Revista Casa Mediterráneo

Marina Marroquí, educadora social experta en violencia de género: “La sociedad no ha sabido adaptar la educación afectivo sexual a los tiempos actuales”

en noviembre 25, 2020

El 25 de noviembre es una fecha señalada en el calendario, al conmemorarse el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un fenómeno que desgraciadamente en nuestro país se cobra muchas vidas, 55 sólo en 2019 según las cifras aportadas por el Ministerio de Igualdad. La violencia contra la mujer además comienza desde edades tempranas y los maltratadores han hallado en las redes sociales una vía rápida,  directa y encubierta para acceder a sus potenciales víctimas.

Casa Mediterráneo y la Subdelegación del Gobierno en Alicante se han unido un año más para organizar conjuntamente una serie de actividades en torno a esta efeméride, con la puesta en marcha de una jornada centrada en la violencia digital ejercida sobre la mujer que se celebrará el miércoles 25 de noviembre a las 16:30 horas de manera telemática a través de la web, el canal de YouTube y las redes sociales de la institución diplomática.

En el programa de la jornada, la educadora social experta en violencia de género Marina Marroquí ofrecerá una conferencia sobre Cómo prevenir la violencia digital en la adolescencia. Marroquí, además de ser autora del libro Eso no es amor (Destino Infantil & Juvenil), imparte con éxito talleres en institutos donde es capaz de generar confianza entre los adolescentes, a los que les advierte de los peligros de la redes sociales a la hora de ser tanto autor como presa de violencia sexual. De forma anticipada al encuentro, mantuvimos una entrevista con Marina Marroquí, quien ha sufrido en sus propias carnes este tipo de violencia, contra la que ella lucha desde las aulas para que jamás sea una práctica normalizada.

Según un estudio que ha salido recientemente a la luz, la pornografía se está convirtiendo en una herramienta de educación sexual en gente muy joven. ¿Cómo acceden los jóvenes a estos contenidos sin que sus padres se enteren?

El informe de Save the Children (Des)información sexual: pornografía y adolescencia lo que ha venido es a reflejar y a teorizar lo que yo estaba viendo en las aulas desde hace años. Su primer contacto es a los 8 años, a los 10 lo consumen de manera prácticamente habitual y a los 12 de forma diaria, construyendo, como dices, el deseo sexual en base a la violencia, incluso evolutivamente antes de tener acceso. Antes de que el deseo aparezca a nivel evolutivo, que tarda un poco más, ya están viendo violaciones grabadas, abusos en grupo… Se puede preparar, pero no se puede parar, porque ni siquiera hace falta que los niños y niñas tengan la intención de buscar una página web, al final les llega por determinadas vías, por grupos de WhatsApp internos entre amigos, por snapchat, por aplicaciones que ni siquiera los adultos conocemos. La adolescencia utiliza apps propias en las que comparte contenidos durante un tiempo muy fugaz en las que se pueden hacer grupos de amigos, del instituto, del pueblo… Lo que sí que noto haciendo talleres es que la adolescencia está totalmente conectada. Exactamente el mismo vídeo porno del que me hablan en Cataluña me lo describen en Andalucía y en Canarias.

Es un mundo bastante oculto, al que los adultos somos totalmente ajenos.

Por eso necesitamos, primero, formarnos las familias para saber qué realidad hay y después encontrar herramientas para que los jóvenes gestionen esa información que les va a llegar de manera voluntaria o involuntaria, pero que les va a abrir la puerta a una construcción del sexo y del deseo en base a violencia y sadismo, porque la pornografía que ven no es la que podemos tener los adultos en la cabeza, son agresiones, violaciones, violaciones en grupo, un montón de contenido de incesto y pederastia… ésa es la pornografía que ven. Y por ejemplo uno de los mayores canales para consumir pornografía en la adolescencia es Twitter.

Los adolescentes no son culpables de acceder a la pornografía y construir su deseo sexual; el sistema educativo es el culpable por no haberles podido acercar ni diseñar una educación afectivo sexual y en igualdad realmente integral y transversal para poder luchar y erradicar las violencias de género y machistas.

Pero Twitter principalmente es un canal de información. 

