Revista Casa Mediterráneo

Raquel López Cascales: “El cuento te prepara para todas las vicisitudes de la vida”

en abril 8, 2020

Además de proporcionar horas y horas de entretenimiento a pequeños y mayores, los cuentos permiten viajar a lugares remotos, a otras épocas y culturas, transmiten valores universales y proporcionan todo tipo de conocimientos útiles para la vida cotidiana. Consciente de su valía, una de las primeras actividades incluidas en la programación a distanciade Casa Mediterráneo para este periodo de confinamiento fue un ciclo dedicado a ellos, ‘El Cuento Mediterráneo diario con Raquel López Cascales’.

Cada día, de lunes a domingo a las 12 h. esta experta narradora cuenta un cuento en directo en su Canal de YouTube @raquelopezcuentos bajo la atenta mirada de decenas de familias que se sientan frente a su ordenador, televisor, tableta o móvil a escucharlos. Además, durante las vacaciones de Semana Santa, días con más tiempo para el ocio familiar, el Canal de YouTube de Casa Mediterráneo dispondrá de una lista de reproducción que recogerá todas las sesiones de cuentos realizadas hasta la fecha.

Raquel López Cascales (1968, Ulea, Murcia), como ella misma afirma, creció entre cuentos, punto de cruz y arroz con leche y desde hace veinticinco años se dedica profesionalmente al oficio de contar historias. Una labor y pasión que compagina con la impartición de cursos y conferencias para aprender a hablar en público, filosofar, experimentar y, sobre todo, “rumiar cuentos”.

Es autora de los libros ‘Amantes amados’ (2013) y ‘Veintisiete abuelos son demasiados’ (2014), por el que recibió el XXXII Premio de Narrativa Vila de Ibi. Ha realizado numerosos espectáculos, entre los que se encuentran ‘Una hora con Mario’ (1993), ‘Entre mujeres’ (2006), ‘Una historia con receta’ (2008), ‘Amores, desamores y otros remedios’ (2012), ‘Cuentos de la luz apagada’ (2015) y ‘Verbena’ (2016). Y ha participado en festivales, como el Lea de Atenas (Grecia, 2017) y Centroamérica Cuenta en Managua (Nicaragua, 2017).

En su repertorio de cuentos incluye numerosos relatos escritos por ella. Los hay para todos los gustos y edades. Ha contado en plazas, bibliotecas, teatros, colegios, capillas, palacios, desiertos, islas y montañas, con micrófono y a viva voz, de día y de noche, ante cientos de personas y en familia. Habitualmente, Raquel pone voz y da vida a cuentos del Mare Nostrum en el marco de un ciclo dirigido a alumnos de Bachiller en la sede de Casa Mediterráneo. Como eso ahora no es posible, Raquel y Casa Mediterráneo abren sus cuentos al público a través de las redes sociales.

¿Cuál es el objetivo de este ciclo de cuentos del Mediterráneo?

Entretener, que es el objetivo de los cuentos en general.

¿Que temáticas abordan estos cuentos?

Todas, porque además un mismo cuento puede tener varias temáticas: un conflicto entre hermanos, entre mujer y esposo, de un rey con sus súbditos a la vez que hay un personaje que pasa hambre, con lo cual ya tienes ahí dos conflictos universales, el del poder y la pobreza. El cuento popular toca los problemas universales de todas las culturales y de todos los lugares de la geografía. En los veinte días que llevo ya contando cuentos [la entrevista se realizó el 3 de abril], sólo he contado dos de autor.

¿En qué se diferencian los cuentos de autor de los cuentos populares?

En los cuentos de autor hay una persona que se reconoce, esté viva o no, como inventor de ese cuento. El cuento popular ha ido surgiendo de boca en boca porque se ha contado un sucedido, una historia de vida, algo que pasó en el pueblo de más allá… Y eso ha ido pasando por el filtro del tiempo, se ha quedado lo sustancial, se ha caído la paja, los adornos que no le hacen falta (los ornamentos los necesita la literatura, la oralidad no).

