Revista Casa Mediterráneo

Rosa María Calaf: “El corresponsal tal como debe ser, con formación, con tiempo para la reflexión, el análisis y la elaboración, es una especie extinta”

en septiembre 25, 2020

Rosa María Calaf es uno de los rostros más populares de la televisión, cuyas informaciones sobre todo tipo de acontecimientos internacionales desde los lugares más remotos del planeta han seguido millones de telespectadores. Es especialmente conocida como corresponsal de RTVE en Nueva York, Moscú, Buenos Aires, Roma, Pekín o la región Asia-Pacífico donde, con su peculiar estilo profesional, riguroso y creíble ha sido capaz de transmitir con nitidez las noticias, fueran del género que fuesen. Inclinada desde temprana edad a conocer otras culturas, y apoyada en este empeño por una familia de mente abierta, Calaf se marchó a estudiar fuera de España con tan solo 14 años. Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona y Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona, cursó un Master en Instituciones Europeas (Universidad Libre de Bruselas) y estudió Ciencias Políticas en la Universidad de California-Los Angeles.

En 1970 empezó a trabajar en los informativos de Televisión Española en Barcelona y fue una de las pioneras reporteras en televisión, comenzando su carrera en el exterior como enviada especial. En 1982 solicitó una excedencia en TVE, durante la cual se lanzó a la creación de la cadena autonómica TV3 junto al periodista Alfons Quintá. Con casi cuarenta años de labor periodística, Calaf es una de las corresponsales más veteranas de nuestro país. Actualmente, es miembro del Comité Editorial del diario 65ymas.com dirigido a las personas mayores. En el 2010 fue investida Doctora Honoris Causa por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH). Precisamente, Casa Mediterráneo y la UMH la traen ahora a un encuentro virtual enmarcado en el ciclo Periodistas y el Mediterráneo que modera la periodista Sonia Marco, que se podrá seguir el viernes 25 de septiembre a las 10:00 h. en la plataforma GoogleMeet.

Previamente a la cita, Rosa María Calaf nos concedió una entrevista telefónica en la que prodigó simpatía, cercanía y humildad, y en la que desgranó algunas de las claves del buen periodismo en unos tiempos en los que, especialmente, el mercantilismo juega en su contra.

Su abuelo materno fue un empresario barcelonés gran apasionado por los viajes. Usted siguió sus pasos, desde muy joven empezó a viajar y con tan solo 14 años se fue a estudiar a Francia y a Estados Unidos, ampliando posteriormente sus estudios universitarios en California… ¿De qué manera le ha influido su familia en su trayectoria internacional? 

Efectivamente, creo que he tenido la extraordinaria fortuna de nacer en la familia en la que nací. Siempre digo que nunca hubiera podido hacer lo que he hecho si no hubiera tenido los abuelos y los padres que tuve. No sólo por una cuestión material de que pudieran permitirse mandarme a estudiar fuera, sino por tener la voluntad de hacerlo. Es decir, creo que la gran suerte fue caer en una familia con una apertura de miras, mental extraordinaria y que siempre entendió la importancia de los idiomas y de conocer lo diferente. Eso fue, claramente, un caldo de cultivo que propició que estuviera fuera. Mi hermano también ha vivido en el extranjero toda su vida, es funcionario internacional y siempre ha estado más fuera que dentro. Así que considero que eso fue muy importante. Creo que hay que resaltar la necesidad de tener entornos favorables a lo más importante que te acabo de decir: conocer lo que es distinto, porque lo que es igual no te enseña nada. Encerrarse en sí mismo no ayuda para nada a avanzar ni a mejorar la sociedad y el mundo, sino que hay que moverse y aprovechar la diversidad que se encuentra, de una riqueza extraordinaria.

Tras haber vivido y viajado por tantos países, la visión del mundo debe ser radicalmente diferente a la de quienes no salen de su entorno. Pero las personas que por diferentes motivos no pueden salir al extranjero, al menos si tienen interés, pueden conocer el mundo por medio de las experiencias de otras personas gracias a los libros, el cine, los medios de comunicación.

