplomado de Estado Mayor y Relaciones con los Medios de Comunicación, participó el pasado 20 de marzo en el ciclo ‘Marinos y el Mediterráneo’ de Casa Mediterráneo para hablar de este fascinante tema. Además de su carrera en la Armada, el capitán tiene tras de sí una prolífica trayectoria literaria, entre cuyos títulos destaca “La flota de las especias” (2017), en el que recrea la epopeya de la expedición de Magallanes culminada por Elcano.

Su actividad literaria se enfoca a la narrativa de ficción militar y es colaborador habitual de la Revista General de la Marina y de otras publicaciones de temas militares marineros. También se dedica a ofrecer conferencias y a colaborar asiduamente en programas de radio y televisión. Otras de sus novelas son: “El veneno del Escorpión” (2004), “Soldado de Nieve” (2005), “La tumba de Tautira” (2006), “La Séptima Ola” (2008), “Perdidos en la memoria” (2010), “La isla más pequeña del mar” (2012), “Pólvora mojada” (2013), “En el nombre del mar” (2013), “El cebo” (2015), “El Almirante” (2018) y “Eso no estaba en mi libro de Historia de la Navegación” (2019).

¿Qué repercusiones tuvo la primera circunnavegación a la tierra emprendida por Juan Sebastián Elcano, de la que precisamente este año arrancan las celebraciones de su V Centenario?

La primera repercusión, obviamente, fue demostrar de una manera práctica que la tierra era redonda. Cuando pocos meses después de regresar, a Sanlúcar en primer lugar y a Sevilla después, Juan Sebastián Elcano acude a una audiencia con el Rey Carlos I y lo primero que le dice es: “Majestad, hemos dado la vuelta a toda la redondez de la tierra”. Es una frase muy bonita. Visto grosso modo, la principal repercusión es ésta.

Luego, hay otras. El monarca queda maravillado, porque realmente es la persona más poderosa del mundo, pero de un mundo que se da cuenta que no conoce y de repente Juan Sebastián Elcano le empieza a contar los diferentes grupos etnográficos existentes, que hay razas de dos metros, como los patagones, o de menos de un metro, como los pigmeos, de todos los colores, que hay mujeres de una y otra forma, todo tipo de animales, plantas que curan diversas dolencias… Lo que trae Elcano de esta primera vuelta abarca casi todos los campos de la ciencia.

Otra de las consecuencias es que en ese momento empieza la globalización, tal y como la conocemos ahora. Aquí me posiciono en contra de una corriente actual que sostiene que la primera vuelta al mundo es exclusivamente española. Lo fue en muchos aspectos: en la concepción, el planeamiento, la financiación… Pero fue una empresa multinacional. Había 239 hombres, de los cuales 165 eran españoles y el resto extranjeros. Me parece incluso más bonito este carácter internacional.

De hecho, en las celebraciones del V Centenario van a participar muchos países, además de España…

Sí, es lógico que participen muchos países, ya que aportaron un buen número de marineros, empezando por España, que fue quien más asignó, seguido de Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania, Grecia, Italia, las Ciudades Estado de la época (Venecia, Génova), Chipre,…

¿La financiación fue exclusivamente española?

Sí, en un 75% de la Corona y en un 25% de los prestamistas reales, entre ellos, la familia De Haro de La Rioja.

Charla del capitán Luis Mollá en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

¿Cree que España ha sabido transmitir a los propios españoles y al resto del mundo la importancia de esta hazaña? En ocasiones, este país no saca partido de sus hitos, mientras que otros los explotan hasta la saciedad.

Ése es nuestro caso. Por razones endémicas, el español medio no vive de cara a estos acontecimientos. Hay otros países donde, efectivamente, hazañas importantes están muy presentes entre la sociedad y los medios de comunicación. Aquí no, porque tenemos esa forma de ser. Aunque sería para sacar pecho. Hay gente que dice que el descubrimiento de América podría compararse con la llegada del ser humano a la luna, en términos de dificultad.

Si admitimos esto, yo comparo la expedición de Magallanes y Elcano con esas sondas que abandonaron la tierra en los años 80, Pioner, Voyager…, que salieron a explorar el universo, todavía hoy siguen avanzando y han alcanzado velocidad de escape del sistema solar. Por ejemplo, la Pioner 10 se calcula que tardará todavía 300 años luz en llegar a Aldebarán. Aceptando este símil, el litoral andaluz de hace 500 años es el Cabo Cañaveral de hoy. Me parece importantísimo. España era pionera. Estos hombres, al fin y al cabo, salieron a un universo desconocido.

Llegaron allí, chocaron con América, empezaron a bajar al sur para averiguar dónde estaba el paso al océano que les podría conducir a donde ellos se dirigían, que eran las Islas Molucas e iban a ciegas. Cuando al final lo consiguieron y llegaron al Pacífico, se encontraron con el más inmenso de los océanos de la tierra, que tardaron tres meses en recorrer, con la mala suerte de que en la ruta escogida por Magallanes no hubiera ni una sola isla, únicamente atolones yermos de alimento y de agua, y esto fue lo que ocasionó una mortandad alta por escorbuto.