Por ejemplo, ayer [por el 2 de abril], Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, narré un cuento de Andersen, pero en realidad lo que conté fue su versión, porque el escritor danés se basó en una historia ya recogida por Don Juan Manuel quinientos años atrás en España que está incluida dentro del libro ‘El Conde de Lucanor’. Esa historia, estamos hablando de ‘El traje nuevo del emperador’, ya se conocía que existía en la India, Turquía y toda esa zona de Oriente, pero con ciertos detalles diferentes.

Si tuviera que elegir, yo contaría la version de Andersen para niños y la de ‘El Conde de Lucanor’ para jóvenes y adultos, y sólo cambia una frase. Si recuerdas el cuento de ‘El traje nuevo del emperador’, el traje sólo lo pueden ver los listos, los tontos no. Por eso el rey aunque no ve la tela, por no pasar por tonto se la pone. Y el resto, por el mismo motivo sostienen que la ven, menos un niño que no tiene esos prejuicios y lo suelta.

En la historia de ‘El Conde de Lucanor’ la diferencia estriba en que la tela es invisible para los hijos ilegítimos, entonces sólo los que son hijos legítimos de sus padres pueden verla y en cambio los bastardos no. Entonces, el rey piensa: “Qué bien me viene a mí esto porque quien no pueda ver la tela no podrá heredar los bienes de su padre y me los quedaré yo, que para eso soy el rey”. En esta historia la figura del niño se sustituye por la de un esclavo, para más señas negro, que no tiene nada que perder porque ha perdido hasta la honra por su condición. A mí lo que me gusta señalar, y lo digo todos los días de emisión, es que los cuentos no entienden de fronteras, tienen sus propios matices porque viajan.

¿Qué enseñan estos cuentos sobre las culturas del Mediterráneo?

Por ejemplo, hoy [el 3 de abril] he contado una historia de un león y un dromedario, un cuento de Argelia. Trata de un león que quiere comerse a un dromedario y al final, el dromedario, que vivía en una gruta en lo alto de la montaña, después de pasar un montón de peripecias huye y se va a un lugar donde el león nunca lo alcance, escogiendo el desierto. Y por eso desde entonces los dromedarios viven allí. Es un final que me he inventado, pero que me cuadra con la historia y el lugar donde se desarrolla.

También narro muchos cuentos de costumbres, que son los que te hablan de las cosas cotidianas, como irse a labrar la huerta o con el burro a llevar comida a tu hija que se ha casado y se ha ido a vivir al pueblo de al lado. En esos cuentos se ven muy bien los matices de cada área geográfica. Si cuento un cuento de Túnez pongo mucho el énfasis en que los personajes están sentados sobre una alfombra y que están comiendo el cous cous con las manos. Aunque pueden pasar desapercibidos, están esos matices. De mismo modo, por ejemplo, el personaje en vez de ser un rey es un sultán. El público es competente.

Uno de las primeras historias que conté, que está escrita por un alicantino, sucede en un desierto, que se encuentra al otro lado del mar. Se habla de falta de agua, de lo importante que es este recurso porque la tierra es estéril. Todo eso son problemas universales que aquí también tenemos. Por eso siempre digo que el buen cuento, el popular, para que te interese a ti, me interese a mí y alguien que viva en Checoslovaquia tiene que tratar asuntos que nos incumban a todos: el amor, el hogar, el hambre, la muerte…

¿Qué es lo que ha hecho el cuento? Cuando un viajero iba a un lugar y le contaban una historia que había sucedido en los montes de Cantabria, cuando venía al Mediterráneo la ubicaba en el Puig Campana para que fuera cercana. Eso se ha hecho toda la vida.

¿Cuál es el principal valor de los cuentos?

El cuento habla de crisis. El cuento nos prepara precisamente para afrontar problemas universales. Es muy importante seguir contando cuentos porque además de fomentar ese tiempo de calidad y de tejer lazos indestructibles entre quien los cuenta, la madre, el padre, la abuela, el abuelo…, y quien los escucha, te prepara para todas las vicisitudes de la vida, algunas con final feliz y otras con final no feliz, pero porque así es la vida. Hay que hablar de la muerte para estar preparado cuando ésta llegue de forma cercana. Hay que hablar de llanto y de cosas atroces, pero intercalándolas.