Efectivamente, por eso te digo que yo he sido afortunada, porque he podido comprobar, ver con mis propios ojos y escuchar con mis propios oídos las realidades de otras personas, pero es verdad que la mayoría de la población del mundo no tiene esa posibilidad. Sin embargo, debe aprovechar todas las oportunidades para saber y ahora es muy fácil, porque la tecnología como herramienta de conocimiento es extraordinaria. Nunca hemos tenido una herramienta que nos facilite el acceso a todo tipo de información. Pero eso tiene un peligro, porque una herramienta se usa bien o mal. Si se usa bien es una herramienta de conocimiento; si se usa mal puede ser una herramienta de desconocimiento. O sea que la herramienta en sí misma es sólo un posibilidad, por eso creo que efectivamente hay que intentar, dentro de lo posible, moverse personalmente todo lo que se pueda. Pero, hoy en día quien no tiene esa suerte, dispone al menos de la posibilidad de conocer a través de las redes, la lectura, los documentales, las informaciones… lo único es que tiene que aprender a usarlo, aprender el lenguaje de los medios, que es como cualquier otro lenguaje; si no lo sabes manejar, evidentemente, no te enteras de nada. Entonces, hay ahí una responsabilidad propia que es, por un lado, la voluntad de querer aprender y, por otro, la convicción de que para aprender hay que hacer un esfuerzo y ayudarse de todas aquellas herramientas y personas que te lo pueden facilitar.

Hay una cosa que no hay que olvidar nunca: el no dejar saber siempre ha sido una manera de dominar.

Y luego hay una cosa que no hay que olvidar nunca: el no dejar saber siempre ha sido una manera de dominar. ¿Qué hacen primero los regímenes autoritarios, las dictaduras, es decir, todos aquellos que no defienden la libertad de las personas? Precisamente, impedir que se sepa. Entonces, el periodismo es una de las grandes herramientas que tenemos para saber aquello que no se quiere que sepamos.

Como corresponsal en lugares como Moscú o la región de Asia-Pacífico se ha habrá encontrado con impedimentos para informar de ciertos temas e intentos de censura por parte de los gobiernos locales.

Obviamente, te das cuenta de que una dictadura o una democracia imperfecta lo que hace es ponerte todas las trabas posibles para que no puedas ver lo que ellos quieren que sea invisible, ni puedas oír aquello que ellos no quieren que se diga. Por lo tanto, eso es una norma, y cuando estás viviendo en China o en la Unión Soviética, como he vivido yo, sabes perfectamente que la información está controlada, igual que lo estaba cuando empecé a ejercer el periodismo. Comencé en el año 70 y España era entonces todavía una dictadura. Ya era la última etapa, pero no dejaba de ser igualmente un régimen con voluntad de manipulación informativa. Pero creo que también hay que saber que las democracias, incluso las más avanzadas, intentan introducir la propaganda, es decir cambiar la información por propaganda, y ahí tienes que estar muy precavido para no caer en las trampas de estar hablando de aquello que se quiere que hables, en lugar de aquello de lo que tienes que hablar. O sea que sin duda, las dictaduras, clarísimamente, lo hacen de la forma más zafia, la prohibición absoluta y, por tanto, la intimidación total. En una democracia imperfecta normalmente funciona también la intimidación y en las democracias que tienen un nivel aceptable, la intimidación no es la amenaza física; no mato al mensajero, pero sí que lo que hago es destruir su reputación, desviar su atención, quitarle recursos… es decir, hay otras formas mucho más sutiles por las que se intenta influir en la calidad informativa.

Las empresas periodísticas privadas, obviamente, siempre han tenido un objetivo mercantilista, pero no era el único objetivo, y en cambio ahora sí.

Y la actual crisis que está sufriendo el periodismo en España no ayuda precisamente a ofrecer información diversificada y en profundidad. Con los recortes que se están produciendo en las redacciones, sin periodistas a los que se les envíe al lugar donde se genera la noticia, los medios se nutren demasiado de las grandes agencias, de manera que la información se vuelve mucho más uniforme.

