Revista Casa Mediterráneo

María San Miguel: “Para mí, el teatro es un espejo de lo que nos pasa como sociedad”

en septiembre 18, 2020

La actriz, dramaturga y directora teatral María San Miguel concibe el teatro como un vehículo para ahondar en temas candentes en la sociedad que en muchas ocasiones no nos atrevemos ni siquiera a plantearnos o a exteriorizar. Su forma de hacer teatro es documental y se basa en una profunda investigación sobre los temas que se propone abordar en sus obras, en las que las entrevistas personales desempeñan un papel fundamental. Por ello, la honestidad y la sinceridad de su dramaturgia llega al espectador, que sale de la sala conociendo realidades que desconocía por completo y planteándose preguntas sobre el mundo que le rodea.

María San Miguel (Valladolid, 1985) es licenciada en Periodismo y Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, donde comenzó sus estudios de teatro teniendo como maestros a Domingo Ortega, David Ojeda y Jesús Barranco. En su formación como actriz destacan sus estudios en teatro, movimiento (basado en la pedagogía de Jacques Lecoq) y voz (Roy Hart Theater y Odin Teatret) en la escuela de Mª del Mar Navarro y Andrés Hernández en Madrid. Ha estudiado con profesionales de las artes escénicas como Philippe Gaulier, Jeremy James, Familie Flöz, SITI Company, Kameron Steele y Pablo Messiez, entre otros.

Entre 2007 y 2012, asumió una parte de las tareas de gestión, producción y producción en ruta del Aula de Teatro de la Universidad Carlos III de Madrid, destacando la organización y coordinación de ‘Unitínere’. Dentro de la organización y coordinación de este proyecto, hay que subrayar la planificación pedagógica de los talleres para niños y campamentos urbanos de teatro que desarrolló durante más de seis ediciones. Entre 2009 y 2012, fue profesora de movimiento, voz e interpretación en los talleres de teatro y el grupo de la uc3m, teniendo a más de 90 alumnos y alumnas a su cargo.

María San Miguel

En 2010 creó Proyecto 43-2, donde produce, escribe y actúa. Ha investigado y creado “Rescoldos de paz y violencia”, una trilogía de teatro documental sobre la violencia en el País Vasco en la que ha trabajado durante diez años y que tras una gran acogida en salas tiene previsto seguir rotando por diversas ciudades de España y Europa. Ha recibido dos veces el Premio de Arte Dramático de la Diputación de Valladolid. En 2016 fue becada por la Fundación BBVA con una ayuda a investigadores y creadores culturales y por la Fundación SGAE para participar en el V Laboratorio de Escritura Dramática. “Viaje al fin de la noche”, la pieza que cierra su trilogía, fue finalista al mejor espectáculo revelación en los Premios Max 2019. Ese mismo año, ganó la convocatoria ‘Enrédate’ del Centro Dramático Nacional (CDN) con “Y llegar hasta la Luna”, un proyecto de teatro documental sobre sexo, violencia y diversidad funcional que ha sido premiado por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) y la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante con una Beca de Dramaturgias Actuales 2019.

En noviembre de 2019 estrenó en Barcelona “El Contrato de Carmen Resino”, un encargo de dirección de Teatro de la Riada. Y en febrero de 2020 fue programada con otro encargo en el teatro Fernán Gómez de Madrid. Actualmente, trabaja con el cineasta Isaki Lacuesta y prepara su nuevo espectáculo “I’m a survivor” que se estrenará en el prestigioso Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid. En la próxima temporada, estrenará “Y llegar hasta la Luna” en el Centro Dramático Nacional (CDN) y cruzará el charco para trabajar en Estados Unidos. Toda una agenda en un contexto tan complejo como el actual para las artes escénicas.

María San Miguel participará el viernes 18 de septiembre en un encuentro enmarcado en el ciclo ‘Mujeres y el Mediterráneo’ en el que a partir de las 19:00 horas charlará con la periodista Sonia Marco sobre su trayectoria teatral y los temas que orbitan sobre su dramaturgia, temas tan cruciales como la violencia, la sexualidad o el Coronavirus desde la visión de las víctimas y el papel invisible de las cuidadoras. La sesión puede seguirse en directo a través de la web de Casa Mediterráneo. Como adelanto a la cita, María San Miguel nos concedió una entrevista.