Regresaron tan solo 18 hombres en una sola nao, de las cinco que partieron. ¿Qué pasó con el resto de los marineros y las naos?

Dan la vuelta al mundo y regresan a España 18 hombres, incluido Elcano, a bordo de la Nao Victoria después de tres años menos dos semanas de navegación. Pero antes, se ha producido la deserción de una de las naos. A punto de entrar, la San Antonio, en el Estrecho de Magallanes, deserta y se vuelve a España. Después, de las dos naos que se cargan de especias, la Victoria y la Concepción, esta última sufre una avería y se tiene que quedar. Pero la encuentran los portugueses y someten a los tripulantes a tal castigo físico que sólo sobreviven tres.

Y finalmente, Juan Sebastián Elcano, cuando ya no pueden más, desafiando los elementos, no sólo los temporales y las calmas, que son casi peores, sin alimentos… entran en una de las islas de Cabo Verde, mienten diciendo que han tenido una avería y vienen de la Isla Española -que era lo que nos permitía el Tratado de Tordesillas, que no nos autorizaba a regresar por el camino portugués-, pero los portugueses se dan cuenta del engaño. Entonces, Elcano, por eso yo le doy tanto mérito, escapa, pero deja en tierra a 13 hombres que habían bajado a por alimentos. Fue todo muy rápido. Uno de esos hombres fue avaricioso y quiso vender clavo, lo que delató su procedencia. Si sumamos a unos y a otros nos encontramos con un total de 85 supervivientes.

¿Esta expedición tenía la finalidad de abrir una ruta de las especias?

Ésta no era su finalidad. El objetivo de la expedición era puramente comercial. De hecho, solamente en vino la Corona gastó más dinero que en armamento. El vino era sustancial para el marinero, como alimento, que consumía media de azumbre al día (una medida de capacidad de la época), que equivale a un litro, repartido en cuatro cuartillos. Por un lado, era una forma de darles calorías, ya que el trabajo del marinero desgasta mucho. Y por otra parte, era una una manera de mantenerlos en una penumbra mental para que no se preguntaran dónde se habían metido, porque si se lo planteaban demasiado podrían tirarse por la borda, como hubo casos, por desesperación. No sabían a dónde iban, además el marinero era el último eslabón de la sociedad, muy supersticioso, con poca formación, con miedo ante todo… Muchos de ellos creían que la tierra se acabaría de repente y caerían al vacío. Otros pensaban que en el ecuador hacía tanto calor que las naves se derretían.

El objetivo verdadero de la expedición era llegar a las Molucas, cinco islas que son las mayores productoras de especias. Estamos hablando de una época en la que no se conservaban los alimentos de otra forma que con especias. Además, la nobleza las apreciaba por conferirle más sabor a las comidas. Y valían su peso en oro. Un saquito de canela o de pimienta era el sueldo de un artesano o de un orfebre de toda la vida.

En aquella época, ¿de dónde procedían las especias?

Se producían en las Molucas y en la India. Llegaban a Europa por la Ruta de la Seda, que inauguró Marco Polo. Entraban por Estambul, la antigua Constantinopla, pero en el año 1453 el sultán Mehmed II, emperador del Imperio Otomano, tomó Constantinopla y la cerró al tráfico comercial. Pero en Europa nos habíamos acostumbrado a una serie de cosas, entre ellas las especias, que no se podían conseguir ya por tierra, y había que ir a buscarlas por el mar. Hablar del mar en esa época, suponía hablar de Portugal y España. Por eso se produce esa disputa entre portugueses y castellanos.

Lo que el Rey quiere, y es lo que le ofrece Magallanes, es llegar allí y delimitar que las especias se encuentran en el lado español respecto al Tratado de Tordesillas, que establecía una raya imaginaria en el océano, 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Esta línea daba toda la vuelta a la tierra y se quería comprobar si las Islas Molucas caían del lado español o portugués. Realmente era una quimera, porque una vez allí no iban a saber calcularlo -el cálculo de la longitud no se conoció hasta tres siglos después-. Pero si llegabas y decías que era tuyo, se asumía que era así. Se pretendía establecer lazos comerciales y delimitar que las islas estaban del lado español.

Hay que tener en cuenta que el Rey Carlos cuando desembarcó en Tazones, en Asturias, se encontró una España pobre y además quería ser emperador, un título que no era hereditario, sino que se ganaba con dinero. Había siete príncipes electores y había que pagar a cada uno para que te nombraran. Se la estaba jugando con Francisco I de Francia, con Enrique VIII de Inglaterra, con el propio Manuel I de Portugal… pesos pesados.

