Revista Casa Mediterráneo

Manolo Cámara: “Necesitamos estar preparados ante los desastres, aunque pensemos que nunca nos van a pasar”

en noviembre 22, 2022

¿Sabemos cómo actuar ante una emergencia? ¿Estamos preparados para hacer frente a catástrofes naturales, epidemias o conflictos? ¿Tenemos diseñado un plan familiar de emergencias? A estas y otras cuestiones básicas que nos pueden salvar la vida y mejorar nuestra situación en caso de desastres y emergencias, responderá Manolo Cámara, Teniente Coronel de infantería diplomado en Operaciones Especiales (COE) y en Gestión de Catástrofes en la Escuela Militar de Emergencias (UME) el próximo jueves 24 de noviembre a las 19 h. en un encuentro en Casa Mediterráneo.

Manolo Cámara lleva más de 25 años dedicado a la supervivencia y a la preparación. Actualmente dirige la Escuela de Supervivencia Canarias y preside la Asociación Española de Supervivencia y Preparacionismo en Desastres y Emergencias. Ha realizado e impartido numerosos cursos de supervivencia en distintos ambientes: bosque, mar y litoral, desierto y selva, así como de preparacionismo en desastres y emergencias.

Es codirector y profesor de los cursos de extensión universitaria de supervivencia y preparacionismo en la Universidad Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y dirige cursos de preparación ante desastres en la Dirección de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias (España). Es autor del libro “Prepárate. Prepara a tu familia para sobrevivir a desastres y emergencias” (2022), donde ofrece consejos básicos y sencillos, alejados del alarmismo, útiles si nos encontramos ante una situación fuera de control.

La pandemia de Covid alertó de la rápida propagación de ciertas enfermedades en un mundo globalizado como el actual y de otras epidemias que pueden sobrevenir. ¿Estábamos preparados para lo que ocurrió?

Estaba claro que no estábamos preparados. De repente nos vimos confinados. Desde España observábamos cómo iba progresando la epidemia en otros países, mientras que parecía que aquí seguíamos igual. Italia estaba confinado y nosotros aquí, de fiesta. Además, recuerdo que se estaban celebrando los Carnavales de Cádiz. Y cuando nos confinaron nos dimos cuenta de que no estábamos preparados, ni psicológicamente ni físicamente, con materiales básicos en comida, ni agua. Tuvimos la suerte de que toda la cadena logística funcionó bien. Estuvieron abiertos todos los supermercados, las farmacias… y no hubo un colapso de logística, lo que habría sido un problema grave.

¿Cómo surgió la idea de escribir el libro “Prepárate. Prepara a tu familia para sobrevivir a desastres y emergencias” y con qué finalidad?

Llevo tiempo involucrado en el tema de la supervivencia y justo después de la pandemia hice un curso de gestión de catástrofes en la UME. Quise orientar mi trabajo en materia de supervivencia hacia el preparacionismo, sobre todo de desastres: cómo sobrevivir y preparar nuestra vida familiar durante los mismos. Me estuve documentando y leyendo bastantes libros, de los que muchos, en español, eran muy exagerados y apocalípticos. No me convencían porque hablaban de guerras nucleares, máscaras de gas, Kalashnikov, depósitos… y poco más, como las películas. Estuve haciendo algunos cursos online de Estados Unidos, donde estaban muy concienciados sobre estos temas, y me propuse coger todas las ideas que iba viendo, darles una forma lógica y contarlo a mi manera, de forma sencilla para que cualquier persona y familia pueda estar preparada ante un desastre.

Una catástrofe suele sobrevenir de forma inesperada, lo que implica la necesidad de disponer de unos productos y unas pautas básicas en casa para hacerle frente. ¿Nos puede poner algún ejemplo de consejos prácticos que ofrece en el libro?

