Revista Casa Mediterráneo

Odile Rodríguez de la Fuente: “Félix fue principalmente el amigo de la humanidad, su mensaje es profundamente humanista”

en junio 17, 2020

Resumir en unas pocas líneas la trayectoria vital y el legado inconmensurable de Félix Rodríguez de la Fuente es tarea compleja, pero necesaria para introducir el libro que su hija pequeña, Odile, acaba de publicar con GeoPlaneta cuando se cumple el 40 aniversario de su desaparición en un accidente aéreo en Alaska. Félix, un hombre en la tierra (GeoPlaneta, 2020) es el elocuente título de un libro que recopila y ordena en diez capítulos el pensamiento de un ser extraordinario, cuya sabiduría y capacidad de comunicación y divulgación cambiaron, no sólo la forma de pensar de una sociedad inmersa en pleno franquismo, sino también las leyes para la protección de especies en peligro de extinción y espacios naturales del país.

Félix Samuel Rodríguez de la Fuente nació el 14 de marzo de 1928 en Poza de la Sal, un pueblo de Burgos que inexorablemente marcaría su carácter, al ofrecerle pleno contacto con la Naturaleza incentivando su insaciable curiosidad y ansias de conocimiento. Hasta los diez años no fue al colegio, aunque obtuvo los conocimientos básicos de manos de su padre, notario, en un ambiente familiar intelectual. Cursó la carrera de Medicina en Valladolid y se hizo doctor estomatólogo por la Universidad de Madrid. Fue consejero del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza, vocal de la Comisión Interministerial del Medio Ambiente, miembro de la Sociedad Española de Ornitología y de otras entidades.

Luchó para conservar espacios naturales como Montejo, Daimiel, la Albufera de Valencia, Cabrera, Doñana, Monfragüe y otros. Recuperó en España en arte de la cetrería y en el Congreso Ornitológico Internacional de Caen (Francia) presentó un informe que condujo a la protección de las aves de presa en España en 1966. Evitó la extinción del lobo en nuestro país, al conseguir que se le dejara de perseguir como alimaña en 1970. Y alcanzó una enorme popularidad gracias a la televisión, especialmente a partir de Fauna (1968-1969), Planeta Azul (1970-73) y El hombre y la tierra (1973-1980) donde grabó imágenes espectaculares sobre la fauna ibérica, venezolana y canadiense, que se emitieron en muchos países del mundo ante millones de personas.

Su pensamiento más profundo lo expuso en su programa radiofónico La aventura de la vida entre 1974 y 1980, emitido en Radio Nacional de España. Su labor fue reconocida con más de una veintena de galardones, como la Gran Perla de Milán (1974), el Premio Príncipe Rainiero de Mónaco (1975) y el Premio de Plata de Montecarlo (1976), entre otros. Sus vastos conocimientos los plasmó también por escrito en tres enciclopedias y varios libros sobre fauna de España, África y Venezuela e impartió numerosas conferencias por todo el país, con llenos absolutos. Su muerte el 14 de marzo de 1980, justo cuando hubiera cumplido 52 años, en un accidente aéreo mientras rodaba un documental en Alaska, causó una auténtica conmoción social. 

Odile, quien ha seguido los pasos de su padre -es licenciada en Biológicas y Producción de Cine por la University of Southern California de Los Angeles, trabajó en la sede de National Geographic en Washington, creó la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, ha liderado proyectos de divulgación científica y ambiental y centra sus esfuerzos divulgativos en los retos de la humanidad ante el cambio climático- recoge en este libro el lado más trascendental y menos conocido de Félix Rodríguez de la Fuente, así como sus conocimientos y reflexiones, nunca antes recopilados en un solo volumen, expresados por él mismo. La autora participará en un encuentro organizado por Casa Mediterráneo en homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente el miércoles 17 de junio a las 19 h., moderado por el periodista Miquel Hernandis dentro del ciclo Medio Ambiente y el Mediterráneo, que podrá seguirse desde la página web de la institución.