Efectivamente, lo que está ocurriendo es esa peligrosa tendencia en este momento de que los medios de comunicación consideran la información igual que cualquier otro tipo de género, en el sentido de que se supedita la noticia, que es un valor democrático delicadísimo y esencial, a la cuenta de resultados. Es decir, la información tiene que dar beneficios; en ese momento estás pervirtiendo el objetivo de la información. Eso siempre ha sido así, las empresas periodísticas privadas, obviamente, han tenido un objetivo mercantilista, pero no era el único objetivo, y en cambio ahora sí. La promiscuidad entre el poder económico, el poder mediático y el poder político lo que consigue es que la independencia se rompa. Y, obviamente, con una información que no es independiente por la razón que sea, por pura prohibición dictatorial, por falta de recursos o por falta de voluntad de calidad informativa, aunque las causas sean múltiples, el resultado es el mismo. Si el objetivo no está en que la información es un servicio público, un derecho del ciudadano, cuando éste deja de serlo y pasa a ser un negocio, evidentemente el ciudadano queda absolutamente indefenso.

Lo importante no es lo que se cuenta, es decir, los hechos, sino cómo se cuenta. Y el cómo se cuenta permite alterar los hechos, con lo cual estás atentando directamente contra el principio sacrosanto del periodismo.

En ese caso, hace falta espíritu crítico por parte de la ciudadanía.

Claro. El problema es que la situación actual es que se han deteriorado los pilares fundamentales de la construcción social, como la educación, que ha ido perdiendo calidad y ha ido fomentando la desigualdad en lugar de, precisamente, fomentar la igualdad, que es su objetivo. En la información, exactamente igual, en la sanidad ya no digamos, es decir, todos los valores sobre los que se debe asentar una sociedad libre, democrática y justa se están tambaleando y el periodismo es uno de esos pilares. Entonces, como pilar esencial para la construcción de una sociedad sana, que significa una sociedad justa, tiene que pelear contra esos enemigos exteriores que lo que intentan es que se convierta en otra cosa.

En este momento, por ejemplo, hay una tendencia, y no estoy hablando de España únicamente, sino del mundo en general. Cada país tiene sus características y en España ha habido numerosos estudios; hace más de un año hizo un informe Reuters con la Universidad de Oxford sobre la prensa europea y el grave problema en España es que tiene un periodismo de trinchera y eso atenta directamente contra la calidad de periodismo de servicio a la ciudadanía, porque lo que hace es servir a grupos de interés. Esta tendencia que, como digo es general, lo que hace es que busca el relato, no los hechos. Lo importante no es lo que se cuenta, es decir, los hechos, sino cómo se cuenta. Y el cómo se cuenta permite alterar los hechos, con lo cual estás atentando directamente contra el principio sacrosanto del periodismo.

A los jóvenes estudiantes que, a pesar de las dificultades que atraviesa actualmente la profesión, anhelan convertirse en corresponsales, ¿qué les diría en cuanto a las habilidades que debería reunir un corresponsal para que su trabajo llegue al público de una manera rigurosa y creíble?

Efectivamente, en principio el corresponsal tal como debe ser, con formación, con tiempo para la reflexión, el análisis y la elaboración, es una especie extinta en este momento, porque ya no existe prácticamente. Lo que sí hay, afortunadamente, son muchos compañeros que se esfuerzan y malviven intentando hacer buena información, porque el grave problema también es esto, que se puede vivir bien de la mala información y se vive mal de la buena información, como profesional. Yo lo que les diría es que, por supuesto, hay que pelear por ello, porque si no conocemos lo que sucede fuera, difícilmente vamos a entender lo que está pasando dentro. Y es evidente lo que tú has dicho, hay que ir, ver y hablar con los protagonistas y por tanto hay que defender absolutamente la importancia de la información internacional, la información sobre el terreno. Dicho esto, hay que pelear por ello. Hay compañeros y hay medios, sobre todo digitales en este momento, que están haciendo trabajos extraordinarios con mucho esfuerzo y mucha precariedad. Y entonces lo que hay que saber es que es una profesión o un oficio, yo lo veo más así, de servicio a la ciudadanía, como el de un médico, un fontanero o tantos otros servicios, es decir, que lo importante es saber que requiere esfuerzo y sacrificio.