Durante la pandemia nos acordamos de lo pasó con el papel higiénico y la idea de que se iba a acabar, aunque finalmente no ocurrió nada. La pandemia nos hizo ver que hay que tener ciertas cosas en casa preparadas “por si acaso”: ciertos tipos de comida no perecedera, arroz, pasta, legumbres, latas de conserva, tomate frito, aceite, mucho agua (fundamental, es lo primero que vamos a necesitar)… Otra cosa importante es que si se va la electricidad o hay un desastre no voy a poder pagar con tarjeta ni voy a poder sacar dinero en metálico, por lo que tendré que tener dinero en casa y sobre todo en billetes pequeños, porque si compro productos de bajo coste quizás no dispongan de cambio. Es muy importante también tener medicinas, por lo menos para quince días. Si alguien de la familia tiene patologías que le obliga a tomar medicinas todos los días –cuanto más mayores nos hacemos, más tenemos que tomar- si de repente hay una catástrofe del tipo que sea, si hay un apagón y la cadena logística se paraliza no se podrá pagar con tarjeta, ni se podrá comprar los fármacos prescritos si las farmacias cierran. De ahí la importancia de tener almacenados esos medicamentos para 15 días al menos.

Otra medida importante es tener la documentación guardada en un pen drive: nuestro carné de conducir, DNI, pasaporte, tarjeta sanitaria, seguros de hogar, escrituras de propiedad de la casa… ¿Qué ha pasado en La Palma? El volcán ha arrasado casas enteras y hay personas que tienen muchos problemas para demostrar que la vivienda era suya, porque se trata de escrituras antiguas, sin copias. Es muy fácil hacer fotografías y guardarlas en un lápiz de memoria. También recomiendo enviártelo a tu propio e-mail, ya que la memoria USB se puede perder. Son cosas fáciles de implementar, como tener los teléfonos de la familia y amigos apuntados y guardados en la cartera, por si pierdo el móvil. Estas sencillas medidas pueden salvarme la vida o que el desastre no lo sea tanto, al haber podido recibir ayuda o saber cómo resolver el problema. Por ejemplo, todos deberíamos aprender técnicas básicas de primeros auxilios para curar a nuestra familia o al vecino, sabiendo cómo actuar ante un incendio o un terremoto.

¿Este tipo de pautas de actuación sería aconsejable que se enseñaran desde la escuela?

Sí, porque además es posible que los padres no se encuentren en casa en un momento dado ante un incendio, por ejemlo. En el libro, en el que abordo el Plan Familiar de Emergencias, explico cómo toda la familia debe actuar, desde los niños pequeños hasta las personas mayores, personas con discapacidad, incluso si se tienen mascotas, en caso de una emergencia. Hay cosas fundamentales, como que si se produce un incendio al subir a la azotea, que la puerta no se encuentre cerrada. Los porteros la suelen cerrar, pero tiene que estar abierta o disponer de una llave para poder salir y que no sea una ratonera. Eso hay que comprobarlo e instruir a toda la familia en cómo actuar en caso de incendio, de terremoto… disponer de un punto de reunión, cómo comunicarse si no funciona el móvil. Todas esas cosas que son fáciles de implementar y pueden salvar vidas.

En el libro hace referencia a la “Mochila de 72 horas”. ¿Qué debe contener?

Ese concepto surge porque se supone que en 72 horas las autoridades van a actuar, dependiendo del país del que se trate, del tipo de catástrofe y de la capacidad que tengan para ayudarte en ese momento. Es una mochila que se pueda llevar a la espalda, que no sea enorme, adaptada a cada miembro de la familia, donde hay que meter cosas fundamentales: agua, ropa de abrigo, linternas, mapas de la zona, un depurador de agua o pastillas potabilizadoras, un pequeño saco de dormir, algo de comida, un pen drive con la documentación personal, un pequeño botiquín, un silbato, una manta térmica… –yo pongo una lista, pero hay que seguir la lógica-. Y de vez en cuando conviene hacer ensayos con la familia. Por ejemplo, ir a pasar un día en el campo con la mochila de 72 horas o de emergencia. Es una aventura para los niños y la familia que sirve para probar todas estas medidas.