Cuando GeoPlaneta le encargó escribir un libro sobre su padre, usted reconoce que al principio fue reticente ya que se había escrito mucho sobre él. Pero luego pensó que había algo que aún no se había mostrado de su figura, su lado más trascendental. ¿En qué consistía esa faceta menos conocida de Félix Rodríguez de la Fuente?

Odile Rodríguez de la Fuente

Sí, nos quedamos con el diminutivo con el que le conocemos todos, que es “El amigo de los animales”. Creo que nos hemos quedado con la imagen de una persona muy popular de la época, sobre todo por lo precario de los medios de comunicación allá por los 70, y alguien que nos mostró la Naturaleza, los animales, las especies… desde una visión totalmente diferente en aquellos años. Pero sin embargo, fue mucho más, para mí fue principalmente el amigo de la humanidad, porque su mensaje es profundamente humanista. Fue un pensador que reflexionó acerca de las grandes cuestiones sobre las que hemos ido reflexionando a lo largo de la historia de la humanidad, que son básicamente: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Y alrededor de esas reflexiones que él hace se puede desgranar mucha sabiduría existencial en cuanto a nuestra relación con nosotros mismos, con el entorno y con los demás.

Félix Rodríguez de la Fuente reivindicaba al ser humano del Paleolítico al considerar que vivía en plena armonía con su entorno, sin pretender una vuelta a esa forma de vida, pero sí recuperar su esencia de conexión con la Naturaleza. ¿En qué basaba esas ideas?

Es muy interesante porque nos habla de esa infancia colectiva, que es la que tuvo la humanidad a lo largo del Paleolítico, y que duró alrededor de 300.000 años. Si comparas esa duración con la del Neolítico, de aproximadamente 10.000 años, nuestra infancia fue mucho mayor como seres idénticos, anatómicamente y en capacidad craneal, a lo que somos actualmente, o sea que no era otra subespecie, sino que éramos homo sapiens sapiens. Entonces, nos habla de que nuestra verdadera esencia es la de un ser extraordinario, porque somos el único ser vivo consciente y con capacidad de reflexión, pero integrado en su entorno, es decir, con esa consciencia de ser una especie más, que depende estrechamente de todas las otras formas de vida y que está en el fondo muy acompañada por la Naturaleza, por todas las demás especies que pueblan el planeta, en un planeta que le provee de absolutamente todo y que en todo caso, esa conciencia, ese don tan extraordinario, debe de ser puesto al servicio de la vida y no al revés.

Él reflexiona y le inquieta mucho el por qué un salto evolutivo tan extraordinario puede ser el peor enemigo de la propia vida. Finalmente, llega a la conclusión de que es una etapa, que realmente nuestra esencia es la de la propia Naturaleza, somos vida consciente pero que, por una serie de creencias y por una etapa que empezó con la domesticación de las plantas y los animales, nos hemos sentido y creído como algo separado del resto de formas de vida; y, sobre todo, hemos considerado que esas otras formas de vida eran algo que estaban puestas a nuestro servicio y las teníamos que explotar o dominar y no las hemos visto como compañeros de viaje, no como algo que nos protege, nos guarda, nos ofrece plenitud y un sentido de identidad. Y ahí es donde cree que la humanidad, por supuesto, no solamente está jugando con su propia existencia en futuras generaciones, sino también con su propia felicidad y plenitud, porque esa excisión hace de nosotros seres mucho más pobres y perdidos. Es para hablar largo y tendido, pero resumidamente por ahí van los tiros.

Félix tuvo ocasión de corroborar esos pensamientos al vivir junto a tribus cazadoras y recolectoras, a las que veía felices con su forma de vida, en contraste con los habitantes de megaciudades, sometidos a las prisas, entristecidos y demacrados, a los que atribuía un vacío existencial.

Exacto, lo que se plantea es que nacemos, morimos, tenemos una oportunidad única y cuál es el sentido de esta oportunidad. ¿El sentido es acumular más y más bienes materiales que al final no nos van a dar ese sentido de plenitud ni de felicidad que albergan otras personas que aparentemente no tienen nada, ni siquiera ese sentido de posesión? Esas tribus cazadoras recolectoras son nómadas y viven con el sentido del usufructo, es decir, ellos sienten que la Naturaleza les provee, les da absolutamente todo, pero no entienden el sentido de la propiedad. Entonces, claro son seres mucho más libres en muchos más sentidos.

