Revista Casa Mediterráneo

Silvia Ros: “A Clara Campoamor no se le ha reconocido el mérito que merece”

en marzo 8, 2021

El 1 de octubre de 1931 en España se produjo un hito en la lucha por la igualdad de género: la aprobación del sufragio femenino durante la Segunda República. Este año se cumple el 90 aniversario de aquel acontecimiento histórico en el que Clara Campoamor desempeñó un papel crucial. En homenaje a su figura y coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo a las 19 h. Casa Mediterráneo en colaboración con la Subdelegación del Gobierno en Alicante emitirá a través de su página web la obra de teatro Cuando las mujeres no podían votar’, una comedia de Alberto Miralles llevada a escena por la compañía Los Teatrables. El espectáculo recrea con ingenioso sentido del humor la mentalidad de la época y rescata a figuras tan relevantes en la lucha por la igualdad como Clara Campoamor, Victoria Kent o Concepción Arenal.

La obra, dirigida por Dani Gueza, está interpretada por Silvia Ros, Inma Cuchillo, Bea Macià, Irene Del Sacramento, Irene Santos y José Ramón López. Tal como señala su director, desde la compañía “intentamos aportar nuestro granito de arena para concienciar a la sociedad de que hay que luchar desde todos los frentes posibles para conseguir la igualdad real entre hombres y mujeres”. El ilicitano Alberto Miralles, autor de la obra, fue uno de los nombres imprescindibles del teatro independiente español de los años 60, cuya dramaturgia destacó por la innovación y la crítica social. Su producción teatral obtuvo numerosos reconocimientos. ’Cuando las mujeres no podían votar’ fue finalista del Premio Nacional de Literatura Dramática en el año 2001.

Con el propósito de conocer los entresijos del espectáculo, mantuvimos una entrevista con una de sus actrices protagonistas, Silvia Ros.

¿De qué trata la obra ‘Cuando las mujeres no podían votar’ y cuál es el mensaje que pretende transmitir a los espectadores?

La obra lo que refleja es el enfrentamiento de unas mujeres sufragistas de clase social alta a las ideas socialdemócratas de la época. La acción transcurre en el año 1931 en España. Las protagonistas son cuatro mujeres que están ensayando la obra ‘La fierecilla domada’ de Shakespeare antes de celebrar un mitin que han convocado para luchar por el sufragio femenino, el derecho al voto de las mujeres. Pero estas señoras se olvidan del matiz de las clases. Por ello, aparecen en escena los personajes de Carlos, el chófer, y Mariana, la criada, dos socialdemócratas que luchan por los derechos de la clase obrera para que la causa feminista no los deje aparte.

Elenco de actores de la obra ‘Cuando las mujeres no podían votar’, de la compañía Los Teatrables.

La obra aporta mucho sobre la historia de España y ese momento político de la II República. Lo interesante del texto es que defiende los derechos de la mujer, al tiempo que ridiculiza a sus cuatro protagonistas. Y conquista el objetivo que pretende el autor: la defensa de los derechos femeninos y de la igualdad de todo ser humano.

¿Qué aspectos de las mujeres protagonistas se ridiculizan?

Estas mujeres, como te he dicho, son de clase alta y clasistas, y el autor hace una parodia de ellas. Dos de ellas son unas insatisfechas sexualmente y odian a los hombres, otra está obsesionada con el radicalismo lingüístico y se empeña en cambiar el género de las palabras. Por ejemplo, esgrime que si la “guerra” es algo malo, ¿por qué termina en “a”? Entonces la cambia por “guerro”. Y se pasa toda la obra modificando el género de las palabras. El autor ridiculiza a estas mujeres de clase alta que no tienen ningún tipo de problemas económicos.

La obra gira en torno al mitin organizado por estas señoras, que el chófer y la criada intentan boicotear para apoderarse de él, aprovechando la previsible afluencia de gran número de periodistas y personas de toda condición, con el fin de que escuchen sus reivindicaciones sociales de derechos humanos para todos.

¿Qué figuras relevantes en la lucha por la igualdad de género son mencionadas en la obra?

Nombra a diversas mujeres importantes de la época. Hace muchas referencias a Clara Campoamor, Victoria Kent, Concepción Arenal… El discurso de Clara Campoamor está representado en la proclama de la que al final se apodera la sirvienta. Las protagonistas siempre están hablando del derecho de la mujer al sufragio, pero en realidad se refieren sólo a las de clase alta, olvidándose de las de clase obrera. Hay una posición clasista muy importante, que además existía en esa época. Las mujeres estaban muy condicionadas por la sociedad, por la educación y la cultura de aquel tiempo.

Clara Campoamor

Al final un hombre y una mujer son los que se alían para lanzar un manifiesto a favor del sufragio femenino, pero sin distinciones de clase, totalmente unido a los derechos de los trabajadores. Por eso se cita también a August Bebel, un destacado dirigente socialdemócrata alemán.

Clara no estuvo nunca condicionada por intereses políticos. Tenía tan claro que sus reivindicaciones eran justas que, como afirmaba en su discurso, llegaría a defenderlas hasta la muerte.