De hecho, hace unos días conté un cuento sobre la muerte en el que se hace un alegato de su importancia. Hay un personaje que dice que la muerte es importante, aunque no nos guste. Esos cuentos hay que contarlos aunque acaben mal. El niño va a coger de ese relato lo que necesita, que es muy diferente a lo que necesita el adulto. Cuando cuentas un cuento en el que el lobo se come a un personaje, no hay que omitirlo, el niño es capaz de entenderlo y asimilarlo.

Raquel López Cascales

¿Cuál está siendo la respuesta del público a estos pases de cuentos por Internet?

Yo estoy maravillada. A veces veo que las están siguiendo 40 personas, pero de repente en el chat alguien me dice: “Aquí estamos sentados mi mujer y mis tres hijas, para escuchar el cuento”. De manera que esa cifra hay que multiplicarla por tres o por cuatro en muchas casas.

¿Estas sesiones en YouTube las haces en directo o las grabas y se pueden ver también en diferido?

Las hago en directo en YouTube y lucho para que así sea. Te lo justifico: Contar cuentos, al igual que el teatro, la ópera y otras artes escénicas, se nutre del directo. El evento es un día a una hora determinada. Es un cuento narrado para ti y si llegas tarde te pierdes el principio.

Hay mucha oferta en Internet, afortunadamente, de cosas que ya hay grabadas y las puedes ver las veces que quieras. Pero yo me estoy empeñando mucho en el directo porque es la hora del cuento. Estoy grabándolos con los medios que tengo en mi casa, con el fondo que me permite el cable de la Wifi. Los primeros días se nos cortaba la conexión y el cuento se quedaba a la mitad. El primer día en el que empecé a transmitir los cuentos por Internet, el domingo 16 de marzo, cuando todavía no había tanta oferta como ahora, tenía a más de 480 personas esperando y no iba la conexión. Acabé agotada.

Ahora me conecto al ordenador con el cable de la Wifi, que tiene un metro y medio de longitud y no me puedo separar de la señal. Tengo el fondo que me da la pared de mi salón. La grabación de algo que se quede permanente, puesto que está hablando de ti y de tu trabajo, la tienes que cuidar mucho, utilizando un buen micrófono, buenas luces… y en mi casa todos esos medios ahora no los tengo. Por lo tanto, no quiero que estas sesiones se queden luego en Internet, ya que dentro de un año o de dos, fuera de contexto, no ofrecerán una imagen real de tu trabajo profesional en circunstancias normales. Hoy sí que se entiende, pero en un par de años no va a hablar bien de mi trabajo.

No obstante, estoy muy contenta con la iniciativa y fue dicho y hecho. Lo que estoy intentando es que los cuentos sean para un público familiar, no son sesiones infantiles, tampoco son para adultos, sino que procuro que no tengan edad, de modo que cada uno haga su propia lectura de la historia. Es muy importante tener en cuenta al adulto cuando se cuenta, porque éste es el que vuelve a llevar al niño a la biblioteca o adonde se cuentan los cuentos. Si el adulto se lo pasa bien, volverá a llevar a ese niño. Además, los pequeños también aprenden incluso de la risa de los mayores. Me acuerdo que cuando mi padre se reía de unos chistes en la cinta del cassette, yo no lo entendía pero al verlo reír yo también me reía y hacía por entenderlo. Con el miedo paso lo mismo, el miedo compartido es menos miedo.

¿Como dice el refrán “Mal de muchos consuelo de tontos”?

El refrán se cambió en un momento de la historia. El original era: “Mal de muchos, consuelo de TODOS”. Lo que está pasando ahora es mal de muchos y como todos estamos en casa, te quedas, al igual que el resto. No somos tontos, somos todos. Eso quiere decir que somos una comunidad. Por eso es muy necesario contar cuentos que traten temas universales.

mariagialma@gmail.comRaquel López Cascales: “El cuento te prepara para todas las vicisitudes de la vida”