Revista Casa Mediterráneo

Segundo Ríos: “El Jardín Botánico de Torretes es un espacio ameno, didáctico y con una misión de conservación importante”

en octubre 23, 2019

E>n las faldas de la Sierra de Mariola existe un lugar no del todo concocido para los alicantinos que constituye un auténtico tesoro para la conservación, el conocimiento y el disfrute de la naturaleza: el Jardín Botánico de Torretes. En un terreno cedido por el Ayuntamiento de Ibi a la Universidad de Alicante, este espacio alberga miles de plantas de diferentes especies, que gracias a los cuidados de manos expertas siguen perviviendo pese al peligro de extinción que acecha a algunas de ellas a causa del cambio climático.

Casa Mediterráneo acogió ayer la jornada ‘Torretes: Un jardín botánico Mediterráneo’, que entre otras autorizades en la materia contó con la participación de su director, Segundo Ríos Ruíz, profesor de la UA e investigador del CIBIO, quien concedió una entrevista a nuestra publicación.

El Jardín Botánico de Torretes es miembro de la Red Med-O-Med, Paisajes Culturales del Mediterráneo y Oriente Medio. ¿En qué consiste esta red?

Dentro de la Fundación Cultura Islámica hay una red que intenta poner en contacto a los jardines botánicos del Mediterráneo. Su concepto de jardín botánico es un poco más amplio que el que tienen otras asociaciones, con criterios más técnicos, pero hay jardines botánicos de todo el mundo islámico, principalmente del Magreb y de todos los países del norte del Mediterráneo, aunque muchos de ellos son españoles. Es una forma de trasvasar nuestras actividades e información, hacer puestas en común e incluso favorecer el intercambio de personas de diferentes jardines botánicos. Esta iniciativa es muy bonita porque recupera tradiciones de jardinería y horticultura, que al fin y al cabo son las mismas. La base del cultivo de las plantas es común, puesto que buena parte del desarrollo de la agricultura se hizo en Al-Andalus. algo que compartían ambas orillas del Mediterráneo.

Desde hace unos meses, en el Jardin Botánico de Torretes tienen una nueva colección de musgos, hepáticas y otras plantas con esporas, que completan un espacio dedicado a las plantas más antiguas del planeta.

Sí, esto se debe a que nos gustan los retos y además, a presupuestos pequeños, seres vivos pequeños (risas). Es una forma de optimizar los recursos. Se nos ocurrió precisamente en los años más duros de la crisis. En casi tres o cuatro años veíamos que no avanzábamos y dándole vueltas al asunto, pensamos que teníamos una serie de recursos a los que no estábamos sacándoles el partido que se podría. Tanto los briófitos, dentro de los cuales se encuentran los musgos en sentido estricto, las hepáticas y los antocerotas, son las plantas verdes que colonizaron por primera vez el suelo. Las algas son más antiguas, pero siempre viven en el medio acuático o ligadas al borde del mismo. Los musgos fueron los primeros que pudieron conquistar el suelo, al aire libre, y por tanto podemos afirmar que se trata de las plantas más antiguas del planeta.

Panorámica del Jardín Botánico de Torretes

¿Cómo se adaptaron estas plantas acuáticas al nuevo medio terrestre?

Hay que hacer una puntualización importante. Las dos colecciones, tanto las de helechos como las de musgos y hepáticas están bajo cubierta de invernadero, en unas condiciones de control de humedad, porque la aridez climática que tenemos en Alicante, incluso en las zonas de montaña, no permitiría su crecimiento más que en pequeños lugares -que también tenemos, claro-, pero que no son abundantes.

La riqueza de biodiversidad de la que gozamos se debe a que en pequeños ambientes tenemos incluso plantas que son comunes en el norte de Europa, pero luego lo que conforma nuestro paisaje es un tipo de flora más de zonas esteparias y desérticas. Todo eso en conjunto hace que tengamos mucha más biodiversidad que otros países.