Es licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid, donde comenzó sus estudios de teatro. ¿Qué fue lo que la llevó a subirse a las tablas de un escenario?

En realidad yo siempre quise hacer teatro, desde jovencita siempre me ha gustado contar historias, leer… Mis padres me empezaron a llevar al teatro a los dos años y siendo muy pequeña he visto también obras de adultos; ellos veían mucho teatro y al ser hija única me llevaban. Entonces, quería ser actriz. Me fui a estudiar Madrid porque pretendía estudiar teatro; entré en la universidad porque mi padre había ido y desde muy pequeña me había contado cómo era su experiencia de aprendizaje, de conocer gente, y yo también deseaba tenerla. Y tuve la suerte de que en la Universidad Carlos III, cuando entré en 2003, había una de las aulas de teatro universitarias más potentes de toda España, dirigida por el profesor Domingo Ortega, allí empecé a hacer teatro y digamos que es la base del tipo de teatro que hago y de mis intereses. Domingo para nosotras y nosotros fue un gran maestro, que nos enseñó el teatro que bebía de La Barraca, de Federico García Lorca y de las visiones pedagógicas de Casona. Ahí, definitivamente me enamoré y supe lo que quería ser, más allá del periodismo en el que me licencié, que mi vocación real era la de contar historias, pero desde los escenarios.

María San Miguel Proyecto 43-2 - Alba Muñoz

María San Miguel Proyecto 43-2 – Alba Muñoz

Usted tiene una sólida formación en teatro, movimiento y voz, y ha estudiado con reconocidos profesionales del sector. ¿Desde su punto de vista, qué peso tienen el talento innato para la interpretación y la formación para ser un buen actor, natural y creíble?

Soy una gran defensora de la formación. Creo que el talento existe, creo que el talento sin vocación no se desarrolla, pero creo que el talento tampoco se termina de desarrollar sin una formación sólida, sin una técnica que te permita agarrarte a esos conocimientos que te enseña un buen maestro o maestra en una escuela o que puedes aprender teniendo diferentes experiencias, porque la técnica es lo que te salva en el escenario cuando tienes un mal día. Las creadoras también somos personas y puedes tener un mal día porque tengas la regla, hayas tenido un problema familiar, porque estés con gripe, o sea que no tengas el condicionamiento físico o emocional, como cualquier trabajadora, el día que tengas una función. Entonces, la técnica te sirve para reforzar ese talento.

No sé si existe el talento innato. No sé si con talento innato se puede desarrollar una carrera entera. Creo que las grandes actrices y actores que conocemos, tanto en el teatro como en el cine y la televisión, la mayoría de ellos tiene una sólida formación detrás, que además normalmente desarrollamos durante toda nuestra carrera profesional. Yo sigo entrenando porque hay que mantener la herramienta fresca para que el cuerpo no se vaya viciando con formas y con modos de actuar. Esto, al menos, es como yo creo que debe ser la profesión de actor o de actriz.

El teatro genera un sentimiento de comunidad muy fuerte y estas sensaciones provocan avances y cambios sociales hacia la justicia social y la igualdad.

La pedagogía tiene una fuerte presencia en su trayectoria teatral. ¿Qué puede aportar el teatro al aprendizaje de la propia vida?

Tiene una fuerte presencia en mi concepto del teatro y de la vida también, gracias a mi maestro Domingo Ortega, con quien empecé a hacer teatro en la universidad, como te decía. Él nos enseñó que el teatro en la universidad era una herramienta más de comunicación y de espejo de la vida. Para mí, el teatro es un espejo de lo que nos pasa como sociedad y que genera y abre preguntas que muchas veces obviamos o decidimos obviar porque son dolorosas, preguntas sobre nuestra vida cotidiana, sobre la sociedad en la que vivimos, sobre las decisiones que tomamos… Y luego, sobre todo, estos días con las restricciones que estamos viviendo en el mundo de la cultura por la crisis sanitaria, de aforo, de eventos, me está emocionando especialmente el hecho de que cuando he vuelto al teatro, observo que éste genera un sentimiento de comunidad muy fuerte y estas sensaciones provocan avances y cambios sociales hacia la justicia social y la igualdad.

