Revista Casa Mediterráneo

Natalia Molinos: “En los cuadros de Juana Francés siempre percibo un aura de misterio”

en julio 6, 2020

En 2020 se cumplen treinta años del fallecimiento de la artista alicantina Juana Francés, una de las figuras más relevantes del panorama artístico español de la segunda mitad del siglo XX, que alcanzó un amplio reconocimiento tanto en su país como en la esfera internacional, aunque con el tiempo su fama se fue diluyendo hasta el punto de ser escasamente conocida en la actualidad fuera de los círculos artísticos.

Con el fin de reivindicar su figura, el Instituto Cervantes de Palermo, dentro de su serie Mujeres en español, en colaboración con Casa Mediterráneo ha organizado la conferencia titulada Del Mediterráneo al mundo. Homenaje a Juana Francés en el XXX aniversario de su fallecimiento, a cargo de la doctora en Historia del Arte Natalia Molinos. El evento, de carácter virtual, tendrá lugar el martes 7 de julio a las 17:00 horas en la plataforma Zoom. Las personas interesadas en asistir al evento tendrán que acceder al mismo a través de este enlace e introducir el ID de la reunión 813 2287 0246 y la contraseña: 352721.

Juana Francés (Alicante, 1924 – Madrid, 1990) fue una de las artistas que lideraron el cambio estético que se produjo en los años cincuenta, en plena posguerra, especialmente en el ámbito de la pintura, con la irrupción del informalismo abstracto, formando parte del emblemático Grupo El Paso, del que fue la única mujer. Comprometida con el arte de vanguardia nacional e internacional, su trayectoria se liga a Italia mediante su participación y visita a las Bienales de Venecia y otras muestras, sus amistades y viajes por el país.

La obra de Francés transita entre la abstracción y la figuración y en cada una de sus etapas empleó el lenguaje que más se acomodó a sus intereses, entre los que hay una carga de crítica social, plasmada especialmente en su serie El hombre y la ciudad. Sus creaciones formaron parte de exposiciones colectivas e individuales en ciudades como Nueva York, París, Bruselas, Londres o Venecia. Según su propia voluntad, a su muerte en 1990 su obra fue dividida y pasó a formar parte de los fondos patrimoniales de cuatro ciudades españolas con las que tuvo un fuerte vínculo sentimental: Zaragoza (IAACC Pablo Serrano), Madrid (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía), Valencia (Instituto Valenciano de Arte Moderno) y Alicante (Museo Arte Contemporáneo de Alicante).

Natalia Molinos

Natalia Molinos Navarro es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma de Madrid y Doctora en Arte y Patrimonio Cultural por la Universidad de Alicante. Su tesis, La artista alicantina Juana Francés, estudio crítico de su obra, está publicada por la Universidad de Alicante. Profesionalmente, Natalia, está vinculada a la gestión cultural, la comunicación artística y cultural, el comisariado de exposiciones y la didáctica. También es profesora de cursos de arte y conferenciante ocasional en instituciones nacionales e internacionales. Ha trabajado para museos e instituciones alicantinos y nacionales (Museo del Prado, Mustang Art Gallery, Bancaja, Auca-Projectes Educatius, Mubag, SEA-Symposium de Escultura de Alicante, Aula Abierta-Alicante Cultura). Esta actividad está inmersa en el ámbito de la colaboración en línea entre el Instituto Cervantes de Palermo y Casa Mediterráneo El Mediterráneo que nos une.

Juana Francés fue una pintora que alcanzó un amplio reconocimiento internacional. ¿Tuvo ese reconocimiento en la España de su época? ¿Actualmente es lo suficientemente conocida en su tierra natal?

Internacionalmente tuvo un gran número de exposiciones, si bien es cierto que muchas de ellas fueron colectivas porque en los años 60, cuando se descubre en el mundo que, pese a Franco, los artistas jóvenes de aquí están haciendo un arte sumamente actual y están trabajando en el informalismo, en la abstracción, en el expresionismo abstracto… se genera un boom y empiezan a ser requeridos para estar presentes en muchas muestras. Y a Juana se la incluye en estas exposiciones que salen al exterior, ya que forma parte de ese grupo de artistas novedosos con calidad para viajar al extranjero y además es una de las poquísimas mujeres que hay en él. Dentro de las exposiciones que hizo fuera, hay alguna individual, por ejemplo en París, en la Fundación Gulbenkian en Portugal y en Italia, pero con el paso del tiempo se ha ido olvidando a toda esa generación, es algo que suele pasar. Cuando llega una generación nueva, empuja a la anterior y se va quedando relegada.