Lo que hacemos en el jardín botánico de Torretes es poner facilidades, tanto desde el punto de vista didáctico como desde la mera curiosidad, para poder observar las plantas, y disponer de una cantidad suficiente para que conformen un pequeño micropaisaje. Para eso es preciso conducir agua dentro de ese espacio, para lo que hemos utilizado técnicas tradicionales, como los tornajos usados en nuestras montañas, que son unos troncos de pino vaciados por los que se conducía el agua o hacían de abrevaderos. Su implementación tiene cierta complejidad porque los troncos tienen que estar recién cortados y no pueden perder la humedad en ningún momento; para ello tuvieron que venir ex profeso desde Cuenca dentro de una bolsa inundados de agua. Una vez que hicimos esta conducción de agua se formó un circuito que une además el hechario y el briofitario, que son los dos espacios donde se encuentran estos seres vivos.

El éxito lo hemos tenido, no en el momento de implantarlo, sino cuando ellos mismos han comenzado a multiplicarse por todos los rincones de forma autónoma. Es decir, ya no somos nosotros los que los vamos colocando, sino que ellos solos a partir de sus esporas van saliendo por todos los rincones; y ésa es la mejor prueba de que están a gusto, de que hemos conseguido recrear un ambiente propicio y de que es sostenible, en la medidad en la que se trata de un entorno completamente artificial, creado por nosotros.

¿Qué otras plantas tienen en el Jardín Botánico?

Hay más de 2.000 plantas pero, realmente, colecciones que provocan un cierto impacto sobre el visitante tenemos una que es muy llamativa, sobre todo en el mes de mayo: una colección de lirios, que además tiene una historia. Empezó con una donación de matrimonio inglés, Christine Lomer y su marido, que tenían un jardín de lirios en Jalón y que habían mantenido durante más de treinta años, pero se han hecho mayores y sin ayuda de nadie no sabían qué hacer. A través de una asociación de jardinería que hay en todo el Mediterráneo, la Mediterranean Garden Society, nos pusimos en contacto y ella se puso muy contenta al ver que su colección podría sobrevivir. Son más de 400 cultivares de lirios que ha ido recopilando a lo largo de su vida y que no se pueden encontrar en los catálogos actuales, de modo que es un material muy valioso del cual no dio una copia, de modo que ya está asegurada su pervivencia en Torretes. Al mismo tiempo, nos regaló un espectáculo de color y de formas que solo por eso ya merece la pena ir al jardín botánico.

Luego tenemos una colección de narcisos silvestres, que tienen más valor desde el punto de vista de la conservación, porque son especies endémicas de la península ibérica, principalmente de España, también de Portugal y un poquito del Norte de África, aunque también cuando están en floración son muy bonitos. Están dentro de un invernadero muy permeable, pero no deja pasar a los insectos, de manera que podemos conseguir que las distintas especies no se hibriden entre sí y podemos conservar sus semillas como líneas puras. Esto tiene valor porque en la natualeza, las distintas especies de narcisos están muy separados geográficamente, entonces al ponerlos juntos como son muy afines se pueden hibridar, con lo cual sus semillas ya no serían útiles desde el punto de vista de la conservación. Incluso podrían salir flores preciosas, porque a veces los híbridos entre especies son más bonitos incluso que los padres.

Masía de Torretes

Es una colección en la que los polinizadores somos nosotros mismos. Con un pincelito tenemos que ir polinizando, pero esto nos da la ventaja de que podemos multiplicar las plantas de una forma masiva prácticamente -tenemos miles de algunas especies y de una forma completamente natural. La única diferencia es que en vez de la abejilla vamos nosotros con el pincelito, pero tenemos acopio de semillas de muchas especies que se halllan en peligro de desaparición y las estamos conservando a largo plazo.

Luego tenemos una colección muy interesante, no sólo en primavera, sino también después del verano. Es una colección de salvias, un género que en sí mismo implica connotaciones. Procede de “salvare”, que en latín significa planta que lo cura todo, como una especie de panacea. Es un género muy antiguo dentro de las familias de las labiadas, que está distribuido por todo el planeta, excepto en Australia. Hay más de 700 especies, sobre todo en el Mediterráneo, aunque también en Centroamérica -México es uno de los países que vás salvia atesora de todo el mundo- y Norteamérica.