Estos días creo que esto se encuentra muy presente en el teatro, porque el teatro a diferencia de otros artes y de otras disciplinas artísticas, ocurre aquí y ahora. Es decir, yo cuando me hallo en un escenario, estoy respirando el mismo aire que está respirando el público y me estoy emocionando delante de ellos, en presente puro. Y eso genera un sentimiento de comunidad muy poderoso que he vivido con el teatro que hago. Cuando hacemos los coloquios pos función se generan preguntas que pueden hacer que avance la sociedad. Por eso, creo que es una herramienta fundamental de aprendizaje cuando vamos al teatro, pero también cuando alguien tiene la experiencia del teatro, cuando va a un taller aunque no sea ni actor ni actriz y ni siquiera quiera serlo, por entretenimiento o diversión. Creo que hay un conocimiento del otro que casi diría que sólo se puede generar desde la práctica del teatro.

En 2010 creó la compañía Proyecto 43-2, donde produce, escribe y actúa. ¿Por qué el nombre de la compañía? Sus producciones son de teatro documental, unas obras que requieren un gran trabajo de investigación. ¿Cómo es la labor de documentación que tiene detrás cada espectáculo?

Está todo vinculado. La compañía la creé a finales de 2009-2010, cuando estaba desarrollando mi tesina en el Master de Humanidades sobre el teatro como herramienta pedagógica y de memoria, a partir de un caso práctico que era el conflicto vasco. En ese momento nace el primer espectáculo que luego forma parte de una trilogía de teatro documental que he realizado sobre la violencia en el País Vasco. El nombre viene de las coordenadas geográficas del árbol de Guernica. Como estaba investigando sobre la violencia en el País Vasco, el árbol de Guernica es un símbolo de libertad del pueblo vasco y éste no ha tenido libertad durante décadas, primero por el Franquismo como todo nuestro país y después por la violencia, especialmente de ETA, y también por otras violencias que se han producido allí, como la del GAL o los abusos policiales. Me parecía que las historias que yo quería llevar a escena ocurrían allí, alrededor de esas coordenadas, pero también en otras coordenadas en el mundo porque, por desgracia, hay muchísimos conflictos violentos. En ese momento elegimos el nombre porque iba a ser un proyecto sólo, que nacía a partir de mi tesina sobre el presente del País Vasco. Eran los años en los que ya empezaba a cambiar todo;  ETA al poco tiempo anunció el cese definitivo de la violencia y la compañía nacía con el proyecto de hacer un espectáculo. Luego fue más lejos y lo convertí en una compañía estable que desarrolló una trilogía, con dos nuevos proyectos en marcha.

Con ‘Proyecto 43-2’, quería contar lo que ocurría en las vidas cotidianas de las personas en la sociedad vasca después de que ocurriera un hecho violento, tras un asesinato. Qué pasa cuando ya no lo cuentan los medios de comunicación.

Y bueno, es teatro documental porque con este primer proyecto, que tiene el mismo nombre que la compañía, Proyecto 43-2, quería contar lo que ocurría en las vidas cotidianas de las personas en la sociedad vasca después de que ocurriera un hecho violento, tras un asesinato. Qué pasa cuando ya no lo cuentan los medios de comunicación, que dan parte del momento del asesinato y al día siguiente, pero la vida cotidiana continúa, al igual que en cualquier experiencia violenta. La violencia de género también. Sabemos cuándo ocurre el asesinato de una mujer, pero no sabemos qué ocurre con sus hijos, con el contexto familiar. Entonces, quería investigar y contar eso y también ofrecer otros puntos de vista diferentes a los que estamos acostumbrados a ver en los medios de comunicación. Me fui al País Vasco a contarlo. Y, ¿qué tenía que hacer? Pues investigar y empecé a hacer entrevistas, a conocer a gente. Creo que al final mi teatro está vinculado con mi formación en periodismo y los intereses que éste me despierta, con la curiosidad. Y descubrí que ésa era una manera de crear y también descubrí que lo que yo hacía, que para mí era teatro, tenía un apellido, que es “teatro documental”.

