Revista Casa Mediterráneo

Natalia Molinos: “El centenario de Juana Francés es un buen momento para sacar a relucir la importancia de su obra y su ruptura de techos de cristal”

en enero 30, 2024

Natalia Molinos

Este año se celebra el centenario del nacimiento de la artista alicantina Juana Francés (Alicante, 1924 – Madrid, 1990), quien aportó una visión muy personal al arte figurativo y abstracto, incluyendo materiales y soportes innovadores, lo que la hizo una adelantada a su época, con el mérito adicional de tener que superar varios obstáculos por el hecho de ser mujer.

Casa Mediterráneo se suma a las actividades en conmemoración de la figura de Juana Francés mediante una conferencia en la que la doctora en Historia del Arte Natalia Molinos, cuya tesis doctoral versó sobre la artista, dará a conocer su obra y pondrá el acento en el reconocimiento que ésta merece. La chara, titulada “La artista Juana Francés en su centenario: de Alicante al mundo”,  tendrá lugar en la sede de Casa Mediterráneo el próximo 6 de febrero a las 19:00 horas, con entrada libre hasta completar aforo y emisión telemática.

Juana Francés alcanzó un amplio reconocimiento nacional e internacional en su época. ¿Esa respuesta la obtuvo también en su propia tierra?

Es una pregunta algo complicada. Creo que todo el mundo conocía lo que hacía Juana, pero el tipo de arte con el que se hizo conocida no se entendía ampliamente y en Alicante, menos. De modo que sí, fue conocida, y de hecho en 1952 recibió un premio de la Diputación de Alicante, pero con su primera época de figuración. Con el tiempo también la Diputación de Alicante le compró obra y después del MACA recibiría su legado. No obstante, tuvo el problema, primero, de hacer una pintura de abstracción en una época en la que el público no la entendía bien, y además por ser mujer se topó con obstáculos, tanto en Alicante como en otras partes de España. A las mujeres les costaba más alcanzar un estatus en algunos ámbitos.

De hecho, fue la única mujer que formó parte del grupo El Paso. ¿El hecho de ser mujer le supuso algún problema en este grupo?

Ella estuvo muy poco tiempo en El Paso. En el primer año ya se produjo una crisis y una de las personas que se salieron fue Juana. Y aunque la razón no fuera exactamente por ser mujer, en el fondo sí. La criticaron mucho porque aparentemente carecía de calidad, cuando tenía la misma que los demás. También sacaron a un artista asturiano del grupo. Para apoyarlos, Manuel Rivera, Pablo Serrano (el marido de Juana), y otro integrante se fueron, aunque luego volvieron; Pablo, no. Tal vez el grupo al principio fue más abierto en sus planteamientos, pero lo que pasó estuvo feo.

Juana Francés fue una de las artistas que lideró el cambio estético que se produjo en los años 50, especialmente en el ámbito de la pintura. ¿A tu parecer cuál fue su principal contribución a la escena artística de nuestro país?

Por un lado, fue de las primeras que empezó a trabajar el acrílico y no el óleo. Dentro del grupo El Paso los demás siguieron utilizando el óleo, que era una técnica más tradicional. Ella empezó con los acrílicos, aunque siempre probó muchísimas técnicas. En muchos aspectos, para mi gusto, fue avanzada. En algunos casos, incluso, no se entendió lo que hacía por ir más adelante que otros artistas. Por ejemplo, el trabajo sobre soporte de papel. Tuvo una técnica muy interesante, pero quizás no tan impactante como la parte matérica de El Paso, la que enseguida todo el mundo vio que era muy llamativa.

A mí, particularmente, me gusta mucho la fase de ‘El hombre y la ciudad’, que es su tercera etapa, muy larga, casi de 20 años, en la que hace una crítica muy filosófica de la vida actual, la soledad del ser humano en la ciudad, muy existencialista. Creo que fue una de las primeras que realizó instalaciones como se entienden hoy en día, que en aquel momento se veían simplemente como una exposición. Hizo unas obras que eran casi escenarios. Unas grandes cajas donde dentro había pinturas. Para mí son instalaciones. Una exposición muy interesante es la que hizo a finales de los 70 en Madrid en lo que es ahora la Biblioteca Nacional, y antes una sala de exposiciones del Ministerio, que estaba llena de cajas como si fuese una ciudad. Creo que debió de ser muy impactante.