Hay que formarse en general y en los temas, en las regiones y en lo que se va a trabajar, tener muchísima humildad, extraordinaria dosis de humildad, nunca ir a los sitios pensando que tú eres el que sabe y los demás no tienen ni idea o que tu modelo es el único bueno. Ojos y oídos abiertos y adaptabilidad, es decir la capacidad de cambiar de situaciones de forma muy rápida y luego, empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro, pero no para simplemente compadecerle -la empatía no es una cuestión de compasión o de piedad, sino que consiste en que compadezco a alguien porque sé que está en una situación difícil, pero es un sentimiento que requiere acción. Es decir, está pasando esto, ¿yo qué puedo hacer?-. Ésa es la cuestión. Y ser muy escéptico, es decir, tener mucho cuidado, contrastar continuamente y confirmar por todas las vías posibles. En definitiva es hacer los principios básicos del periodismo, como en cualquier otro género. El corresponsal internacional no tiene nada de diferente a cualquier a otro género periodístico, sólo que tiene la dificultad añadida de las culturas más desconocidas que posiblemente requieren un mayor esfuerzo y luego en las situaciones extremas, ya sea de violencia o de tragedia en casos de catástrofes humanas, naturales, etcétera, ser capaz de mantener la calma.

Entre los sacrificios a los que se expone una persona que decide dedicar su vida a ser corresponsal en el extranjero, ¿se encuentra el familiar?

Efectivamente, tienes que saber que, por supuesto, para las mujeres es peor, ahora menos que cuando yo empecé; al igual que siempre es peor en cualquier otro tipo de profesión que se considere masculina, que son casi todas. Siempre te resulta más complicado por muchas razones y después tu trabajo es valorado generalmente de forma distinta, pero aparte de eso tienes que saber que un corresponsal es como un médico de guardia. No tienes horarios… depende de cómo te lo plantees, pero tal como yo lo entiendo, ya que cada uno lo vive como le parece, significa no tener horarios y contar con un apoyo familiar que entienda lo que estás haciendo.

Evidentemente, para determinadas personas esto puede ser un sacrificio, en mi caso, sinceramente, nunca lo ha sido, porque a mí me apasiona y siempre he querido hacer esto. Al contrario, cuando he tenido que hacer algo muy duro y me he parado un momento, al final digo: Bueno, estoy haciendo esto porque es lo que quiero hacer, en realidad es una suerte poder hacerlo. Así que, por supuesto, hay que pensar que no es una profesión que permita tener un horario de 8 a 3 o ir a comer a casa. Yo siempre digo lo mismo: Quedar a cenar con un corresponsal es casi garantía de que en un noventa por ciento vas a cenar solo (risas), porque realmente siempre tienes dos mil cosas que te están llevando para otro lado. Y antes, que en Internacional se trabajaba con mucho más tiempo y había muchos más recursos, te marchabas pensando que ibas a estar fuera cinco o seis días y de repente pues igual estabas un mes.

Es una profesión imprevisible.

Exacto. Es una forma de vida que tiene unas pautas, que son conocidas, y por tanto si a ti esas pautas no te van bien, lo que no tienes que hacer es meterte en eso.

Si lo que quieres es tener una familia numerosa, ser corresponsal no sería lo más adecuado, por ejemplo.

Depende de lo que tú quieras hacer con tu familia. Es obvio, porque, insisto en que esa parte para las mujeres siempre es más complicada, porque seguimos en un modelo androcéntrico de la actividad laboral y ahí se complica más, pero hay gente que lo maneja muy bien.

Por ejemplo, Sagrario Ruíz de Apodaca y Lorenzo Milá, que actualmente son corresponsales de RTVE en Italia, lo han sabido gestionar bien.