Reflexionó sobre una serie de valores y principios básicos, esenciales y existenciales, que tienen mucho que ver con el individuo, con cada uno de los planteamientos con los que cada uno de nosotros afrontamos nuestra vida y en lo colectivo también, hacia dónde vamos. Y esto ni siquiera nos otorga más felicidad ni más plenitud, sino que incluso está jugando con nuestra salud mental, emocional, física y a largo plazo como especie, así como con el resto de formas de vida que nos llevamos con nosotros en esa auto-extinción.

Su trabajo fue transversal, absolutamente seductor, llegó a gente de diferentes clases sociales, diferentes edades, diferentes rincones de España y de fuera de España, despertó muchísimas vocaciones… Hemos visto el efecto mágico de ese fenómeno y este libro explica qué es lo que dio lugar a él, lo que hay debajo del iceberg.

En el libro usted ha querido rescatar las propias palabras de Félix Rodríguez de la Fuente, porque considera que nadie mejor que uno para hablar de sí mismo. En este arduo trabajo de recopilación, con transcripción de audios de programas de radio y compendio de numerosos textos, ¿ha descubierto aspectos del legado de su padre que desconocía?

Efectivamente es el primer volumen que realmente recopila y ordena citas de mi padre que proceden de toda su obra, pero que están ordenadas bajo diez capítulos que conforman los ejes de su carácter, de su visión del mundo, de sus inquietudes y de su filosofía. Ha sido una inmersión en su obra, un trabajo muy arduo. Lo cierto es que yo ya conocía prácticamente todo, pero no es lo mismo haberlo conocido de forma desordenada que al haber ordenado bajo estos ejes diferentes citas, lo que te da mucha más riqueza. De repente, ver ordenados diferentes pensamientos de distintas fuentes de toda su obra a lo largo de su vida que apuntalan ese particular capítulo y temática, lo enriquece y le da una dimensión mucho más profunda.

Efectivamente, aunque no he descubierto cosas que no conocía, sí que me ha sorprendido y me ha asombrado todavía más lo absolutamente visionaria y desconocida que es la parte que hay debajo del iceberg. Nosotros hemos conocido lo que está flotando fuera del agua y nos ha llegado esa onda, porque tocó a mucho más que a una generación. Realmente, su trabajo fue transversal, absolutamente seductor, llegó a gente de diferentes clases sociales, diferentes edades, diferentes rincones de España y de fuera de España, despertó muchísimas vocaciones… Hemos visto el efecto mágico de ese fenómeno y este libro explica qué es lo que dio lugar a él, lo que hay debajo del iceberg, lo no visible. Y la verdad es que lo enriquece muchísimo y en mi caso me hace admirarlo y sorprenderme mucho más ante una persona con una arquitectura mental, emocional, vivencial y experiencial absolutamente asombrosa, que nos dejó un legado tan necesario hoy en día y creo que además es uno de los momentos mejores para sacar un libro como éste.

Algo que me ha llamado mucho la atención del libro es su memoria prodigiosa. En programas de televisión como El Hombre y la tierra la improvisación era una constante y en sus programas de radio carecía de guión y todo, incluyendo datos complejos, lo decía de cabeza.

Eso es para dedicarle un capitulo entero porque nos habla también de aspectos de nuestra civilización, como el mundo de la comunicación y de la cultura ágrafa, frente a lo que ha sido el mundo de la escritura y cómo, evidentemente, éste marca un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Nos permite acumular conocimiento, información y sobre todo transmitirlo, pero nos vuelve también mucho más pobres en cuanto a que ya no tenemos que ejercitar la memoria como sí lo hacían las culturas ágrafas. Entonces, no sabemos muy bien por qué, pero mi padre rendía culto a la cultura ágrafa. Para él era tan importante ejercitar su cuerpo como una herramienta a través de la cual acercarse al medio que le rodeaba, como su mente, y ésta la ejercitaba principalmente a través de la práctica de la memoria y verdadero amor al verbo, a la palabra hablada. Cuando lees un texto no tiene nada que ver como cuando lo improvisas sobre la marcha, que emana frescura, y también incluso lo que se transmite es mucho más poderoso que cuando estás leyendo.