Entonces, hasta ahora la línea de trabajo de la compañía se ha desarrollado de esta manera, haciendo un trabajo previo de investigación, porque creo que así es como puedo tener un discurso propio. O sea, las cosas no son como quien las cuenta primero, sino como quien las cuenta mejor. Y es una manera de preguntar, de ir un poco más allá, de conocer las diferentes capas y complejidades que tienen los temas. En este caso descubrí que “conflicto vasco” es muy complejo, no es una cuestión de buenos y malos, no, hay muchos grises como en la vida, las cosas no son blancas o negras, hay muchísimas calidades de grises. Descubrí esta manera de trabajar y de crear y hasta ahora es la que, más que funcionar, me ha interesado y también aprendo mucho. Hacer preguntas, conocer a personas, hacerte más preguntas y trabajar más en profundidad es lo que me permite, así como hacer un tipo de teatro que ahora se está haciendo más en España pero que cuando yo empecé prácticamente no existía en nuestro país.

Me ha llamado la atención en las piezas de la compañía que he podido ver en su Canal de YouTube que en esta trilogía sobre el conflicto vasco, los espectadores que salían de las funciones, los de las nuevas generaciones no sabían lo que era ETA y las generaciones coetáneas desconocían muchos asuntos de cómo se vivió aquel periodo en la sociedad vasca. ¿Mostrar esa realidad poco conocida para el público es uno de los objetivos de este proyecto?

Sí, por una parte, el poder construir memoria. El teatro además de que despierta muchas preguntas y genera reflexión, también es una herramienta de memoria, que es lo que yo intento demostrar con mi tesina. Siempre he dicho que en nuestro país no hemos cuidado la memoria, somos un país que apuesta por el olvido y como prueba son los 150.000 muertos que sigue habiendo en nuestras cunetas, de la Guerra Civil, y que por suerte parece que ahora con esa nueva Ley de Memoria Democrática se va a solucionar. Pero sí, además de una herramienta de memoria es una herramienta de conocimiento para las nuevas generaciones e incluso para las no tan jóvenes. Hay estudios de la Universidad de Deusto publicados hace un par de años, en los que sus estudiantes de 20 años no sabían quién era Miguel Ángel Blanco y ya no te hablo de los GAL, es otro universo completamente desconocido e incluso por gente mucho más mayor, de mi generación (yo tengo ahora 34 años), porque no se ha hablado en los medios de comunicación lo suficiente y no se ha investigado, las víctimas no son reconocidas como víctimas del terrorismo, etcétera.

Creo especialmente que el teatro, pero cualquier disciplina artística, el cine, la literatura, la pintura o la música, está para generar esos por qués y esas preguntas.

Entonces, uno de los objetivos es ir un poco más allá. No me gusta que me den las cosas masticadas y está claro que los medios de comunicación tienen una agenda de temas y hay otros temas que nunca salen, que están en los márgenes porque no interesan mediáticamente, políticamente… al poder, normalmente no le interesa que la ciudadanía se cuestione por qué las cosas son así. Y yo creo especialmente que el teatro, pero cualquier disciplina artística, el cine, la literatura, la pintura o la música, está para generar esos por qués y esas preguntas. Yo también he ido descubriendo, en especial con mi trilogía que es el trabajo que he desarrollado durante diez años, muchas cosas. En 2009, que es cuando empecé la investigación, no conocía puntos de vista y vivencias respecto a la violencia que después he conocido. No tenía muy presente que existían las torturas policiales. Yo misma no tenía tan presente que había víctimas del GAL o que había víctimas de ETA que apostaban por negociar y por sentarse a hablar para que acabase la violencia. Sí que conocía más otro tipo de discursos, que eran los más mediáticos, pero al acercarme al terreno descubrí que había, como he comentado antes muchísimos grises y muchísimas otras posibilidades. Eso es lo que intento contar desde el teatro que hago, cosas que normalmente no vemos, no nos cuentan o no nos contamos porque son dolorosas y nos alejamos del dolor.