Claro, están en una corresponsalía, al igual que estaban en Nueva York, en un lugar que te permite una planificación. Cuando estás en la Unión Soviética o como cuando estaba yo en Asia, hoy estoy Indonesia, mañana hay un golpe de Estado en Filipinas, pasado un tsunami en otro lugar, un descarrilamiento de tren en la India… es imposible hacer una previsión. Tampoco todas las corresponsalías son iguales y entonces depende de lo que tú vayas a querer hacer, Al igual que el periodismo local o de estar en tu casa e ir a la redacción o de cubrir una zona; tú sabes los tiempos y te los puedes combinar. Pero cuando, claro, estás cubriendo tres cuartos de parte del mundo como cubría yo en Asia o la Unión Soviética en pleno lío de Gorbachov, donde cada día pasaba algo, o durante la época de Yeltsin… Realmente, depende de los lugares, pero si tú quieres una vida como periodista de información internacional exterior tienes que saber que tienes unos condicionantes.

Ésta es una decisión muy personal, es importante que quede claro, porque a veces en algunas entrevistas, como es breve lo que puedes poner, parece que diga: “Lo que hay que hacer es… y lo que hacen los demás está mal”, pero no es así. Para mí, siempre lo importante ha sido mi profesión y, por tanto, nunca ni siquiera he dudado en cambiar ningún parámetro de mi vida privada en función de mi carrera, porque siempre tuve claro que iba a hacerlo. Pero, claro, eso lo tienes que tener claro. ¿Es mejor que lo otro? No, son opciones. Lo más importante es la libertad de elegir la opción que quieras.

Realmente, el meollo de la cuestión, en estos asuntos que son de opinión, es muy personal y sobre todo lo que nunca quiero transmitir, y me esfuerzo en ello, es parecer dogmática en cuanto a que se piense que considero la información internacional como la única importante. De hecho, siempre he dicho que es mucho más importante y mucho más difícil la información local. La información siempre empieza siendo local, porque ¿qué es lo que contamos o deberíamos contar? Lo que les pasa a las personas, por tanto, lo primero es lo que tienes al lado y luego eso va creciendo y componiendo un mosaico general. Y lo local tiene todas estas presiones de los gobiernos dictatoriales, de que tratan de hacerse amigos para que no cuentes algo, las trampas para reconducir la información hacia donde les conviene que vaya… las tienes a la puerta de tu casa, en la cola del súper, en el bar… y eso es mucho más difícil. La información internacional es obvio que es muy importante, pero más importante es lo local.

De hecho, lo que más interesa a la sociedad en general en España es la información local.

Claro, lo que ocurre es que la excelencia está en que partiendo de eso que es local contextualices en lo general, porque si te quedas sólo en lo local, realmente no te enteras de lo que pasa en el mundo ahora. Eso valía a finales del XIX, pero después ya no. Y ahora mucho menos, porque lo que está pasando en este momento en Pekín, mañana nos va a afectar aquí. Por ejemplo, en la zona en la que estoy, en el Bajo Penedés, hay un problema tremendo porque cierran las dos industrias que sustentan toda esta zona y miles de familias que se quedan en el paro. Hay manifestaciones todos los días y hablando con gente del comité de empresa les decía que tienen que, evidentemente, tienen que pelear y que todo esto se ha hecho muy mal, tiene que ver con la estructura económica actual que lo último en lo que piensa es en la persona, en sus derechos y en su bienestar. Todo esto es así, pero pensad que por mucho que protestéis aquí, no se decide aquí, sino mucho más lejos. Y realmente a los que están decidiendo todo esto, que son las macroempresas, les importáis un bledo. Entonces, lo que tienes que hacer es dirigirte a los que sí son responsables de ti, los políticos a los que votas, que se estén preocupando por ti, pero no cuando esté el problema, sino antes de que lo haya. La cuestión está no en hacer parches cuando algo se ha roto, sino en hacer planes antes de que se rompa. Para eso es para lo que está la política, pero lo que ocurre es que hemos cambiado la cultura política por una cultura de la comunicación, y entonces en lugar de hacer gestión lo que se hace es gesticulación. Y aquí está el periodismo, para denunciarlo.

mariagialma@gmail.comRosa María Calaf: “El corresponsal tal como debe ser, con formación, con tiempo para la reflexión, el análisis y la elaboración, es una especie extinta”