Revista Casa Mediterráneo

Paco Álvarez: “‘La forma del mar’ cuenta la historia del Mediterráneo alrededor de los mapas”

en enero 25, 2023

Casa Mediterráneo dirige por primera vez su mirada a la cartografía del Mare Nostrum mediante la exposición “La forma del mar”. Una idea original de David Calle y Paco Álvarez, que nos proponen un recorrido por 16 mapas significativos de la cuenca mediterránea desde el siglo XIII a. C. hasta el XVII. La muestra comprende mapas que recrean desde los viajes de Ulises según la versión del geógrafo Francesco Constantino Marmocchi hasta el mapamundi más grande conocido, dibujado por el cartógrafo Monti en Milán. En ellos podemos encontrar referencias literarias, filosóficas y científicas que ampliarán la visión de los visitantes sobre un mar que, pese a sus reducidas dimensiones, durante siglos fue uno de los centros de la humanidad.

Nos adentramos en la exposición, que se inaugura el viernes 27 de enero a las 19:00 horas en la sede de la institución diplomática, de la mano de uno de sus artífices, Paco Álvarez, publicista, historiador y divulgador.

¿Cómo surge la idea de realizar esta exposición sobre la cartografía del Mar Mediterráneo?

David es doctor en filosofía y yo soy geógrafo e historiador. Trabajamos muchas veces juntos en la realización de guiones; al final todos los escritos son un viaje y todos los viajes necesitan un mapa. El hecho de juntarnos un filósofo y un geógrafo ha propiciado que quisiéramos contar la historia del mar alrededor de los mapas y además la historia de un mar que es el mar central, el mar de en medio de la tierra, “Medi-Terraneum”. Y es el mar alrededor del cual surgen las filosofías, las poesías, las historias… Emana de una conversación sobre cómo era la tierra, porque esta es como tú te la imaginas. Los mapas son ideas. Hay una relación muy directa con la filosofía e incluso en algunos mapas, como los de San Isidoro o los medievales, existe una relación más directa entre las ideas y el mapa que entre la realidad y el mapa.

Algunos mapas están basados en la teología, con la intención de ofrecer una explicación teológica del mundo.

Sí, y es muy interesante comprobar cómo el centro de la tierra va siendo distinto. Al principio, el centro de la tierra era el mar, luego pasa a ser Grecia, después Roma, Jerusalén…, pero aunque el centro sea constante más o menos dentro de este orden, el lugar de la civilización o el sitio importante de tu religión, el Norte, el Sur, el Este y el Oeste son cambiantes. En la exposición, desde mi punto de vista, para la gente que no esté familiarizada con los mapas, resulta muy curioso ver que el Norte no tiene por qué estar arriba. Nosotros lo colocamos ahí porque somos eurocéntricos, pero incluso en el mapa de los Borgia, que aparece en la portada del catálogo, el sur está arriba; con lo cual, no es una cuestión simplemente de religión. En el mapa de Pomponio Mela, que es de mis favoritos, España está en el sur, pero todo ese mundo que vemos en los 16 mapas y en muchos más gira alrededor del mar. Ahí hay otra idea.

Paco Álvarez ante el mapa de los Borgia.

Una idea diferente a la que se suele tener ahora y además evidencia la importancia que entonces se le otorgaba al mar.

Sí, el mar es la frontera, pero también el camino en esa época. Y conforme va avanzando la civilización, más camino es, por eso los mapas son cada vez más perfectos hasta llegar al magnífico portulano de Cresques Aabraham, el mallorquín que ya marca todos los puertos, todos los vientos… Con ese mapa podrías salir hoy a navegar desde el Puerto de Alicante y no te perderías.

¿Qué intercambios propició la navegación por el Mediterráneo?

A través del mar incluso fluye el alfabeto. Nuestro alfabeto tiene algo que ver con el fenicio presináptico, que luego pasa a ser el griego y después el latino. Los fenicios son los primeros que cruzan el mar -por desgracia no tenemos su mapas-, los griegos son los segundos y les siguen los romanos. Nuestro alfabeto sigue siendo igual al romano; le hemos añadido sólo alguna letra, pero son las mismas que las de Augusto o las de Pomponio Mela, que era romano de Algeciras, porque los romanos nacemos donde nos da la gana, eso que quede claro (risas). Con ese alfabeto viaja la civilización.