Hay escritos muy interesantes dentro de lo que es la filosofía perenne, que es la de todas las grandes culturas a lo largo de la humanidad y de las religiones. Hay capítulos que hablan de esa transmisión que va mucho más allá de lo que se dice. Hay una energía y un poder transformador en la palabra dicha y no leída, que constituye un mundo digno de analizar y de adentrarse en él porque es muy poderoso y tiene un enorme poder transformador en la audiencia. Y efectivamente, mi padre fue de las pocas personas de la era moderna que practicó esto y lo llevó además como una religión, yo te diría, porque es asombroso que ninguno de sus programas de radio, con más de 300 horas grabadas, llevara una percha, un guión…, sus programas audiovisuales fueran totalmente improvisados e incluso sus obras escritas, cuyos textos dictaba. Entonces, tenía que ejercitar su memoria, su mente, sus conexiones cerebrales, la memoria asociativa, vincular diferentes líneas del conocimiento y del saber… todo ello con una agilidad asombrosa y con la magia tan especial que impregnaba a todas sus comunicaciones.

Esa capacidad de comunicación era tan poderosa que su primera participación como colaborador en un programa de televisión tuvo tal impacto que de ahí le llamaron para más colaboraciones hasta llegar a tener programas propios tan importantes como Planeta azul o El hombre y la tierra.

La vida, el destino, las oportunidades que aparecen en tu camino… de lo que yo reflexiono un poco, sobre todo en el último capítulo, es sobre cómo uno mismo propicia también su propio destino; depende de cómo te encuentres en tu vida de realizado como persona propicias la desgracia o el éxito. Y cómo el éxito está muy vinculado, no tanto al poder o a la acumulación de dinero, sino a la absoluta libertad de estar entregado a lo que te apasiona y no querer aferrarte a nada en concreto, dejar que la vida te viva. Eso te da muchísima libertad y poder pero, en el sentido de que te aporta mucha fortaleza para que la vida te traiga lo que necesitas y se convierta en un baile maravilloso que asombre a todos los que rodean a esa persona que vive de forma totalmente realizada.

Un factor importante en la vida de Félix fue el tipo de educación temprana que tuvo, viviendo en el campo en constante contacto con la Naturaleza, sin ir al colegio hasta los diez años recibiendo una formación en casa basada en la libertad, el fomento del espíritu crítico y sin cortapisas a la curiosidad. De hecho, él abogaba por un tipo de educación que no estuviera encorsetada.

Así es. Cada uno de nosotros nace con un potencial inmenso que incluso desconocemos. Lo que no tiene sentido es que si somos el producto de 4.000 millones de años de evolución del fenómeno vital sobre el planeta, en lugar de crecer expuestos a los estímulos que son los que han dado lugar a nuestra especie lo hagamos en espacios que no son naturales, entre cuatro paredes, con pupitres, y en el sentido de que la autoridad, el que sabe, está fuera de uno mismo. Nos enseñan a obedecer desde muy pequeños, cada vez a ser más dóciles… Eso de alguna manera encorseta e incluso mina nuestra autoestima y nos enseña a ser más sumisos, principalmente. Pero, claro, el espíritu humano ante todo tiene que alimentarse de la energía y el poder creativo y maravilloso de la Naturaleza y de estímulos que van incluso más allá de lo que conocemos, cosas intangibles que impregnan todo lo vivo y la existencia. Entonces, que un niño pueda crecer, que tenga la oportunidad hasta los diez años rodeado de esos estímulos… Mi padre al menos es prueba de que eso pone en marcha un potencial que desafortunadamente parece que se cercena en entornos más artificiales.

Félix demostró que se podía llegar muy lejos siendo autodidacta. Fue un gran biólogo pese a no estudiar la carrera de Biología, dejándose llevar por su curiosidad, leyendo y teniendo experiencias directas con los seres que habitan la Naturaleza.