En España, ella tuvo muchísima presencia, estaba en todas las exposiciones que se hacían sobre arte contemporáneo. En esa época el mercado de exposiciones era más pequeño; empezó a hacerse más grande en los 80. Su última exposición fue en 1985 en una galería con mucho prestigio. En Alicante, toda la gente del mundo del arte la conoce, pero a la ciudadanía en general no le suena mucho su nombre. Es algo que pasa también con otros artistas como Eusebio Sempere, que tiene unas esculturas enormes en la ciudad de Alicante y mucha gente no sabe de quién son. Es un problema cultural, de desconocimiento de los artistas alicantinos.

Juana Francés fue cofundadora del Grupo El Paso y la única mujer integrante del mismo. ¿Qué pretendía este grupo artístico? Por el hecho de ser mujer en esa época, ¿tuvo problemas a la hora de abrirse paso entre sus compañeros artistas?

El Paso tuvo dos momentos. En el primero, que fue cuando estuvo Juana, en 1957, el grupo tenía una idea más abierta, admitía diversos tipos de arte. Hay una pequeña controversia que nunca ha llegado a aclararse del todo, ya que parece ser que no quisieron que Juana estuviera, siendo ella la única mujer. Con el tiempo se ha visto que no era por falta de calidad. El caso es que ante esta situación ella decide no permanecer en el grupo y se marcha junto a su marido, Pablo Serrano, que también formaba parte del colectivo, Manuel Rivera y Antonio Suárez. En la segunda parte, El Paso delimita más sus planteamientos.

Proponían renovar el arte español. Hay que tener en cuenta que era una generación de posguerra, de dos, de la española y la mundial, que estaba realizando grandes rupturas con el arte anterior y pretendía que se difundiera un nuevo tipo de arte, como la abstracción. Es la primera generación que empieza a salir fuera a estudiar o a hacer pequeños viajes. Juana gana una beca para irse a París, luego gracias a una bolsa de trabajo viaja a Francia y a Italia… Juana además fue una artista formada. Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y uno de sus profesores, Daniel Vázquez Díaz, había estado en las vanguardias de París y conocía de primera mano muchas cosas que les trasladaba a los estudiantes, quienes se empapaban, al ser artistas que tenían gran curiosidad, a los que les llegaba la información a pesar de las dificultades.

Además en 1953 hubo un curso de arte contemporáneo en Santander que fue un revulsivo, porque todos estos artistas jóvenes estuvieron allí, vieron exposiciones que se hicieron en paralelo y muchos de ellos tomaron la decisión de cambiar, pasando del surrealismo a otros estilos. Existía un colectivo, llamado Grupo Pórtico, que ya había hecho expresionismo abstracto, pero no había llegado fuera de Zaragoza y El Paso significó un símbolo del informalismo en España, porque como grupo tuvo mucho peso. El otro grupo importante será el creado alrededor de la revista Dau al set, donde estuvieron Tàpies, Cuixart… que también tuvo ese carácter de informalismo, no sólo en cuanto al gesto, sino también en cuanto al trabajo con material.

Silencio, 1953. Juana Francés. Colección Candela Álvarez Soldevilla

La obra de Juana Francés estuvo jalonada por una serie de etapas muy marcadas. ¿Nos puede destacar lo más significativo de cada una de ellas?

Ella misma las dejó bastante claras en catálogos de obras y de exposiciones. Yo lo único que aporto son pequeñas subfases a sus grandes etapas. Su primera etapa es de una figuración que yo denomino “figuración hierática”, un crítico de arte la llamó “expresionismo hierático”, un expresionismo peculiar que tiene toques de realismo mágico, surrealista… Un poco de todo, producto de una estética de la época, pero yo siempre veo en ella algo diferente a otros artistas. En sus cuadros siempre percibo un aura de misterio, de cierta incertidumbre de lo que está ocurriendo, especialmente cuando son escenas de familias y personas más que cuando se trata de bodegones. Esa primera etapa dura hasta 1953.