Me gusta mucho pensar en la manera romántica en la que los griegos salían de su tierra para ir a colonizar o establecer una factoría en otros lugares. En sus barquitos llevaban y custodiaban el fuego del Templo de Hestia, de su pueblo de origen. Hestia es la diosa del hogar, como la Vesta romana. Durante esos viajes portaban ese fuego sin que se apagara para que en ese lugar nuevo en el que fundaran una ciudad tuvieran una conexión mística, aunque hubieran tardado doce meses o tres años en llegar a su destino. Era terrible, obviamente, que se apagara ese fuego, que es una manera simbólica de mostrar que estaban trasladando su civilización, su idioma, sus ideas, su filosofía y su forma de entender el mundo. Un mundo en el que al final, gracias a Roma, somos todos ciudadanos, somos todos iguales. Para serlo, necesitamos tener el mismo alfabeto, los mismos derechos que nos dará Roma.

¿En ese intercambio cultural el mar desempeñó un papel fundamental como vía de comunicación?

Absolutamente, el mar era el wifi. De hecho, era la manera más corta de viajar a cualquier sitio y muchas veces la única. Incluso desde el norte de Italia hasta la zona de Roma era mejor viajar por mar porque era muy complicado hacerlo a través de las montañas. En España hay un recuento de unos peregrinos musulmanes de Ávila que fueron en el siglo XVI a la Meca y se trasladaron a Zaragoza y de ahí a Tortosa, donde cogieron una embarcación. En definitiva, el agua es el camino y el mar es el gran camino. Si un río es una carretera secundaria, el mar es la autopista. Cuando Julio César estuvo en Hispania como cuestor en el año 61 a.C. le prohibieron presentarse in absentia a las elecciones del consulado, pero cogió un barco y llegó a Roma a tiempo. Si hubiera intentado llegar por tierra habría llegado tres meses después.

Los fenicios recorrieron de punta a punta el mar, los griegos y luego los romanos lo convirtieron en algo nuestro, en un mercado, en definitiva, y el resto de civilizaciones que llegaron después ya empezaron a separar las orillas. Ahora, por desgracia, no están tan unidas como nos gustaría, e instituciones como Casa Mediterráneo se dedican precisamente a solventar y salvar las diferencias para que vuelva a ser nuestro mar, que volvamos a ser los mismos los que estamos en una y en otra orilla, los de Leptis Magna y los de Akra Leuka.

Todos estos intercambios producidos a través del mar han creado un poso mediterráneo con muchos elementos comunes a los países de la cuenca.

Lo que llamamos la triada mediterránea de cultivos no se denomina así sin razón de ser, al igual que la dieta mediterránea es real, auténtica y milenaria. Aquí hay olivos o vides como en Grecia, en el Líbano o en la antigua Fenicia. Hay un estrato común a nuestro mar, un mar alrededor del cual ha girado el mundo hasta que descubrimos que había otro mundo.

Hablemos de algunos de los mapas que pueden verse en la exposición. ¿Cuál fue la trascendencia de Ptolomeo y su obra “Geografía” a la hora de sentar las bases de la cartografía moderna?

Ptolomeo es una de las personas que mejor describen el mundo y es considerado durante toda la Edad Media como un científico. A pesar de sus errores, su descripción científica del mundo es la que se utilizó durante siglos. Hasta el Renacimiento no empezaron a cuestionarse datos que Ptolomeo había aportado. Eratóstenes había medido muchos siglos antes, hacía seis siglos, la circunferencia de la tierra, así como Estrabón, pero Ptolomeo se equivocó en sus cálculos e hizo el diámetro inferior. Ese tamaño más pequeño de la tierra es en el que se basó Colón para calcular que podía llegar al otro lado. Obviamente, Colón no sabía que había un continente en medio. Si América no hubiera existido, Colón no podría haber llegado a Ceilán ni a Japón ni a ningún lado, porque los cálculos correctos eran los anteriores, no los de Ptolomeo.