Eso se aplica a cada uno de nosotros. Para mi padre, y eso te lo puedo decir por experiencia personal, era importantísimo tener disciplina a la hora de estudiar. En casa valoraba muchísimo que sacáramos buenas notas en el colegio, porque para mi padre la cultura del esfuerzo, de la disciplina, de la autosuperación era muy importante. Pero es verdad que con una base; eso lo que te daba eran las herramientas para cuestionarte todo, y para ello es importante tener autoestima y darte cuenta de que la historia de la humanidad ha evolucionado gracias a personas que han puesto todo en tela de juicio. Una cosa es eso y otra ser un ser sometido, un ser que no se cuestiona nada de lo que le viene impuesto o de lo que se supone que dice o dictamina la autoridad, venga de donde venga. Lo que él reivindica es ese criterio. Es muy interesante también que casi está obsesionado, y se ve en muchas de las citas que recojo en el libro, con empoderar a su audiencia, a quienes dice: “Cuestionaos todo, incluso lo que yo digo”. Es muy importante desarrollar ese criterio personal para ser mejores y contribuir a que avance la sociedad.

De hecho, defendió y protegió a especies que estaban en peligro de extinción como el lobo, que en aquella época era considerado enemigo del ser humano, cuestionando algo que la sociedad de entonces daba por hecho.

Efectivamente y no sólo con el lobo. Tienes que ponerte en el contexto en el que aparece mi padre; estamos hablando de los años 50, donde en España, que era una España franquista, existía la Junta de Extinción de Animales Dañinos, es decir, que el Estado pagaba a través de todos sus ayuntamientos a cualquiera que trajese los restos de cualquier depredador. Ibas a un ayuntamiento y llevabas los restos de un águila, de un zorro, de una comadreja, de una jineta, de cualquier depredador, y te pagaban. Entonces, la visión era radicalmente diferente y él ahí empezó a decir: “No, esto no puede ser así; los depredadores son fundamentales para los ecosistemas”. Y gracias a él, en gran medida, España se puso a la cabeza del resto de países en Europa en leyes de protección de las aves de presa.

Fuimos un país pionero a nivel europeo -esto lo desconoce la mayoría de la gente- en tener las primeras leyes de preservación de este tipo de aves. Y fuimos uno de los pocos países de Europa en los que no se extinguió el lobo, que sí lo hizo en Francia, en Holanda, en Alemania… Y es una de las naciones europeas, de hecho, que mejor población de lobos tiene. Eso te demuestra la importancia de sentir que la sociedad es un medio que nos ayuda a convivir, a formarnos, a ser mejores, pero tenemos que ayudar a que avance y para eso debemos cuestionarnos las cosas. Por ello, la sociedad del sometimiento, en el fondo, se está haciendo un grave daño a sí misma. Es fundamental fomentar la autoestima, una vez más, y el poder de cada uno de nosotros individualmente para aportar a ese colectivo. Y eso él lo demostró y sobre todo lo buscaba en sus niños, que desarrollaran ese poder de criterio.

Como lección y conclusión de todo esto de lo que hemos estado hablando, me parece que son valores que tenemos que recuperar en la educación de nuestros niños. Y, sobre todo, en unos momentos tan complejos como los que nos han tocado vivir va a hacer falta muchísima creatividad, un espíritu colaborativo y gran fuerza personal, mucha capacidad para poder afrontar los retos que tenemos por delante y no venirse abajo o no delegar la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos frente a ellos en el Estado, en las grandes empresas… Es el momento en el que cada uno de nosotros tenemos que tomar las riendas de nuestra vida y del futuro y para ello es fundamental empezar a educar a los niños empoderándolos, fomentando que tengan ese espíritu crítico y ese sentido de que la autoridad está fuera, como linternas que nos alumbran un camino de oscuridad. Para eso está el conocimiento que hemos heredado, pero luego cada uno de nosotros tenemos que hacer nuestro propio camino e iluminarlo con nuestra propia luz, apoyándonos en el saber que nos ha sido dado, pero abriendo nuevas sendas a través de la creatividad, el criterio y la autoridad propios.

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