Eso pensaba yo. Si mi hija, en vez de utilizar Instagram con fotos en ascensores y morritos, veo que tiene Twitter pensaría que he construido bien su mentalidad crítica, pero es una ventana falsa. Claro, si sigues a escritoras, periódicos y periodistas, perfecto, tienes un Twitter súper culto e inteligente, sin embargo es una red totalmente increíble que han montado todos los proxenetas para ofrecer su pornografía y su prostitución de una manera masiva, porque no tiene control y puedes encontrar vídeos explícitos, muchísimos perfiles que se describen como actrices porno pero esconden toda una red de prostitución detrás. Pregúntale a cualquier hombre que haya a tu alrededor cuántos mensajes de chicas reciben que les dicen “Hola, ¿qué haces?” a través de Twitter, al igual que a nosotras nos escriben los soldados americanos.

En la adolescencia es una red total de acceso a la pornografía y ésa es una realidad que hay que conocer, porque si no es imposible controlarla. Necesitamos despertar una mentalidad crítica y sobre todo que los adolescentes accedan a la pornografía para obtener información sobre el sexo es un fallo del sistema educativo, un fallo de la sociedad que no ha sabido adaptar la educación afectivo sexual a los tiempos y las herramientas que tienen. Los adolescentes no son culpables de acceder a la pornografía y construir su deseo sexual; el sistema educativo es el culpable por no haberles podido acercar ni diseñar una educación afectivo sexual y en igualdad realmente integral y transversal para poder luchar y erradicar las violencias de género y machistas. No se trata simplemente del dolor de que consuman porno, sino que esto se traduce en construir el sexo en base a violaciones, en el disparate de la violencia sexual que está habiendo entre los más jóvenes y en todas las manadas que tenemos en la sociedad. Al final ellos están representando esa película porno.

¿Se corre el riesgo de que los jóvenes normalicen la violencia sexual?

Ése es uno de los principales peligros con los que me encuentro. Gracias al caso de la mujer violada en los San Fermines y al hacerse visible que eso fue una violación brutal las manadas están sancionadas dentro de la adolescencia, pero al mismo tiempo se ha traducido en que sólo es violación si cinco te meten en un portal, dejando  un paraguas de impunidad absoluto, porque ellas también tienen acceso a pornografía para saber cuál es su papel. El problema con el que me encuentro cuando hago los talleres y describo cómo es la violencia de género, cómo es una violación o cómo te puede violar tu pareja, es que las caras se desencajan y me dicen: “¿Pero cómo te va a violar si es tu novio?”. Chicas de 13 años me sueltan: “Marina, no seas exagerada, si él está motivado, ¿a mí que me cuesta? Yo me quedo quieta y espero a que termine pronto”.

Hay toda una generación de adolescentes que no han sabido construir esa libertad por la que estamos luchando en las calles y a lo que están accediendo es a prácticas totalmente vejatorias y denigrantes como parte de la sexualidad. Adolescentes con 13, 14 o 15 años en cuyas primeras experiencias sexuales consienten y aceptan prácticas totalmente humillantes, porque es la pornografía que ven. El porno tradicional del butanero tocando la puerta ya no existe. Hoy en día no se escenifica sexo, sino violencia y agresividad. Y eso se traduce en chicos que se me acercan y me dicen: “Marina, yo te prometo que no soy mala persona, no soy un maltratador, ni quiero hacer daño a una mujer.”

Entonces, al haber una carencia educativa en materia afectivo sexual, los jóvenes no saben discernir lo correcto de lo que no lo es, si su única vía de aprendizaje es la pornografía.

No, porque nadie les da la versión correcta. Tus hijos pueden ven Fast and furious y saben por mil motivos, y tú te encargas de explicárselo, que así no se puede conducir por la carretera. Sin embargo, ven la pornografía y ¿qué otro agente social les dice que eso no se parece al sexo? Absolutamente nadie y lo construyen como tal. Además, sigue siendo en las familias un tabú, es muy difícil abordar esta situación porque no ha habido profesionales que te den herramientas para hacerlo, aunque tengas la intención de abordar esta realidad y preparar a los adolescentes para que cuando llegue ese momento sepan cómo actuar. Es muy difícil evitar que les llegue, pero sí puedes despertar una mentalidad crítica para que se lo cuestionen, para que no quieran recibir esa información y sobre todo que no la interioricen como normal. Eso ahora mismo no está pasando y se acaba de aprobar una ley que tampoco lo aborda.