Según los cálculos de Ptolomeo, que pensaba en una tierra más pequeña, habría llegado exactamente a Japón o a islas cercanas, pero nadie podía prever que había un continente en el otro lado del mundo y justo en el sitio del error de cálculo. Hay un libro italiano que se titula Elogio del error, que habla de todas las cosas que hemos descubierto por equivocación, como los antibióticos, al dejar un cultivo fuera de la nevera. En este caso, América se encontraba donde Ptolomeo situaba Asia. Cuando Fernando el Católico pide a los sabios que evalúen si el viaje de Colón es posible, le dicen que no, porque en la Escuela de Salamanca y otros lugares siguen los datos de Eratóstenes, mucho más fiables que los de Ptolomeo.

Hay que tener en cuenta que los medios disponibles en el pasado para hacer los cálculos y diseñar los mapas no son los de ahora, con el acceso a los satélites y las nuevas tecnologías.

Absolutamente. Por ejemplo, Eratóstenes se equivocó tan sólo un uno por ciento en su cálculo del diámetro de la tierra porque él midió en un solsticio de verano la sombra del sol en Alejandría y en una ciudad al sur de Egipto, y vio que había una serie de grados de diferencia, pero creía que estaban en la misma latitud. Como no lo están, ahí se encuentra ese pequeño margen de error. También calculó la distancia de la tierra a la luna a partir de la sombra de esta en un eclipse.

En cambio, lo que pasa con Ptolomeo, salvando mucho las distancias, es lo que ocurre con los visigodos después. Miras una moneda romana y es perfecta, cómo está hecho el dibujo, los grabados, los retratos… Mientras que una moneda goda parece que la haya hecho un niño. Se tenían todos los conocimientos anteriores, pero algo se perdió por el camino.

Mapa sobre los viajes de Ulises, narrados por Homero.

La exposición se abre con el mapa del geógrafo Francesco Constantino Marmochhi, que recrea los viajes de Ulises en la ‘Odisea’ de Homero. ¿Qué influencia ejercieron la Odisea y la mitología en los mapas antiguos?

Evidentemente, Homero nos narra lo que sucedió en el 1.200 a.C., en la Guerra de Troya, una guerra en la que los dioses mandan más sobre la tierra que los hombres. Se trata de los primeros libros de nuestra civilización, tanto La Ilíada como La Odisea. Hemos escogido La Odisea porque en La Ilíada hay menos viajes y además aquella es el viaje de Ulises, “Odiseo” en griego, intentando volver a su tierra, y en ese intento de regresar a Ítaca recorre todo el Mediterráneo, conocido y desconocido. De hecho, el noventa por ciento de los sitios de los que da cuenta no existen más que en la imaginación de Homero. Pero ese libro es con el que todavía en Roma, 700 años después, se aprendía griego, la lengua franca hasta la caída de Constantinopla, se aprendía a leer… Es decir, aunque el latín sea nuestra lengua actual, el griego era el idioma común del Mediterráneo durante muchísimo tiempo. Hablando en griego te podías entender con alguien de El Líbano, de Alejandría, de Italia… Luego ya, conforme nuestras orillas se fueron separando, cada cual empezó hablando su propio pequeño idioma y nos olvidamos de esa manera en la que nos comunicábamos todos antes, ya fuera en latín, griego o árabe.

¿Ha sido complicado recopilar y reproducir los mapas que forman parte de la exposición?

La verdad es que, afortunadamente, el problema es la cantidad de información que hay puesta a disposición de cualquier investigador. Hacer una exposición como esta hace diez años habría sido imposible o habríamos tardado años, al haber tenido que ir in situ a los lugares, solicitar diapositivas, escaneados, etcétera. Pero hay instituciones como la Universidad de Stanford o la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos que ponen a disposición de todos los investigadores del mundo y de manera totalmente altruista y gratuita todos sus materiales, en altísima definición.

Por ejemplo, el mapa de Urbano Monti, del que aquí tenemos una parte en la que se ve el Mediterráneo -es el mapa más moderno de la exposición, del siglo XVII- en la Universidad de Stanford consta de 60 hojas. En Stanford han compuesto digitalmente cómo serían esos 60 mapas juntos para ver el mapamundi completo, algo que no se había visto nunca hasta el año pasado. Ahora es un mapamundi de más de tres metros de diámetro, que no se podría manejar salvo por la informática. Ese mapa es muy curioso porque en ese caso el centro lo ocupa el Polo Norte. Volvemos a lo mismo: ¿Cuál es el Norte, realmente? ¿Qué es arriba? Lo bonito es quedarnos con que hay muchos puntos de vista que nos hacen ricos. La uniformidad es lo que nos hace pobres. Y la variedad, el mestizaje, es lo que nos enriquece.