Hay una espectacularidad de colores, formas, aromas y nosotros hemos conseguido mantener en Torretes, que es una zona que por estar en la montaña alicantina tiene un invierno frío, más de 100 especies. No es sencillo, porque muchas de estas plantas no germinan fácilmente. Los lirios tienen un proceso de germinación bastante complicado. Los narcisos son más fáciles, porque germinan bien sólo con el frío del invierrno. Todo esto conlleva muchísimo trabajo, pero muchas veces cuando se consigue multiplicar las plantas, ellas mismas siguen haciéndolo, echando hijuelos alrededor o por esquejes son fáciles de manejar. Lo más difícil es obtener la primera planta.

En el caso de la salvia y de otras colecciones, la primera planta la obtenemos muchas veces por intercambio entre los propios jardines botánicos, que constituimos una red a nivel mundial y dentro de la que aúna los de España, Portugal y Gibraltar -que precisamente esta tarde (por ayer) tendremos al presidente, Jaimen Guemes-. Se trata de una red que a su vez está federada en los jardines botánicos de Europa y a nivel mundial, lo que permite el intercambio de semillas de los lugares más recónditos del planeta. También nuestras semillas viajan y con ellas el nombre del Ayuntamiento de Ibi, de la Universidad de Alicante y de toda la provincia.

En cierto modo, modestamente, nos convertimos en embajadores en lugares que a veces hay que localizar en el mapa, como la República de Kirguistán. Prácticamente todos los Estados, por muy pequeños que sean, tienen jardines botánicos y el culto a las plantas es algo universal. Este intercambio es fecundo porque pone a disposición, no sólo de los aficionados, sino del público en general, una flora que se puede disfrutar y facilita el entendimiento de muchos procesos biológicos. Así se va creando un espacio público de aprendizaje, conservación, concienciación sobre el cambio climático y disfrute de la naturaleza.

¿Con qué dificultades se topa el Jardín Botánico de Torretes para crecer?

Es un trabajo lento, porque en otras épocas se hicieron obras en jardines botánicos que ahora serían difíciles de presupuestar. Precisamente eso es lo que nos hizo ubicar este año esta jornada sobre el Jardín Botánico de Torretes, pero también en conmemoración del primer Jardín Botánico de Alicante que, por desgracia, se perdió, que se hizo hace 200 años. Estaba por la zona de San Blas, aunque se desconoce la ubicación exacta. Tenía derechos de riego de una fuente que manaba del Castillo de San Fernando y la finca se compró por esa zona. Pero sólo se conserva un plano, que eestá en el Archivo de Simancas, y ha quedado un grabado en un libro que se publicó en Alicante, que muestra la fachada de la entrada. No ha quedado más rastro que ése.

Sólo hay que imaginarse, como pasa con el Real Jardín Botánico de Madrid o con los más antiguos de España como el del Valencia, si Alicante hubiera sido capaz de mantenerlo, tendríamos un patrimonio impresionante. Aquella oportunidad se perdió y nosotros, desde la falda sur del Parque Natural de la Font Roja, en un terreno del Ayuntamiento de Ibi que está cedido a la Universidad de Alicante, intentamos relanzar ese proyecto.

Rosa de los vientos en el Jardín Botánico de Torretes

¿Cuándo se creó el Jardín Botánico de Torretes?

Como Jardín Botánico existe desde el año 2012 y como Estación Biológica desde 2003. Para poder acceder a la asociación de jardines botánicos hay que cumplir unos mínimos estándares de calidad científica, conservación de la flora en peligro, adaptaciones didácticas, poner a disposición del público el nombre de las plantas a través de una cartelería específica… en fin una serie de parámetros hasta que los cumplimos.