Antes mencionaba que en Estados Unidos la población está más preparada que nosotros para las catástrofes. ¿Eso se debe a que en ciertos estados del país son frecuentes los tornados, los huracanes y otros fenómenos naturales? ¿O hay otras razones?

Eso por eso y porque también, desde la Guerra Fría, por el miedo a un ataque nuclear se empezaron a organizar por si acaso. De ahí que se montaran búnkeres. Y además, como siempre digo, no se sobrevive solo, sino en comunidad. En los pequeños pueblos todos se conocen, se reúnen, hacen ensayos una o dos veces al año, saben dónde guardar la comida, el agua, el botiquín, dónde se encuentra el puesto de mando… cada uno aporta sus conocimientos (medicina, carpintería o electricidad) y están más concienciados.

Habitualmente ofrece charlas e imparte cursos sobre supervivencia y preparacionismo. ¿A qué tipo de público se dirige?

De todo tipo. Doy cursos a colectivos que van desde profesionales del Gobierno de Canarias, miembros de la Policía Nacional, Policía Autonómica, bomberos o 112 hasta colegios con niños pequeños, adaptándolos al nivel de conocimientos de cada uno. Lo importante es tomar conciencia. Por ejemplo, a los niños muy pequeños les decía que en la carta a los Reyes Magos en vez de pedir un coche pidieran una linterna frontal, sin meter miedo, sino cierta mentalización ante los desastres. Necesitamos estar preparados, aunque pensemos que nunca nos va a pasar. Por ejemplo, en vuestra zona de Levante todos los años tenéis danas.

¿Tiene experiencia personal en la gestión de catástrofes?

Directamente no he participado en catástrofes, pero sí asesorando o haciendo prácticas porque no estoy metido en la UME, pero colaboro con ellos a través de cursos. En el gran incendio de Gran Canaria, que asoló prácticamente toda la isla, estuvo a punto de quemarse todo el pueblo de Tejeda, que estuvo rodeado por el fuego y no había un plan de evacuación. La gente no sabía lo que tenía que hacer. Por suerte no se quemó el pueblo. Si hubieran entrado las llamas en las casas se habría producido una cadena que habría afectado a todo el pueblo. Los americanos todo eso lo tienen previsto, las rutas de evacuación, si el fuego viene en dirección el norte cómo salir por el sur, el manejo de los mapas, realizan ensayos… En España hemos empezado a mentalizarnos, pero aún no lo estamos del todo.

Cuando se produjo la erupción del volcán sí que fui a La Palma. El volcán es imparable, empieza a expulsar lava y no se puede parar. Fue arrasando y hubo que evacuar a la gente rápidamente de sus casas, que se fue con lo puesto. Si hubiera tenido su mochila, su pen drive con la documentación o su plan de evacuación podría incluso haber preparado mejor a sus mascotas, dejándoles comida y agua hasta que pudiera haber regresado a rescatarlas.

La idea del libro y de la charla, que habla también del apagón, es concienciar a la gente. Doy 20, 30 o 50 consejos que no me he inventado, sino que los he recopilado, aunque alguna idea es mía. Todo, plasmado de una forma sencilla para que lo entienda la gente y se haga su propio plan familiar cogiendo algunas de estas ideas, como tener apuntados los teléfonos de la familia en la cartera, una linterna frontal o una manta en el coche. Cuando ocurrió el fenómeno de Filomena, mucha gente se quedó tirada en la carretera sin ropa de abrigo y tuvo que pasar toda la noche así. Se trata de pequeñas cosas que pueden ayudar. Cada cual debe prepararse al nivel que pueda, en función del espacio que tenga en casa y de lo que se quiera involucrar. Creo que después de la pandemia, todos tenemos más latas en la despensa.

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