¿Ese es uno de los mensajes que lanza la exposición?

Sí, desde luego. Mestizaje, en el mejor de los sentidos. La naturaleza odia lo uniforme. Siguiendo la idea anterior del error, cuando nos reproducimos nuestros hijos deberían ser una copia exacta de nosotros, pero no lo son, hay una ligera variación, y esa variación es la que hace posible la evolución. Si los descendientes de las amebas fueran cien por cien iguales que sus padres, nunca llegarían a ser dinosaurios. Ese error de la naturaleza, la cuenta de Osiris que decían los egipcios -ellos sumaban con fracciones, que por mucho que las sumes nunca te dan cien, sino un 99,999… -. Esa parte que faltaba decían que era la parte del Dios, de Osiris. Hay mucha gente que discute sobre si le gusta más la civilización griega o la romana, sin tener en cuenta que somos todos los mismos, somos todos mediterráneos.

Cádiz se funda, como tarde, en el año 1.100 antes de Cristo. Y antes de esa época, que es la de la Guerra de Troya, de la mitología, de los dioses y los héroes, existía Tartesso. Los tartessos iban a las islas Casitérides a traer estaño (Gran Bretaña e Irlanda). De Tartessos se habla en la Biblia. En el Libro de Jonás y la ballena se dice que para huir del Señor se fueron en las naves de Tarssis, los tartessos, que venían cada dos años, lo que tardaban de aquí a Israel. Por su parte, los fenicios, que venían del otro lado del Mediterráneo, dando la vuelta a África sabemos que llegaron más al sur del Ecuador. Los tartessos son considerados la civilización occidental más antigua y apenas sabemos nada de ella.

Cuando en alguno de mis libros hablo de la conquista de Hispania siempre digo que nos olvidemos del mapa que aprendíamos en el colegio, donde se situaba a los diferentes pueblos. No era así; esas tribus se iban moviendo todo el tiempo y se mezclaban entre ellas, creciendo, cambiando… porque los que se quedan quietos se mueren. Una civilización aislada desaparece. Posiblemente eso es lo que les pasó a los neardentales. Necesitamos mezclarnos, porque si no nuestra civilización se empobrece. Todas esas civilizaciones, desde los tartessos o los minoicos, se fueron mezclando y creciendo. A los que les gustan las razas puras, tienen un grave problema.

Una de las charlas que doy y me piden mucho es sobre el cambio climático, pero teniendo en cuenta los conocimientos del patrimonio de la Isla de Pascua, que sufrió las consecuencias de una población endogámica. Pascua está a unos 3.700 kilómetros del continente, la misma distancia que hay de aquí a Moscú. En su época sabemos que a la isla de Pascua sólo llegaron foráneos una vez, porque por ejemplo no trajeron cerdos, mientras que a la Polinesia y en otros lugares siempre se llevaba ganado para criarlo allí y asegurarse así el alimento. Estamos hablando en torno al 1.200 d. C. Los habitantes de Pascua al final desaparecieron porque no tuvieron contacto con nadie. Quizás los moáis fueran una manera de llamar la atención a los barcos que pasaran como una forma de mostrar que la isla estaba habitada. No se sabe, podría ser, pero nunca pasó.

Los imperios nacen y desaparecen; las civilizaciones mutan, igual que los seres, porque se adaptan. Nosotros somos un lapso en algo que va cambiando, aunque no nos damos cuenta. Es lo bonito de echar la vista atrás, cuando todo giraba alrededor del mar, y darle la importancia que tiene.

Esta es la primera vez que se organiza en Casa Mediterráneo una exposición en torno a la cartografía de esta parte del mundo. ¿Habíais realizado una muestra de estas características anteriormente?

No, es la primera vez que lo hacemos, pero llevábamos tiempo con ganas de contar esta historia. Afortunadamente, ahora se han dado las circunstancias para poder hacerlo, con los medios y en un sitio tan maravilloso y a la orilla del mar como Casa Mediterráneo. Se da el hecho curioso de que esta sede fue en su momento una estación, un camino, lo que también tiene mucho sentido con la esencia de los mapas. Ojalá la exposición dé vueltas alrededor del mar, como los mapas.

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