‘Viaje al fin de la noche’ – © Alba Muñoz

“Llegar hasta la Luna” es un espectáculo de teatro documental sobre sexo, violencia y diversidad funcional que se va a estrenar próximamente en el Centro Dramático Nacional. Estos temas que están tan presentes en la sociedad actual, ¿cómo se abordan para que realmente lleguen al público?

Bueno, con la mayor honestidad, creo que para que el público empatice hay que ser honesto y contar historias concretas que hablen de temas universales. Este proyecto nace de un taller que realicé en el Centro Dramático Nacional en el verano de 2019, en el que quería investigar también sobre estos tres temas, el sexo, la violencia y la diversidad funcional, pero desde la pregunta de cómo nos ha afectado especialmente a las mujeres, aunque también a los hombres y cualquier tipificación de género, la jerarquía patriarcal respecto a nuestra sexualidad, porque vivimos y hemos crecido en un sistema patriarcal, machista, donde el placer, el deseo y la toma de decisiones sólo los han tenido los hombres. Entonces, cómo afecta eso a nuestra sexualidad, a nuestras relaciones sexuales, y cómo afecta además si tienes algún tipo de diversidad funcional.

Mi trabajo de investigación tenía dos partes. Una parte más física de investigar a partir del movimiento y de las posibilidades de los cuerpos en el espacio y teniendo como base la belleza. El cuerpo es una fuerza de la naturaleza que, de por sí, es bello, más allá de los cánones de belleza establecidos, especialmente desde el patriarcado, que en el caso de las mujeres y de los hombres también son cuerpos normativos, donde parece que lo bello sólo es de una manera. Lo que queríamos buscar era llevar al escenario que la belleza parte de otros lugares, que va más allá de lo establecido. Por una parte, la investigación se realizó desde elementos físicos y, por otra, en el taller había una vertiente meramente documental a nivel de entrevista que es como baso la mayor parte de mis investigaciones en mis trabajos creativos. Entrevistas a los participantes del taller que hacíamos al resto de los componentes, lideradas por mí junto a mi compañera Alba Muñoz que me asistía en la dirección y en la documentación, donde todo el equipo participante podía preguntar. A partir de esa información que compartía cada componente del taller sobre preguntas relacionadas con su sexualidad y con la violencia. Ahora, gracias al feminismo nos estamos planteando muchas preguntas, a todos los niveles, pero también respecto al acoso.

El otro día el Ministerio de Igualdad publicó un estudio en el que más de la mitad de la población femenina admitía haber sufrido acoso y violencia sexual. Me he dado cuenta de que violación no es sólo como nos educaron en cuanto a que en una calle oscura cuando volvías a casa un desconocido te viole, hay muchas maneras de violación; ésta también se da en los espacios más íntimos o en el no consentimiento y, por suerte, estos temas ahora están encima de la mesa gracias al feminismo. Trabajamos desde ahí y desde ese punto fuimos investigando, creando, con la buena suerte de que estas cuatro semanas de taller investigando de manera física, pero también haciéndonos preguntas directas sobre estos temas dio como resultado un cigoto de espectáculo y ahora hemos tenido la fortuna de que Alfredo Sanzol y todo su equipo han confiado en el proyecto y vamos a mostrarlo, investigando un poco más, desde la honestidad.

En este caso, el proyecto nació, como ya te digo, de un taller donde todos los componentes se volcaron desde la libertad y desde lo que yo les pedía, que era que trabajaran sin cortarse y saltando al vacío. Siempre queremos hacerlo bien, pero hay que dejarse ser libre en la sala de ensayo. Las historias que contamos parten de las vivencias del elenco artístico del taller, donde la mayoría eran actores y actrices profesionales y el resto personas amateurs. Se trata de un segmento de la sociedad al fin y al cabo, de manera que con las historias que les pasan a las mujeres y a los hombres, en este caso respecto a la sexualidad, probablemente nos sentimos muy reconocidos y reconocidas. Partiendo desde la honestidad y también con la intención de que las preguntas que nos hemos hecho y nos volveremos a hacer cuando entremos en 2021 en sala de ensayo, se las pueda hacer el público. Por ello, creo que la honestidad y la sinceridad son básicas. Y también atreverse a hacerse ciertas preguntas.