Después empezaría una segunda etapa, en la que cambia al informalismo, se hace abstracta, pero hay un par de años que descubrí cuando estuve investigando su obra en los museos donde dejó su legado, el IVAM, el MACA, el Reina Sofía y el Museo Pablo Serrano de Zaragoza, que ahora se llama Instituto de Arte Contemporáneo Pablo Serrano. Ahí había unos cuadros que ella conservó toda su vida, que sin embargo nunca expuso. Para mí eran cuadros que plasmaban el cambio a esta segunda etapa, en los que vemos que está dudando entre qué tipo de abstracción va tocar. En esos dos años se ve que está investigando y ella cuando habla de sus etapas no nombra esos dos años, lo cual me parece muy curioso porque lo omitía, de modo que entiendo que se trató de una etapa muy experimental. Los primeros cuadros que nos encontramos ya en esta segunda etapa son abstractos y poco a poco las formas incluyen las arenas, que son un homenaje al Mar Mediterráneo y a Alicante. Al principio, probó con arenas de la playa pero eran muy difíciles de manejar en los cuadros y entonces probó con arenas de distintos grosores, procedentes de ríos. Las arenas las va a seguir utilizando el resto de su vida.

La primera etapa, a pesar de caracterizarse por una figuración peculiar, tenía siempre muchísima textura, era un trabajo diferente en cuanto al material que utilizaba. Poco a poco, en esta etapa que en un principio era muy abstracta -los cuadros sólo tienen números- van apareciendo títulos y se van viendo paisajes, sobre todo tierras de Alicante. En estos paisajes empieza a incluir otros tipos de materiales, a parte de las arenas comienza a haber piezas recogidas: trozos de ladrillo, de cerámica, de cristal… que va incorporando a las obras. Ésta empiezan a tener un carácter más geométrico, planos vistos desde arriba, y poco a poco comienzan a ser más redondos hasta llegar a un cuadro en el que realmente vemos una cara.

A partir de ese momento empieza la tercera etapa, El hombre y la ciudad. A los hombres los llama “ántropos”, “homínidos” y “homúnculos”, al verlos como cosas que se están transformando. Juana habla del “homínido” como un ser humano que se está convirtiendo en cosa, que se está cosificando, que pasa de ser un hombre a una cosa, por eso es un homínido que se está transformando. Tiene mucha conexión con la filosofía del existencialismo. El cuadro se va transformando poco a poco en una estructura y ahí encontramos planteamientos de ella en los que dice que la pintura no está estrictamente cerrada a un lienzo, sino que se han roto las fronteras en el arte y que pintura, arquitectura y escultura son un todo. Y este hombre que al principio aparece con pequeñas patitas, luego se muestra con ruedas, como un rotópedo. Y vamos viendo que se va instalando en estructuras, algunas de las cuales representan torres de ciudad, son edificios, instalaciones. En 1976 tiene una exposición importantísima en España en la Delegación de Bellas Artes, que se encontraba donde ahora está la Biblioteca Nacional, y ahí se ven todas esas torres y estructuras, que también se pueden ver en el Museo de Elche, que parecen una ciudad. Se trata de una instalación, aunque en ese momento no se llamaba así a este tipo de exposiciones.

Después de esa época empieza otra en la que hay un retorno a la abstracción más pura y dura, aunque se distinguen formas de cabezas, que están hechas con un montón de cosas que coge de El Rastro, como relojes del siglo XIX, lentes, trozos de radios y teléfonos… y forman las caras de estos seres monstruosos, lo que también está relacionado con la introducción del concepto de feismo en el arte y líneas de trabajo en las que el hombre se ha vuelto un monstruo, algo que fue bastante normal como reacción a lo que había pasado tras la II Guerra Mundial y en consonancia con la filosofía del existencialismo. Hubo muchos artistas que pasaron de hacer un expresionismo abstracto a recoger esta idea del hombre-monstruo, tanto en Europa como en Estados Unidos. Un buen ejemplo sería Bacon, que trabaja una figuración horrorosa.

La última época de Juana, como decía, era una vuelta a la abstracción. En un primer momento trabaja mucho la obra sobre papel, que no está bien entendida todavía, en la que se afana en la percepción visual del espectador, con sensaciones como ver el agua desde arriba, con movimiento. Ella ya había trabajado desde siempre las obras sobre el papel, pero tenía la idea de que éste debía de considerarse igual que la obra sobre lienzo o tabla. Trabajaba muchísimo en esta línea, que no ha sido bien entendida y se ha asociado al arte pop. Las cajas en las que situaba a los seres en la época anterior, ahora se reducen de tamaño pero los cuadros están enmarcados en cajas de colores; es una etapa muy alegre, hasta que en 1985 fallece Pablo Serrano, su marido, y ella empieza a pintar sobre lienzo, que es un trabajo más físico, porque creo que necesita ese desahogo emocional, la vuelta al gesto, trabajar grandes lienzos que la hacen moverse de otra manera. Creo que esas obras las quiso dejar inacabadas y las iba a exhibir en una exposición que iba a ser inaugurada por ella misma en la Galería Juan de Juanes de Alicante, que finalmente se inauguró sin su presencia, póstumamente, porque murió un 9 de marzo y tuvo que posponerse una semana.