Público asistente a la charla del capitán Luis Mollá en Casa Mediterráneo – © María Gilabert / Revista Casa Mediterraneo

Cuando culminó esta expedición, ¿se consiguió abrir una nueva ruta de las especias?

No. La expedición fue tan calamitosa que se comprobó que desde el punto de vista comercial era una ruina. Se intentó una segunda vez con la expedición García Jofre de Loaísa, compuesta por siete barcos, en la que además iba Elcano como segundo jefe. Pero se perdieron seis barcos, el propio Elcano murió en el Pacífico, de ciguatera. Se vio que no era posible. Entonces, ¿qué hizo España? Como necesitaba dinero urgentemente, en 1529 Carlos firmó un acuerdo con Portugal por el que le cedía las Molucas a cambio de dinero y las Filipinas, que se llamaron así en honor a Felipe II.

¿Qué tráfico comercial se estableció? El Galeón de Manila. La Flota de Indias partía de Cádiz, llegaba a Veracruz, en el Golfo de México. Mediante carretas de bueyes se llevaba todo a Acapulco y de allí salía el galeón, que llegaba a Manila, donde cargaba todas las riquezas de Filipinas y volvía en sentido inverso. Así, iban llegando todas las mercancías a España, llamadas “los coloniales”. De hecho, en Cádiz proliferaron unos negocios que se denominaron “ultramarinos”, artículos que provenían de ultramar, y “coloniales”. Solamente en Cádiz llegó a haber más del triple de ultramarinos y coloniales que en Madrid, París y Londres juntos.

Todo esto llegaba a España, que mandaba productos manufacturados, aperos de labranza, animales, semillas, curas y frailes y una cosa muy curiosa que se apuntaba en los libros de navegación, en los roles, como “puntos filipinos”. Es una expresión que se usaba cuando alguien hacía alguna gamberrada. En aquella época, cuando el hijo de una persona encumbrada se metía en un lío, generalmente de faldas, antes de que se envainará la espada o le dieran el guantazo, lo que suponía un desafío que no se podía eludir, por honor, te embarcaban en uno de estos barcos para mandarte lejos durante una temporada, y quedabas consignado como “punto filipino”. El desafío a un duelo significaba una muerte segura para quien no sabía combatir.

Por último, ¿qué vinculación tuvo Juan Sebastián Elcano a Alicante?

Elcano prometió en vida peregrinar al Monasterio de la Santa Faz en Alicante, porque él, antes de embarcarse estuvo navegando por el Mediterráneo y fue muy bien acogido aquí. Y como fue muy devoto de la Santa Faz, juró, después de conseguir el éxito de dar la vuelta al mundo, peregrinar al monasterio. Cuando se fue con la segunda expedición murió y no pudo hacerlo. Pero antes de morir hizo testamento, a bordo, donde aparece una cláusula en la que ofrece 6 ducados de oro, que era mucho dinero, a quien peregrine al Monasterio de la Santa Faz en su nombre y haga entrega de 24 ducados de oro a las monjas clarisas que se ocupaban del convento. No se tiene noticia de que nadie lo hiciera.

Entonces, hace unos 75 años (en 1944), un almirante de la Armada, alicantino de mucho prestigio, Julio Guillén Tato, rescató el codicilo del testamento de Juan Sebastián Elcano y convenció al Capitán General del Mediterráneo, el Almirante Bastarreche, al Almirante de la Armada, al alcalde y la Cofradía de Pescadores de Guetaria y fueron todos en peregrinación. Guillén Tato, personalmente, hizo entrega del dinero que había estipulado Elcano a las Clarisas, convertido a la moneda en curso. Ese momento tan bonito se plasmó en la entrega al Monasterio de la Santa Faz de una réplica de la Nao Victoria, que está en una capilla lateral, colgada del techo.

Hay otra historia muy bonita, que no está directamente relacionada con Juan Sebastián Elcano, pero que a mí me gusta mucho. En San Fernando (Cádiz) se encuentra el Panteón de Marinos Ilustres, donde están enterrados marinos representativos, y detrás del altar hay un estanquito redondo con azulejos azules con una bóveda por donde entra el sol. En la pared hay siete ánforas que representan los siete mares bíblicos. Pangea, inicialmente cuando emergió estaba rodeada de un único mar, llamado Panthalassa. Cuando comienzan a derivar los continentes se van formando hasta siete mares, que luego serían más.

El Buque Escuela Juan Sebastián Elcano todos los años trae agua de los mares por los que navega y se vierte ahí; es la forma de honrar a tantísimos marinos “enterrados” en el mar. En una ocasión, escribí sobre 34 muertos en el Mediterráneo, de un dragaminas que se hundió, a quienes por diversas circunstancias nunca se les recordó y se me ocurrió una frase que luego he repetido más veces: El mar es el sudario más noble para un marino valiente y el olvido, su más triste epitafio. Yo creo que Elcano tiene lo que un gran marino como él debe tener: Está en el mar, pero no está olvidado.

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