Le iba a preguntar si la nueva ley educativa trata este fenómeno con medidas específicas.

La educación afectivo sexual ya no sólo como tal. La nueva ley incluye sólo un párrafo que dice que la igualdad tiene que ser un valor transversal, pero bueno eso lo tenía la Ley Wert y las anteriores. Al final, necesitamos una asignatura en igualdad, porque la realidad es que una de cada tres adolescentes sufre violencia de género, una de cada dos sufre acoso o violencia sexual, una de cada cinco niños y niñas sufre abuso sexual infantil y uno de cada cinco sufre bullying. Con estas cifras, no tener una asignatura de igualdad y no tener un gabinete de educadores sociales para poder prevenir, intervenir cuando esas violencias suceden y trabajar con las familias para poder erradicar y mejorar esa situación para la víctima me parece un error que no nos podemos permitir, porque la adolescencia está sufriendo muchísimo y el peligro de no actuar ya es que podemos generar una nueva generación de hombres buenos que violen. Y eso cambiaría totalmente el paradigma de violador tradicional, que no va a ser un politoxicómano que te pilla en el portal.

En cuanto al bullying, ¿por qué no se logra detectar a tiempo en las escuelas?

Siguen saliendo de las facultades de educación profesores y profesoras de esta nueva generación sin formación específica en violencia. ¿Cómo puede ser que no se detecte que una alumna ha sufrido una violación o una violencia de género cuando su conducta cambia? No se les da herramientas. Sigue siendo la carrera de educación con matemáticas de quinto y lenguaje de sexto, quiero decir, ahora mismo necesitamos dotar de herramientas reales y de formación especializada a todo el sistema docente y eso no está pasando. Siguen saliendo de las universidades sin esa formación, cuando es una realidad en todas las aulas. Por eso una asignatura es muy importante y que desde la ley contemple lo imprescindible, porque ya no sólo dotaría de herramientas, de material y de formación a los docentes, sino que además podría entrar otro perfil como el de la educación social o la psicología en los centros educativos, que hace muchísima falta.

En los talleres que imparte, ¿qué métodos emplea para prevenir, detectar y combatir la violencia de género en las aulas?

Imparto un taller de prevención y atención de violencia de género y sexual en la adolescencia que tiene una duración de tres horas, bastante amplia para los talleres a los que están acostumbrados, y lo que intenta es despertar una mentalidad crítica, hacer un recorrido que va desde las primeras películas que ven, la televisión, los anuncios, la música… al final cómo vivimos en una sociedad que erotiza el maltrato, que normaliza la violencia, que cuando sigue apareciendo la imagen de Tres metros sobre el cielo la mitad del teatro suspira porque el protagonista es un chulo y al final crees que en el fondo va a ser bueno, tierno, cariñoso y divertido.

Sobre todo creo que es muy importante desterrar el machismo utilizando sus estrategias y algo que utiliza muy bien el machismo es educar a chicos y chicas tan separados que no se conozcan, que sólo se construyan en base a estereotipos de género, según los cuales los chicos tienen que ser fuertes, valientes y protectores y las chicas, dulces, buenas, cariñosas y sensibles. Hago ese recorrido. Qué música escuchan ellos y qué música escuchan ellas; que pelis ven ellos y qué pelis ven ellas; a qué videojuegos juegan ellos y a qué videojuegos juegan ellas… Y desmonto esos estereotipos para que se conozcan, porque es muy importante. A mí me encanta el resultado que da en chicos mi taller. Primero, porque se cuestionan y saben que el machismo también les cobra un precio a ellos. La presión de ser fuerte, protector, valiente y macho alfa en la adolescencia encuentro que es un peso horrible. En ocasiones hay chicos que me dicen: “Marina, la manera más fácil de que no me cuestionen como tío es meter una hostia. Es fácil, rápido y efectivo”. Que lleguen a esa conclusión y lo peor es que tengan razón debería hacernos cuestionarnos mucho la sociedad en la que vivimos.