Juana Francés – MACA

Esta última etapa, en la que pintó fondos marinos y cometas con profusión de colorido, ¿podría decirse que fue una fase más vitalista que las anteriores?

Los fondos marinos y las cometas son obras llenas de color, muy alegres, pero también tienen un trabajo de investigación que creo, como te he comentado, que no se entendió muy bien. Por ejemplo, la forma en la que trabajaba el papel era alucinante, hacía un montón de lavados de la obra y al final lo que hacía con los cuadros era casi un transfer. Muchos de ellos cuando los ves ahora ya no tienen papel, han pasado directamente a la tabla. Es una forma de trabajar que ahora la utiliza mucha gente joven. Es una etapa más alegre, tras la de El hombre y la ciudad, de fondos negros, muy oscuros. Después de casi veinte años trabajando en esa etapa, de repente hay una explosión de color. De ahí pasa a estos grandes lienzos, en los que no toca el tema del mar, sólo el cielo. Para mí, toda esa etapa es muy lírica, vital y de placer, porque el mar es una fuente de calma y de alegría, una manera de volver a sus orígenes. Y el mar está en total conexión con el cielo.

¿Qué es lo que le llevó a hacer su tesis doctoral sobre Juana Francés?

A mí me enamoró. Vi sus obras Una caja roja y Una caja negra en la Diputación de Alicante. Estaba trabajando en un periódico, cubriendo las exposiciones de arte y en ese momento, en torno a 1999, nadie conocía a Juana excepto la gente del circuito del arte. Pedí una ayuda para proyectos de arte al Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, no me la concedieron, pero fue tal mi afán que me puse a hacer una tesis sobre ella y el doctorado, todo por Juana y porque me parecía que se tenía que conocer más su figura.

Este año se cumple el 30 aniversario del fallecimiento de Juana Francés y el Instituto Cervantes de Palermo junto con Casa Mediterráneo le rinden homenaje con esta conferencia. Aparte de este evento, ¿tiene conocimiento de que vayan a  organizarse en Alicante otros actos en su memoria?

A mí no me han informado de nada. No sé si alguna institución tiene previsto hacer algo. He publicado algún artículo este año, ella murió un 9 de marzo, justo después del Día de la Mujer. Juana nació el 24 de enero de 1924, el año en el que una mujer se convirtió en la primera alcaldesa en España, además en un pueblo de Alicante. Todo me parece muy simbólico.

Aunque desconozco si se ha organizado algún homenaje, a lo largo de estos años sí que veo que hay mucho más interés en la figura de Juana. Hace un par de años el canal de televisión A Punt estuvo realizando una serie de documentales sobre mujeres interesantes de la Comunidad Valenciana e hicieron uno sobre Juana, para el que me entrevistaron. Hay mucho más interés también porque cero que se está trabajando mucho en la historiografía de las mujeres artistas, como en otros muchos ámbitos en los que se están recuperando figuras que se habían dejado de lado. Casi todas tienen el mismo hándicap: ser mujeres en un ambiente de hombres, donde se las ningunea, no se las tiene en cuenta o a lo mejor en su época sí que son consideradas y luego pasa el tiempo y se olvidan de ellas. Los críticos de arte más prestigiosos de la época hablaban muy bien de Juana, pero va pasando el tiempo y sus compañeros de El Paso siguen siendo muy punteros y ella se va quedando relegada. Las exposiciones que ha habido de El Paso han recuperado bastante su figura y ahora también resulta atractivo decir que era la única mujer en el colectivo.

En entrevistas en las que le preguntaban por su postura ante el feminismo, ella siempre dijo que de lo que tenían que hablar era de su trabajo. En ese sentido no era una feminista de las que llevaban la bandera y no consideraba justo encumbrar a gente que no lo mereciera. Defendía que el trabajo era lo primero que tenía que valer. Un artista tenía que hablar por sí mismo, independientemente de que fuera hombre o mujer.

* Imagen destacada: Juana en su taller. Archivo Juana Francés. IAACC Pablo Serrano. Zaragoza

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