María San Miguel – © Juan Carlos Mora

Por último, le quería preguntar por su nuevo espectáculo “I’m a survivor”, que se va a estrenar en el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, y relata la experiencia real de superación de su propio padre que ha superado varias enfermedades y además el Covid-19 y, a la vez, supone un homenaje al personal sanitario y a las cuidadoras.

En realidad, ha cambiado el proyecto, porque nació así, es decir, presenté la propuesta al Festival de Otoño porque me apetecía, por un parte, contar la historia de supervivencia de mi padre que además contrajo Coronavirus y lo superó, con la mala suerte de que un mes y medio después falleció por una trombosis como consecuencia del mismo.

Lo siento mucho, lo desconocía por completo.

Claro, el proyecto ha ido cambiando. Esto también es un rasgo del teatro, que va con la vida. Y a mí me apetecía en el primer momento anteponer la historia de mi padre con otro personaje que representara a todas esas mujeres que durante el estado de alarma y del confinamiento se han dedicado a los cuidados y que son tan invisibles para la sociedad. Son sobre todo mujeres, que son las que desempeñan las labores relacionadas con los cuidados en las residencias de ancianos, en los hospitales, en la limpieza, en los supermercados… Yo quería hablar de cómo esas mujeres invisibles son las que nos han sostenido. Con la mala suerte de que cuando estaba empezando este proyecto, mi padre, que ha sido un superviviente nato y un luchador, siempre además con muchísimo buen humor y fortaleza, murió el 29 de mayo por una consecuencia del Coronavirus, que fue una trombosis después de superarlo. Entonces, el proyecto ha cambiado y ahora en ese homenaje a mi padre, esas mujeres van a estar representadas en escena por mi madre, que me va a acompañar en el escenario. Vamos a actuar las dos, porque mi madre durante los 16 años de diferentes cánceres y enfermedades de mi padre ha sido cuidadora también.

Y va a haber esa voces. El lunes entrevisto a las enfermeras del Hospital de Medina del Campo, donde en el último año han tratado más de cerca a mi padre, y quiero hablar con el personal, sobre todo las mujeres, porque la mayoría lo son, no por otra razón. Sí que van a estar esas voces, pero digamos que la representación de los cuidados va a estar en mi madre. Y ha cambiado, lamentablemente porque mi padre ha muerto, pero también hay que contarlo, también hay que contar de alguna manera esta historia, que es mi historia familiar de supervivencia y de resiliencia, de manera positiva, porque mis padres siempre lo han entendido así y, sobre todo, mi padre siempre nos ha dado unas lecciones enormes enfrentándose con valentía y muchísima fuerza a todas las enfermedades que ha sufrido, incluyendo al Coronavirus, siendo una persona de riesgo porque estaba superando su tercer cáncer cuando lo contrajo. Pero también vamos a dar voz a esto que ha pasado a más de 30.000 familias, las de las víctimas del Coronavirus en España, que es perder a un ser querido en un momento de shock mundial ante una enfermedad desconocida que nos ha pillado desprevenidas y con una vivencia que creo que, de manera individual y también comunitaria como sociedad, todavía no hemos asimilado.

Lamentable y dolorosamente, este proyecto ha cambiado, seguirá siendo un homenaje a mi padre y también a mi madre, que como te he dicho me acompañará. Ahora, además de la historia de supervivencia, vamos a contar la muerte de mi padre en el año más difícil de mi vida, como sociedad y en el mundo de las artes escénicas. Producimos este espectáculo porque hay que seguir adelante y contando historias.

Más información, en la página web de Proyecto 43-2.

Imagen superior destacada: María San Miguel – © Juan Carlos Mora

mariagialma@gmail.comMaría San Miguel: “Para mí, el teatro es un espejo de lo que nos pasa como sociedad”