Esa etapa tenía una fuerte carga de crítica social. ¿Se puede apreciar esta intencionalidad en otros periodos de su trayectoria artística?

En la segunda etapa, caracterizada por la abstracción, y en la última etapa de su vida, esto no se ve. La última etapa es más visual, relacionada con la tierra, paisajes, el mar, fenómenos astronómicos… más etérea. Sien embargo, en la primera etapa, en la que hace mucha figuración, no puedo decir que haga una crítica social, pero en las familias que muestra hay una tristeza que podría considerarse como tal.

Las pinturas de Juana Francés contienen texturas. ¿Qué elementos emplea y con qué objeto?

Durante todas sus épocas siempre fue muy matérica. Cada artista tiene su manera de entender el arte y, claramente, Juana siempre optó por ser muy pastosa, por incluir mucha materia y trabajarla para que dé una sensación. ¿Por qué utiliza la materia? Primero, porque le gusta, es algo consustancial. Incluso en la primera época, en la que hacía figuración, además de emplear texturas rayaba los cuadros. Tenía un clavo de herradura que usaba para hacer los rayados. Siempre utilizó técnicas modernas para la época, que no eran las que se usaban para hacer pintura tradicional. Es una época en la que se utilizan los pinceles de otra manera. Por ejemplo, emplea el mango de las brochas para conseguir ciertos rascados. En ese sentido, ella fue siempre muy investigadora.

Otra de las cosas que utilizó a lo largo de su vida fue diferentes soportes. Por un lado, tras la guerra, debido a la escasez económica, los artistas se las tuvieron que ingeniar. Por ejemplo, ella utiliza muchas arpilleras, tablas o materiales que no son nobles para hacer pintura, pero es lo que hay. Y, por otro lado, constituye una manera de investigar otros soportes y darles un resultado diferente en cuanto a la superficie. Hay cuadros en los que observas que la arpillera está casi transparentándose de una parte a otra del cuadro y creo que se acerca mucho a cosas que hicieron artistas como Lucio Fontana, que empezó a trabajar roturas de la tela como si fuese una nueva dimensión de la obra, que ya no es de dos dimensiones, sino de casi tres. Por esa línea creo que iban Juana y otros artistas, buscando que los cuadros sean más que obras en dos dimensiones.

Juana Francés tuvo mucha relación con Italia y con otros países. ¿Qué destacarías de su proyección fuera de nuestras fronteras?

Ella desde que termina de estudiar en San Fernando, en Madrid, ya tiene becas, una del Ministerio francés y una bolsa de España para irse de viaje. En esa ocasión se fue a Francia y a Italia, los dos países a los que más viajó y donde hizo más exposiciones. Ella viajó muchísimo, también con su marido, un artista muy reconocido, y con un grupo de españoles en los años 60, cuando a pesar de estar bajo la dictadura franquista, los artistas están haciendo un arte internacional súper potente. Se descubren en la Bienal de Venecia Tapies y otros; Juana había estado anteriormente. Hay un grupo de españoles que empieza a ser muy potente y les empiezan a llevar a muchos sitios. Juana está en uno de estos grupos y viaja por todo el mundo. Su obra llegó a estar expuesta hasta en el Guggenheim.

A lo largo del tiempo estuvo expuesta en muestras colectivas, pero también hizo algunas exposiciones individuales importantes. Una fue en los años 70, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Villa de París, otra muy relevante fue en la Fundación Gulbenkian de Lisboa en los 80 y en Italia estuvo presente en dos Bienales de Venecia, que siempre es un escaparate internacional muy importante para los artistas, y alguna exposición en Milán, en una galería más pequeña.

Las colectivas que mencionaba tuvieron mucho recorrido por ciudades de Alemania, en Londres… Con el tiempo, se le ha olvidado y quizás ahora, en su centenario, sea un buen momento para sacar a relucir la importancia de su obra, de ella rompiendo techos de cristal, que se reconozca y se conozca.

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