Necesitamos una cultura responsable. Frente a las canciones que dicen “por amor prefiero morir”, “prefiero vivir a tu lado a vivir sin ti” o “por amor sería capaz de morir en tu cama”… les digo que la diferencia entre morir por amor que tan romántico parece a que te maten por amor, que tanto se condena en las televisiones, no es ninguna, tú estás muerta. Y al final del taller les cuento el precio que yo pagué por creerme este amor. Y no les doy lecciones de nada. Les digo que yo soy el ejemplo a no seguir. Creí que estaba luchando por amor, les cuento cómo me maltrataron y ahí se produce algo que no hago en ningún otro taller, que es un pacto de sinceridad absoluta. Ellos me preguntan cómo me quemó, cómo me violó, cómo me di cuenta, qué hizo mi familia, si pensé en suicidarme… todo lo que les pasa por la cabeza me lo plantean y les respondo con mi historia. Hay una cantidad de casos… Nunca me he ido de un aula sin que alguna chica me cuente que está sufriendo lo mismo que yo sufrí.

Todo ese acceso a contenidos sin una educación en valores es un peligro absoluto.

Para que los adolescentes se sinceren y cuenten sus problemas debe ser importante generar un clima de confianza, ya que al tratarse de temas tan delicados suelen ocultarse.

Eso es muy importante para trabajar con la adolescencia. Tradicionalmente, los padres estaban en un pedestal moral al que querían que sus hijos accedieran, con el fin de que, por ejemplo, éstos les vieran como un modelo para estudiar. Pero este cambio generacional es diferente. Tus hijos tienen muchas más herramientas que tú, tienen que enseñarte a utilizar Instagram, Facebook o una videollamada. Ese modelo de aprendizaje tradicional se ha acabado. Tú necesitas darles los valores morales, porque todo ese acceso a contenidos sin una educación en valores es un peligro absoluto. Y eso se tiene que hacer bajando de ese pedestal, de igual a igual, por lo menos en lo que a valores se refiere. Los padres necesitan herramientas; la educación a las familias tiene que dar un vuelco total. Es un tema muy complejo a nivel profesional.

Creo que el momento más doloroso de toda mi carrera profesional ha sido cuando después de dar una formación, un padre se me desmontó llorando diciendo que hacía seis años que habían violado a su hija cinco personas, nadie lo había identificado y ella se había callado aguantándolo todo ese tiempo sola. Eso está pasando. La macroencuesta de violencia de género dice que tres de cada cuatro mujeres que sufre violencia sexual nunca se lo cuentan a nadie y no buscan ayuda profesional. Eso se traduce en sufrimiento y en secuelas gravísimas por no estar acompañado por un profesional para poder superarlo. Esas herramientas son muy importantes porque prácticamente el cien por cien de las chicas con las que trabajo a partir de los 12 años reciben acoso continuado por Instagram y fotos íntimas de señores mayores. Eso es una realidad en la actualidad. Necesitamos tipificar nuevos delitos, que se persigan y condenen esas nuevas formas de pederastia, de acoso y de violación sexual y poder dotar de herramientas a nuestros menores para que no lo normalicen. Es el precio que pagan por tener redes. Es una barbaridad.

El título de su libro, Eso no es amor, es muy elocuente en ese sentido.

Construir una nueva generación de hombres. Por eso digo que mi taller me encanta, ya no sólo porque se dan cuenta del precio que pagan ellos por el machismo, sino que de verdad ven el precio que nosotras pagamos por ello. Esa realidad se les acerca. Tenemos que vivir con miedo a volver solas por la noche, por ejemplo, aunque nunca hayamos tenido por suerte ninguna experiencia cercana con la violencia sexual; eso está inoculado por ser mujer. Cuando ellos conocen esa realidad entonces se vuelven agentes activos contra el machismo, agentes de cambio, porque no quieren ser esa nueva generación de hombres. Y necesitamos que vean las relaciones como algo que no tenga que ver con el poder, sino con ser feliz. Al final se les educa en el mismo falso mito del amor romántico: que el amor lo puede todo, que el amor todo lo perdona, que quien bien te quiere bien te hará llorar, que los que se pelean se desean, que los polos opuestos se atraen, que el amor vale la pena, cuando no, el amor vale la alegría, si no, no es amor. Tenemos que construir un tipo de amor en el que no tenga cabida la violencia.

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mariagialma@gmail.comMarina Marroquí, educadora social experta en violencia de género: “La sociedad no ha sabido adaptar la educación afectivo sexual a los tiempos actuales”