Ahora mismo el espacio está infrautilizado. Es cierto que los proyectos necesitan “hacerse mayores” y un desarrollo, pero considero que en la actualidad la madurez desde el punto de vista científico que aporta la Universidad de Alicante y la perseverancia por parte del Ayuntamiento de Ibi es un buen momento para replantearse el proyecto y darle una dimensión más amplia, que se difunda de una manera más directa a todos los habitantes de la provincia y de provincias limítrofes.

Los colegios son uno de nuestros visitantes más habituales y dentro de las universidades alicantinas, la UA y la Miguel Hernández, aunque también de Murcia tenemos más de 600 personas que realizan visitas que suponen realmente prácticas de aprendizaje.

El corazón de Torretes es la colección de plantas medicinales. Y tiene mucho interés, tanto para agrónomos como para farmacéuticos y médicos, porque el origen de la medicina fueron precisamente estas colecciones de plantas medicinales. Estos uertos o jardines en la Edad Media se llamaban “de simples” porque los medicamentos se podían hacer con una sola planta o con varias. Cuando se hacían con una sola se denominaban “simples” y cuando se elaboraban con varias se llamaban “compuestos”. Son términos que todavía usamos, aunque nos olvidamos de su origen.

En Torretes intentamos unir la cultura con cada uno de los espacios que desarrollamos en el jardín botánico y cada uno tiene un padrino, que muchas veces es un personaje olvidado. La patrona del Huerto de Simples es Santa Hildegarda, que fue una monja alemana que tenía un conocimiento filosófico y científico muy elevado. Fue una de las personalidades que más desarrolló la medicina medieval en centroeuropa. Y muchos de los personajes que veneramos, incluso en nuestra universidad, como San Alberto Magno, de alguna forma fue discípulo de ella. Frente a esta tendencia que tiene el mundo occidental de ocultar a las mujeres, nosotros hacemos todo lo contrario. Rescatamos a estos personajes y les damos visibilidad a través de una biografía que explicamos en unos carteles y poniendo sus nombres a espacios del jardín.

Tenemos un rincón dedicado a Trótula de Salerno, que todo indica que fue la primera ginecóloga de la historia entre el siglo X y XI. Y así vamos uniendo la cultura y las plantas, construyendo un espacio ameno, didáctico y con una misión de conservación importante.

La falta de respeto a la naturaleza que en ocasiones se observa, ¿se debe a una falta de empatía hacia las plantas y los árboles por desconocimiento?

Creo que hay una desafección con la naturaleza. El medio urbano te va alejando de la realidad. Lo que importa en la naturaleza no es que no la utilicemos en ningún caso, sino que haya un equilibrio, lo que implica respeto. No todos los árboles puedes sobrevivir, porque muchos de ellos los necesitamos para utilizarlos, pero siempre que haya un equlibrio entre los que mantenemos y los que usamos. Necesitamos una masa forestal, así como espacios verdes en el medio urbano que pueden cumplir una función didáctica importante.

Cultivar pequeñas plantas en casa o en el colegio también ayuda. Pero tampoco conviene lanzar la idea de las plantaciones masivas para tranquiliar nuestras conciencias. Lo digo porque muchas veces, con nuestra buena voluntad de querer aportar nuestro granito de arena, si no estamos bien dirigidos por personas que conozcan el tema, en ocasiones se hacen plantaciones con especies que no son adecuadas y en otras se realizan en épocas menos apropiadas todavía. Para que una plantación tenga éxito en nuestro medio se tiene que hacer ahora, entre el otoño y el invierno y casi la entrada de la primavera, tanto de árboles como de arbustos. Pero como nuestros presupuestos de aprueban tan tarde y las movilizacioes de la gente cuestan trabajo, casi todo se planeta en el mes de junio, justo en el peor momento.

Lo que hay que hacer es encauzar correctamente ese caudal humano que podemos conseguir con la educación y la concienciación social, pero hacia lo que puede ser positivo. Los árboles merecen todo el culto posible. Un árbol añejo en sí mismo ya es un monumento vivo; eso no es discutible. Soy hijo de agricultores y mi padre me decía que un árbol criado no se toca, es sagrado; aunque los arbustos también tienen un papel ecológico importante.

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