¿Qué ha descubierto usted de la figura de Clara Campoamor? ¿Considera que en España ha tenido el suficiente reconocimiento?

Clara Campoamor no nos suena tanto como debería. Socialmente no se le ha otorgado el mérito que merece. La primera vez que me leí el discurso de Clara Campoamor [pronunciado en las Cortes de Madrid el 1 de octubre de 1931] me emocionó. En esa época ya hablaba de intereses políticos. En aquel momento eran tres las diputadas que había en las Cortes, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, y sólo votaron las dos primeras en la propuesta sobre el sufragio femenino. ¿Quién votó en contra entonces? En esos tiempos había mucho miedo a que las mujeres votaran por si apoyaban la vuelta a la monarquía. Entonces Clara Campoamor empezó su discurso diciendo que lejos de censurar a su compañera, de la que pensaba que estaría sufriendo una tortura espiritual al verse obligada a negarles el voto a las mujeres, consideraba que ésta había estado coaccionada por los intereses políticos para votar en contra. Al final ganamos por 161 votos a favor.

Por todo su legado, considero que no se le ha hecho justicia a Clara Campoamor. Con tan solo diez años de edad, a la muerte de su padre se vio obligada a abandonar sus primeros estudios para contribuir a la economía familiar trabajando en el taller de costura de su madre. Era muy inteligente porque mientras trabajaba, se preparó varias oposiciones y las ganó. Cuando estaba trabajando en un periódico de Madrid empezó a interesarse por la política, llegando a ser diputada [entonces el sufragio era pasivo, las mujeres sólo podían ser candidatas, pero no votantes]. Clara no estuvo nunca condicionada por intereses políticos. Tenía tan claro que sus reivindicaciones eran justas que, como afirmaba en su discurso, llegaría a defenderlas hasta la muerte.

¿Cuál fue el precio que tuvo que pagar por defender sus principios hasta las últimas consecuencias?

Clara Campoamor, al estallar la Guerra Civil, tuvo que exiliarse. Y cuando quiso regresar a España a finales de los años 40 tuvo que desistir al conocer la noticia de que estaba procesada por su supuesta pertenencia a una logia masónica. Murió fuera de España. Sólo ejerció como diputada entre 1931 y 1933, ya que no logró renovar su escaño en las siguientes elecciones. El precio que pagó fue muy alto: abandonar España definitivamente después de haber luchado tanto por su país y por los derechos humanos.

En su discurso en las Cortes defendió la absoluta capacidad intelectual de las mujeres, que en esa época estudiaban en la universidad. Ante algo tan evidente, ¿cómo se les iba a negar el voto? A mí lo que más me llamó la atención fue que afirmaba que todos los seres somos el fruto de dos sexos y si los hombres sostienen que la mujer es incapaz, reconocen su propia parte de incapacidad. “Nosotras queremos votar con nuestra mitad masculina”, llegó a decir.

El espectáculo aborda temas serios desde la comedia. ¿A través del humor es más fácil llegar al público?

La actriz Silvia Ros

Totalmente. En el prólogo de ‘Ocho monólogos’ de Franca Rame y Darío Fo, se afirma, citando a Moliere: “Cuando vas al teatro y ves una tragedia, te involucras, participas, lloras, lloras, lloras y luego te vas a tu casa y dices: ¡qué bien he llorado hoy! Y duermes relajado. El discurso político ha pasado por ti como el agua sobre un cristal. Mientras que para reírse hace falta inteligencia, agudeza. ¡En la carcajada se le abre la boca, pero también el cerebro, y en el cerebro se te clavan los clavos de la razón!”

Estás más abierto a la información. Creo que aprendes cuando tienes una buena actitud. Considero que la risa es la mejor vía de comunicación que tenemos para llegar al otro. Hay dramas con los que también llegas al público, pero la mejor forma de transmitir temas tan delicados como éste es a través del humor.

A pesar de todos los avances alcanzados desde los tiempos de la II República, ¿qué espacios considera que todavía les quedan a las mujeres por conquistar?

La lucha feminista sigue siendo aún muy importante. Aunque gocemos de los mismos derechos creo que todavía es necesario que tanto hombres como mujeres asimilen que todos somos iguales. Mucha gente desconoce el significado de la palabra feminismo, no llega a entenderlo por falta de información en profundidad. Y hay matices invisibles. Por ejemplo, hoy por hoy en la mayoría de los casos la mujer dedica muchas más horas que el hombre a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos, tiene que demostrar mucho más su valía en el trabajo y apenas recibe ayudas en el mundo del deporte para poder dedicarse a él en exclusiva de manera profesional.

Legalmente hemos avanzado muchísimo, pero en el día a día de la sociedad todavía falta mucho para alcanzar una igualdad real. Y para ello tienen que implicarse tanto los hombres como las mujeres. Si hay una injusticia yo lucho por ella aunque no me afecte directamente, y con el tema de la igualdad de género debería ser igual, sin distinciones. Por eso me parece una injusticia el insuficiente reconocimiento que obtuvo Clara Campoamor, sobre todo debido a intereses políticos.

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